"El fútbol es la única religión que no tiene ateos", Eduardo Galeano
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martes, 10 de enero de 2023

Bora Milutinovic, el trotamundos de los banquillos que hizo milagros en cinco Mundiales con cinco selecciones distintas

“No sé si soy un trotamundos o no, pero sí es cierto que los serbios somos nómadas por naturaleza. Es bueno viajar y conocer mundo. Vivir una vida llena de aventuras”. Eso dice Bora Milutinovic, el entrenador que participó en cinco Copas del Mundo consecutivas con cinco selecciones diferentes de tres continentes distintos. ¡Ahí es nada! 

El trotamundos serbio, además, consiguió grandísimos resultados con selecciones como México, Costa Rica, Estados Unidos, Nigeria o China y ha dejado su huella imborrable en cada uno de los lugares en los que ha trabajado y, sobre todo, vivido.

La afición por recorrer mundo le llegó pronto, cuando aún era futbolista, un fino centrocampista de la prolífica escuela balcánica. Y es que el serbio abandonó Belgrado tras su paso por OFK (1959) y Partizán (1960-66) y se enroló en el Winterthur suizo (1967). 

Bora Milutinovic en el Partizán.

Después dio el salto a la liga francesa para defender los colores de Mónaco (1967-69), Niza (1969-71) y Rouen (1971-72) y acabó su peripecia vestido de corto en la liga mexicana, donde jugó en los Pumas de la UNAM de México (1972-76).

En los Pumas se retiró como jugador y dio el salto a los banquillos casi inmediatamente, de forma totalmente casual, cuando los directivos, que habían decidido darle pasaporte al técnico pese a ganar la liga de 1977, le hicieron una simple pregunta: “Bora, ¿nos ayudas mientras encontramos un entrenador?”. Y Bora dijo que sí, estrechó la mano del presidente y ocupó el cargo de forma interina, sin firmar un solo contrato. 

Así pasó siete años en los que ganó una Liga, una Copa de la Concacaf y una Copa Interamericana, además de hacer debutar a futbolistas que después serían tan importantes como Manuel Negrete, Hugo Sánchez o Lucho Flores (y también Miguel España, Raúl Servín, Rafael Amador y Félix Cruz) a los que haría debutar también unos años más tarde en un Mundial defiendo los colores del Tri.

Bora en Pumas junto a Castro y Coelho.

Y es que la grandísima experiencia de Bora como técnico en los Pumas le abrió de par en par las puertas de la selección mexicana. Fue entonces cuando la figura de este serbio universal se agigantó en la Copa del Mundo. 

Porque Milutinovic cogió las riendas del Tri en 1983 y debutó en un Mundial en México 86, comandado la selección anfitriona, que consiguió la mejor clasificación de su historia al alcanzar los cuartos de final de su propio torneo y cayendo en los penaltis ante una Alemania que, a la postre, llegaría a la final y caería ante la Argentina de Maradona y Bilardo.

México debutó con una victoria importantísima ante Bélgica (2-1) y refrendó su candidatura para estar en los octavos de final con un empate ante Paraguay (1-1), que había vencido a Irak por la mínima en el primer encuentro. Los belgas también derrotaron a los iraquíes en la segunda jornada por dos goles a uno y las espadas estaban en todo lo alto en la última fecha. México se jugaba el primer puesto del grupo y de la clasificación ante Irak, mientras que Bélgica y Paraguay se la jugaban entre ellos. 

Un día antes del encuentro nació Darinka, la primera hija de Bora Milutinovic, en un parto programado que el doctor propuso adelantar ante la inminencia del choque decisivo ante Irak. Bora aceptó el adelanto y el 10 de junio nació su hija y un día después el Tri vencía 1 a 0 a Irak y se metía en los octavos de final de su Mundial donde se enfrentaría a Bulgaria. 

Paraguay y Bélgica empataron a dos, así que a los belgas les tocó medirse a la URSS en el que se convertiría en uno de los encuentros más bonitos y emocionantes de la historia de la Copa del Mundo, mientras que los guaraníes se veían abocados a verse las caras con Inglaterra.

El 15 de junio de 1986, ante 114.600 espectadores que abarrotaban el estadio Azteca de Ciudad de México, el Tri de Bora Milutinovic se jugaba el pase a los cuartos de final ante Bulgaria. Y dos jugadores que había hecho debutar Bora en los Pumas hicieron los goles que desataron la euforia en todo el país. 

Negrete marcó de tijera ante Bulgaria.

Manuel Negrete hizo el primero en la recta final de la primera parte de un tremendo tijeretazo desde la frontal del área y el defensa Raúl Servín confirmó la victoria y el pase al cuarto de hora de la segunda mitad.

México se enfrentaría a Alemania Federal, la actual subcampeona del Mundo.

Los de Milutinovic se desplazaron a Monterrey para intentar sorprender al mundo el 21 de junio de 1986 en el estadio Universitario. Mexicanos y alemanes, bajo el calor sofocante de las cuatro de la tarde, jugaron una primera parte tensa y de pierna fuerte, con mucho juego en el centro del campo y pocos acercamientos a las porterías defendidas por Schumacher y Pablo Larios.

Pero en la segunda mitad los aztecas salieron a por el partido y metieron a Alemania en su área. El público de Monterrey empezó a animarse y pidió a gritos la entrada del “Abuelo” Cruz, el delantero de su equipo, los Rayados de Monterrey. Bora lo sacó cinco minutos después de la expulsión del alemán Berthold a los veinte minutos de la segunda mitad.

Nada más salir al terreno de juego el delantero local, el Tri tiene un saque de esquina a favor. En un primer rechace la pelota le queda botando a uno de los centrales mexicanos que remata con todas sus fuerzas y estampa el balón en el travesaño. El rebote lo pelean Hugo Sánchez y Raúl Servín con un defensa germano y el balón queda suelto en el área pequeña. Cruz, rápido y oportunista, controla de espaldas con el pecho, se gira y envía el balón a la media vuelta al fondo de las mallas germanas. 

El estadio se venía abajo, pero el colegiado de la contienda, el colombiano Jesús Díaz Palacio, anuló inmediatamente el tanto. Aún no se sabe si fue por fuera de juego de algún atacante, por falta previa en la disputa de Servín o por qué extraña y metafísica razón más. 

El Abuelo Cruz marca ante Alemania, pero no vale.

El caso es que los alemanes sacaron rápido y no dejaron tiempo a los aztecas ni a protestar con energía. Las estrellas de la camiseta pesan mucho.

Al final, el partido se fue a la prórroga y en el tiempo extra fue expulsado el delantero mexicano Javier Aguirre tras una entrada sobre Lothar Matthäus, lo que equilibró las fuerzas de dos selecciones totalmente fundidas. El semifinalista se habría de decidir en los penaltis. 

Y ahí también pesó la camiseta, el carácter y la personalidad. 

Klaus Allofs metió el primero para los teutones y Negrete anotó el primero del Tri, pero a partir de ese instante los alemanes los metieron todos y los mexicanos no anotaron ni un solo disparo más. 

Marcó Brehme. 
Falló Quirarte. 
Marcó Matthäus. 
Falló Servín. 
Y marcó Littbarsky para clasificar a Alemania para las semifinales del Mundial de México. 

Los de Milutinovic cayeron con la cabeza alta y se marcharon entre aplausos de su público.

Los jugadores mexicanos, cabizbajos tras la derrota.

De hecho, desde ese partido de cuartos de final ante Alemania en México 86, el Tri nunca ha vuelto a llegar al quinto partido. Han pasado nada más y nada menos que 36 años y 9 Mundiales y habrán de esperar al menos 4 años más para intentar alejar esa funesta maldición en la Copa del Mundo que se disputará en Canadá, Estados Unidos y el mismo México en 2026.

***

Cuatro años más tarde, en 1990, el correcaminos serbio, tras un breve paso por clubes como el San Lorenzo de Almagro argentino, el Udinese italiano o Veracruz y los Tecos de la UAG en México, repitió en la Copa del Mundo, pero esta vez entrenando a la sorprendente Costa Rica. 

Los ticos se habían clasificado por primera vez en su historia para un Mundial de la mano de Marvin Rodríguez, pero los directivos de la Federación de Costa Rica pensaron que debían contar con un seleccionador contrastado para encarar la cita con garantías y hacer un buen papel y fueron directamente a por el serbio. 

Faltaban tan sólo 70 días para el debut, pero no se equivocaron, porque Bora Milutinovic consiguió que Costa Rica superara contra todo pronóstico la fase de grupos de Italia 90 para caer en octavos de final ante una potente Checoslovaquia (4-1).

Nada más saber qué grupo le había tocado a Costa Rica y en qué ciudades jugarían, Bora se inventó una manera de llegar al público italiano para ganar aficionados neutrales. Convenció a la Federación costarricense de que diseñaran una segunda equipación a rayas blancas y negras verticales, los colores de la Juventus de Turín y, a la vez, los del Libertad, uno de los primeros equipos históricos de Costa Rica ya desaparecido. 

Los tifossi turineses, claro está, animaron a los costarricenses ante Brasil en el segundo partido de su grupo disputado en Turín (los ticos habían debutado con su primera equipación derrotando a Escocia por un gol a cero en una victoria que sorprendió a todo el mundo del fútbol). 

Costa Rica vistió los colores de la Juve en el Mundial de Italia 90.

Costa Rica cayó ante Brasil por uno gol a cero, pero los ticos mantuvieron ese uniforme blanco y negro para el partido decisivo ante Suecia, a la que doblegaron con tantos de Flores y Medford en la recta final del encuentro para remontar el gol de Ekström en la primera parte (2-1) y hacer historia en la Copa del Mundo clasificándose para los octavos de final en su debut.

En definitiva, firmó el serbio errante la mejor clasificación de Costa Rica en un Mundial, sólo superada 24 años más tarde, en Brasil 2014, cuando sustentados en las paradas de Keylor Navas lideraron el grupo de la muerte ante Uruguay, Italia e Inglaterra enviando a casa a las dos potencias europeas y salvaron el escollo de los octavos de final en los penaltis tras empatar a uno ante Grecia. Después, en cuartos, pese a resistir ante Holanda todo el partido y la prórroga, los lanzamientos desde los once metros dieron la clasificación para las semifinales a la Naranja Mecánica.

***

Tras el milagro costarricense en Italia 90, la Federación Estadounidense puso sus ojos en Milutinovic de cara al Mundial que organizaban en su país en 1994. Bueno, en realidad Henry Kissinger, un futbolero empedernido que fue el alma de la organización de ese Mundial, quería a Beckenbauer como entrenador del equipo norteamericano, pero el alemán, que acababa de proclamarse campeón del Mundo en Italia decidió seguir al mando de su selección y le recomendó a Kissinger la contratación de Milutinovic.

El americano le hizo caso al Káiser y para allá que se fue el serbio, a intentar que el país del fútbol americano se enamorara de su equipo de soccer. Y lo cierto es que Bora volvió a cumplir con las expectativas. 

Bora Milutinovic se puso al frente de la selección de soccer de EEUU. 

Primero ganó la Copa de Oro de la Concacaf de 1991 y después disputó casi un centenar de amistosos para preparar una cita mundialista a la que la selección anfitriona se presentaba con un equipo tierno, joven y con ganas de hacer historia en su tierra. De hecho, la selección de EEUU había ido a las Olimpiadas de Barcelona con jugadores como Cobi Jones, Alexi Lalas, Claudio Reyna, Burns o Joe Max-Moore y de todos ellos echó mano el serbio de los milagros para confeccionar un equipo joven, pero competitivo al que había que añadirle a los veteranos Tab Ramos, Eric Wynalda o el portero y capitán Tony Meola.

El caso de Lalas muestra a la perfección el carácter de Milutinovic. El entrenador quería que sus jugadores creyeran en sí mismos y en lo que hacían y, para ello, primero tenían que comprender la importancia de un torneo como la Copa del Mundo. Lalas había probado en el Arsenal londinense tras las Olimpiadas de Barcelona 92, pero el conjunto inglés consideró que aún estaba verde y no lo fichó. El roquero norteamericano regresó a su país sin equipo, pero Bora fue a buscarlo para invitarlo a las pruebas de selección para formar parte del combinado nacional. Lalas las superó. 

Al poco tiempo, un ayudante del serbio le dijo a Lalas que al técnico le encantaría que se cortara el pelo. El defensa se subió por las paredes, insultó al ayudante y le dijo que si Bora no sabía que en Estados Unidos había democracia y cada uno llevaba el pelo como le daba la gana. Cuando se le pasó el enfado, el defensa reflexionó y llegó a la conclusión que no se iba a perder el acontecimiento más importante del mundo y se cortó el pelo. Cuando Bora lo vio en la concentración con el pelo corto sonrió y lo saludó de lejos con la mano. 

Entonces Lalas lo entendió: al técnico le importaba muy poco el pelo y la barba de Alexi Lalas, tan sólo quería comprobar hasta dónde llegaba su sueño y su pasión por jugar el Mundial. Ni que decir tiene que el icónico defensa se dejó el pelo largo y la barba y con ellos disputó la Copa del Mundo de 1994 para convertirse en uno de los referentes de su equipo y del fútbol mundial.

Alexi Lalas en un partido del Mundial de EEUU 94.

En lo estrictamente deportivo, el sorteo había sido duro con los anfitriones, ya que los había emparejado con la Rumanía de Gica Hagi, la rocosa Suiza de Chapuisat, Alain Sutter o Ciriaco Sforza y la Colombia que entrenaba Maturana, con Valderrama, Asprilla y Rincón como estandartes, que venía de humillar a Argentina en el Monumental (0-5) y se presentaba como una de las candidatas a levantar la Copa del Mundo. Pero los de Milutinovic no tenían miedo a nadie y lo iban a demostrar partido a partido.

Los norteamericanos debutaron en Detroit ante Suiza y consiguieron contrarrestar el gol incial del suizo Bregy con un tanto de falta directa de Wynalda que supuso el primer punto de los anfitriones en el torneo. En el segundo encuentro, los pupilos de Milutinovic se jugaban la clasificación ante Colombia tras el sorprendente traspiés de los de Maturana en el primer partido ante Rumanía (1-3). 

En el Rose Bowl de Pasadena, Escobar marcó en propia puerta un gol que días más tarde le costaría la vida y Earny Stewart apuntilló a los colombianos con el segundo gol a los siete minutos de la segunda mitad. El gol del Tren Valencia sobre la hora no sirvió para nada. Estados Unidos estaba clasificado y Colombia, después de que Suiza humillara a Rumanía (4-1) estaba virtualmente eliminada.

En el encuentro que cerraba el grupo, Rumanía venció a Estados Unidos con un solitario tanto de Dan Petrescu y Colombia se despidió con una victoria sobre Suiza que no le sirvió para nada (2-0). Así las cosas, Rumanía, primera de grupo, se enfrentaría a Argentina en octavos de final; Suiza, segunda, se mediría a España; y a los anfitriones les tocaría desplazarse a San Francisco para enfrentarse a Brasil.

Y ese toro ya fue demasiado fiero para los pupilos de Milutinovic. Aún así, Meola, Reyna y compañía vendieron muy cara su eliminación y sólo una genialidad de Bebeto mediada la segunda parte envió a los yanquis definitivamente a casa. 

Bebeto marcó el gol de la victoria brasileña.

Los brasileños siguieron adelante hasta levantar la Copa del Mundo, pero lo cierto es que el entrenador milagro serbio volvía a sorprender al mundo con las prestaciones de una selección a la que nadie esperaba.

***

Y esos buenos resultados le llevaron de nuevo a su segunda casa, a México, que se había quedado a las puertas de los cuartos de final en EEUU 94 tras caer en los penaltis ante la Bulgaria de Stoichkov y quería presentarse en la Copa del Mundo de Francia 98 con opciones de volver a llegar al quinto partido, como en 1986. 

El serbio aceptó el reto de nuevo y empezó a cumplir con las expectativas generadas ganando la Copa de Oro de 1996, obteniendo el tercer puesto en la Copa América de 1997 a la que el Tri había sido invitado y metió con solvencia a los aztecas en la fase final de la Copa del Mundo. 

Pero a poco menos de un año del inicio del torneo, la Federación Mexicana lo destituyó y puso al frente del Tri a Manuel Lapuente. Al parecer, a los directivos aztecas no les acababa de gustar el estilo defensivo de Milutinovic, ya que creían que tenían futbolistas de calidad para jugar más al ataque y de manera más alegre. El serbio no dijo ni una palabra más alta que otra, hizo las maletas y se marchó lejos de nuevo.

Porque pese a todo, Bora Milutinovic estaría en Francia 98 en su cuarto Mundial. Porque Nigeria, una selección que había hecho un gran Mundial en EEUU 94 y que se había clasificado sin demasiados problemas para el de Francia, requirió de sus servicios cuando el técnico salió de México por la puerta de atrás. Y Milutinovic, claro está, decidió aceptar el reto de nuevo.

Bora se puso al frente de Nigeria en Francia 98.

En tierras francesas, los nigerianos cayeron en un grupo complicadísimo junto a España, Paraguay y Bulgaria, pero los chicos de Milutinovic dieron la sorpresa al derrotar a la España de Clemente en la primera jornada (3-2) y firmaron su pase con otro triunfo ante los díscolos búlgaros (1-0), lo cual les permitió reservar a sus mejores futbolistas en el último encuentro ante los guaraníes con la primera plaza del grupo asegurada. 

Nigeria cayó ante Paraguay (1-3) y convirtió en estéril la goleada de los de Javier Clemente ante Bulgaria (6-1). La Nigeria de Milutinovic, una vez más, jugaría los octavos de final de un Mundial, esta vez ante Dinamarca Paraguay se enfrentaría a Francia y españoles y búlgaros se marcharían a casa a las primeras de cambio.

Sin embargo, los nigerianos cayeron estrepitosamente ante la Dinamita Roja por 4 goles a 1 en un partido en el que estuvieron muy por debajo de su nivel habitual y no pudieron rubricar el gran Mundial que había apuntado en los dos primeros partidos. Una gran generación de futbolistas nigerianos se quedó sin brillar en el torneo tras un inicio realmente fulgurante que prometía un recorrido más largo. 

Pero así son las cosas... 
Y fútbol es fútbol, que diría Boskov.

***

A Milutinovic le tocó volver a cargar con todos sus bártulos. Esta vez decidió cambiar de continente y se marchó hasta China, para dirigir a una selección que nunca había participado en una Copa del Mundo en ese instante. Y el serbio errante amante de los milagros lo volvió a hacer. Clasificó a China para su primer Mundial. El primer Mundial del siglo XXI. El primer Mundial en suelo asiático. El primer y único Mundial que ha disputado China en toda su historia. El Mundial de Corea y Japón de 2002.

Bora, que a esas alturas se había sentado ya en los banquillos de cuatro de los cinco continentes, no sabía chino, pero eso no le impidió comunicarse de manera fluida con sus jóvenes futbolistas, porque, como siempre ha mantenido, “el idioma del fútbol es universal y yo siempre he tenido un don para comunicar mis ideas futbolísticas y mi pasión por este deporte y por la Copa del Mundo”.

Y sí que debieron entenderle porque, de repente, una selección talentosa pero indolente, poco sacrificada en lo colectivo y tendente al desprecio de la táctica, se convirtió en un equipo serio y temible capaz de ganar con solvencia su grupo de clasificación por delante de los Emiratos Árabes Unidos con unos datos demoledores: seis victorias, un empate y una derrota en el último encuentro con el equipo clasificado matemáticamente para el Mundial dos jornadas antes. 

Vamos, que la China de Bora entraba en su primer Mundial por la puerta grande.

Bora vivió su quinto Mundial en el banco de China. 

Pero en el torneo, China, con varios de sus mejores jugadores entre algodones, rindió por debajo de lo que se esperaba en el torneo y cayó en todos sus encuentros sin anotar un solo gol. Debutó ante Costa Rica con una dolorosa derrota (2-0) que socavó cualquier posibilidad de plantar cara en un grupo bastante complicado. 

Porque el siguiente rival era ni más ni menos que Brasil, que venció por 4 goles a 0 a los asiáticos. El partido que cerraba el grupo también lo perdieron los de Bora Milutinovic ante una Turquía superlativa (3-0) que se iba a convertir en la sorpresa del torneo alcanzando las semifinales.

Y ahí, tras su quinto Mundial con la quinta selección distinta, la estrella de Bora Milutinovic empezó a perder brillo poco a poco.

***

El magnífico entrenador serbio se marchó a Honduras, pero fue despedido en 2004 cuando ya tenía muy lejos la clasificación para el Mundial de Alemania 2006. Probó suerte también en Jamaica tras el Mundial, pero en la tierra de los velocistas tampoco fue capaz de implantar su método y se marchó en 2007. 

Finalmente, aterrizó en Irak en 2009 para disputar la Copa Confederaciones como campeón de Asia, pero cayó en la primera fase tras dos empates y una derrota. Aún así, disfrutó de la experiencia y siempre recuerda que tuvo la suerte de jugar contra España, campeona de Europa de 2008 y futura campeona del mundo en 2010, y plantarle cara pese a caer derrotada por un gol a cero.

Villa marca el gol de la victoria ante Irak.

Fue la última aventura en solitario del aventurero de los banquillos, que aún tuvo tiempo de sentarse junto a Radomir Antic en el Mundial de Sudáfrica 2010 ayudándole a dirigir por primera vez a la selección de su país. Ahora, quince años después, disfruta del fútbol desde la barrera tras ser historia viva en la Copa del Mundo. 

En Catar 2022 fue uno de los embajadores del torneo y comentó partidos de múltiples selecciones para un montón de televisiones distintas de medio mundo. Pidió paciencia para el Tata Martino en su difícil misión de conducir a su adorado México en el Mundial y disfrutó del fantástico torneo de Messi que le permitió saldar su deuda con la Copa del Mundo

Y es que cinco Mundiales con cinco selecciones distintas dan para mucho y encierran múltiples anécdotas, un aprendizaje brutal y un buen poso de sabiduría que ahora transmite en cada una de sus palabras. Pese a todo, nunca se dio ninguna importancia. 

De hecho, Bora resume casi toda su experiencia vital en una frase que va bastante más allá del fútbol y que lo relativiza todo: “Lo más importante es dejar algo de mí en cada uno de los sitios en los que estado”. 

Parece claro que lo ha conseguido con creces.

lunes, 17 de octubre de 2022

Las sorpresas (y los atracos) del Mundial de Corea y Japón en 2002

El Mundial de Corea del Sur y Japón en 2002 fue el primer torneo del siglo XXI, el primero que se disputó en tierras asiáticas y, por tanto, también el primero que no se jugó ni en Europa ni en América. Además, fue la primera Copa del Mundo que organizaron dos países de forma conjunta. Pero, ante todo, el Mundial de 2002 fue el de las sorpresas (...y el de los atracos).

Senegal, que jugaba por primera vez en su historia la fase final de una Copa del Mundo, se metió en los cuartos de final. Turquía, cuya única participación en un Mundial se remontaba a Suiza 54, llegó a las semifinales, como una de las dos anfitrionas, Corea del Sur, aunque de distinta manera. La otra anfitriona, Japón, se quedó en octavos de final.

Por el camino, naturalmente, se fueron cayendo muchas de las selecciones favoritas. Unas antes y otras después. Unas más sorprendentemente que otras. Pero las grandes potencias futbolísticas lo pasaron francamente mal en tierras asiáticas. 

Excepto Brasil y Alemania, claro, que pescaron en río revuelto y, en medio de tanta sorpresa, cumplieron con los pronósticos y disputaron la final en Yokohama, aunque, curiosamente, nunca antes se habían enfrentado en una Copa del Mundo.

Ver para creer. 

Ronaldo consuela a Oliver Kahn tras la final disputada en Yokohama.

***

Las sorpresas empezaron pronto. Justo en el partido inaugural, el 31 de mayo de 2002, cuando Francia, defensora del título obtenido en 1998 y actual campeona de Europa, caía increíblemente ante la debutante Senegal. A los de Roger Lemerre les sorprendió el tanto de Papa Bouba Diop a los 30 minutos y, pese a su dominio territorial, no fueron capaces de crear el peligro suficiente como para remontar el choque. Al final, 1 a 0 para los africanos debutantes y la Copa del Mundo cuesta arriba para los galos, que habrían de enfrentarse a daneses y uruguayos, sobre el papel, rivales de más enjundia que los senegaleses. 

De hecho, al día siguiente, Dinamarca vencía a Uruguay por dos goles a uno y convertía el partido entre la Garra Charrúa y los galos en una auténtica final anticipada. La maldición del campeón en su máxima expresión.

La segunda gran sorpresa de esta primera jornada llegó seis días más tarde. El 5 de junio de 2002, la Portugal de la Generación de Oro debutaba en el Mundial ante Estados Unidos, en un encuentro que se presumía plácido para los lusos, pero que acabó convirtiéndose pronto en un auténtico drama. 

Y es que a los 36 minutos de partido la selección de las barras y estrellas ya ganaba por 3 a 0 con Portugal absolutamente dormida. Al borde del descanso, Beto acortó distancias para dejar abierta la puerta a la esperanza en la segunda parte, pero no hubo remontada. Jeff Agoos marcó en propia puerta y el choque acabó 3 a 2 para Estados Unidos. 

A los portugueses se les complicaba el Mundial con el que tanto habían soñado después de 16 años de ausencias.

En la segunda jornada Francia confirmó que no éste no iba a ser su Mundial con un empate a cero ante Uruguay que dejaba a las dos selecciones al borde la eliminación tras el empate entre daneses y senegaleses (1-1). 

Se confirmaría en el último encuentro de la fase de grupos, cuando los de Lemerre cayeron por dos goles a cero ante Dinamarca y se despidieron del Mundial sin ganar un solo partido y sin anotar un solo gol, siendo el peor defensor del título de la historia de la Copa del Mundo. 

Dinamarca celebra un gol ante Francia.

Uruguay también volvió a casa, pero lo hizo como suele, con la garra por delante, tras remontar un 3 a 0 al descanso para acabar empatando ante la sorprendente Senegal, que acompañaría a Dinamarca en los octavos de final.

La que se asomó al precipicio en esta segunda jornada de la fase de grupos fue la Argentina de Marcelo Bielsa. La albiceleste había debutado con un sufrido triunfo ante Nigeria (1-0) que podía valer su peso en oro en un grupo muy complicado con Inglaterra y Suecia. De hecho, suecos e ingleses habían empatado en el debut. Pero Argentina cayó ante Inglaterra con un gol de penalti que marcó Beckham y llegó a la última jornada con la obligación de ganar ante Suecia para seguir adelante. 

Sólo fue capaz de empatar con un gol de Hernán Crespo casi sobre la hora (1-1) por lo que Suecia e Inglaterra (que cerró el grupo empatando sin goles ante Nigeria) seguirían adelante y Argentina, con un auténtico equipazo, se iba a casa en la primera fase para consumar uno de los fracasos más sonados de su historia en la Copa del Mundo, al nivel del desastre de Suecia 1958.

Argentina llora su eliminación en el Mundial 2002.

Y como no hay dos sin tres, a las eliminaciones de Francia y Argentina en la primera fase se sumó definitivamente la de Portugal. Los lusos cogieron aire venciendo con rotundidad a Polonia por 4 a cero en la segunda jornada, por lo que afrontaban el último partido del grupo con las posibilidades intactas de pasar de ronda. 

Pero, ojo, que el rival era la Corea del Sur de Guus Hiddink, que se presentaba como líder del grupo tras haber vencido a Polonia (2-0) en la primera jornada y haber empatado ante Estados Unidos en la segunda (1-1).

Pero en el encuentro pasaron cosas rarísimas. Primero, que Polonia le hizo dos goles en los primeros cinco minutos a Estados Unidos en el otro partido y eso clasificaba a Corea del Sur y a Portugal empatando su encuentro. Pero, además, Corea del Sur sería primera de grupo y se las vería con Italia en octavos, mientras que Portugal sería segunda y se enfrentaría a México. Así que, aquí paz y después gloria. Virgencita que me quede como estoy. Y no se jugó a nada durante un buen rato.

Aún así, portugueses y surcoreanos parecían revolucionados y en menos de seis minutos los anfitriones ya habían marcado el terreno con alguna que otra patada que calentó a los portugueses. Beto fue el primero en encenderse. Primero soltó una patada a destiempo en la que el colegiado le perdonó la amarilla, pero enseguida soltó otra vez la pierna y se llevó la amonestación. Habían pasado sólo 22 minutos de encuentro. 

Dos minutos más tarde, a Joao Pinto se le cruzaron los cables y realizó una entrada terrorífica con tijera incluida a la rodilla de un futbolista surcoreano que no venía a cuento. El colegiado argentino Ángel Sánchez lo envió a la caseta y el luso le golpeó en los riñones en una acción que después le costaría seis meses de sanción. Pero ahora, en este instante, lo que acarreaba era que los lusos se quedaban con diez con todo el partido por jugarse.

En la segunda parte, y con los polacos venciendo ya por 3 a 0 a los yanquis, en el Incheon Stadium seguía sin jugarse a nada, aunque los acercamientos surcoreanos eran cada vez más frecuentes. Hasta que Beto culminó su particular locura con otra patada al extremo surcoreano en una acción sin peligro para los suyos que le costó la segunda amarilla. Quedaba media segunda parte y Portugal jugaría con nueve jugadores. 

Joao Pinto dejó a Portugal con nueve jugadores.

Y, claro, ahí a los surcoreanos ya no les quedó más remedio que acabar con la pantomima y atacar. Y el joven Park Ji Sung aprovechó para batir a Baia en una acción preciosa. Controló con el pecho un centro desde la izquierda, la bajó, se la cambió de pie para eludir la entrada de un precipitado Conciençao y remató entre las piernas del portero portugués. Quedaban veinte minutos de encuentro y ahora las cuentas eran otras. Portugal necesitaba empatar para clasificarse. Pero no lo consiguió, pese a que Conciençao estrelló un remate en el palo a falta de dos minutos para el fial, y le tocó hacer las maletas de la peor manera posible.

Corea del Sur fue primera de grupo y jugaría los octavos ante Italia y a Estados Unidos, que había tirado sus opciones por la borda tras el tropezón ante una Polonia eliminada (3-1), se le apareció la Virgen y jugaría los octavos de final. Su rival: los vecinos mexicanos. Desde su victoria en Belo Horizonte ante Inglaterra en 1950 los norteamericanos no habían tenido una alegría semejante en el Mundial.

***

En los octavos de final llegaron más sorpresas. La primera volvió a protagonizarla Senegal el 16 de junio ante Suecia. Los suecos se habían adelantado en el marcador con un tanto de Larsson a los 11 minutos de encuentro, pero Henri Camara empató a falta de menos de diez minutos para el descanso. En la segunda parte nadie fue capaz de marcar y el choque se marchó a la prórroga. Y en el tiempo extra volvió a aparecer Camara para hacer el segundo tanto, el gol de oro que enviaba a los suecos a casa. Senegal, en su primera participación en una Copa del Mundo, se metía en los cuartos de final del torneo. Increíble, pero cierto.

Al día siguiente, la otra sorpresa la dio Estados Unidos, que se cargó a sus vecinos mexicanos para seguir acentuando la maldición del quinto partido para el Tri. Los de las barras y estrellas vencieron con los tantos de McBride, a los ocho minutos de encuentro, y de Donovan mediada la segunda mitad y alcanzaron la mejor clasificación de su historia en una Copa del Mundo al acceder por primera vez a los cuartos de final del torneo. 

Donovan dio la puntilla al Tri en los octavos de final.

Allí les cerraría el paso la Alemania más efectiva con un gol de Ballack. Los germanos iban pasando rondas con la ley del mínimo esfuerzo tras vencer a Paraguay en octavos con un gol de Neuville a falta de dos minutos para el final del choque. Fiabilidad alemana en estado puro.

Y un día más tarde, el 18 de junio de 2002, el sorpresón. Corea del Sur eliminó a Italia en un partido que pasará a los anales de la historia de la Copa del Mundo por la lamentable actuación del colegiado ecuatoriano Byron Moreno y sus dos linieres, el argentino Jorge Rattalino y el húngaro Ferenc Szekely. 

Ya a los 4 minutos de encuentro, pitó un penalti a favor de los surcoreanos que protestó toda la azzurra, que no se lo podía creer, aunque lo cierto es que Coco agarró de la camiseta al atacante y lo empujó. Seguramente no tanto como para que el atacante rodara por el suelo, pero ese penalti lo podía pitar sin problemas el ecuatoriano. Lo lanzó Ji-Sung Park, pero respondió Buffon con una gran parada abajo, al palo derecho de su portería. 

El caso es que Italia se repuso, buscó la portería asiática y marcó relativamente pronto, en el minuto 18, merced a un tanto de Vieri de cabeza a la salida de un córner que parecía poner la clasificación en bandeja al cuadro de Giovanni Trapattoni. 

Pero el partido dio muchísimo más de sí.

De entrada, casi todas las faltas pitadas eran en contra de Italia. Las tarjetas, también se las llevaban los italianos. Los surcoreanos iban con todo, pero el colegiado dejaba seguir ante la indignación creciente de los jugadores transalpinos. A los cuatro minutos de la segunda mitad, Kim Tae-Young le propinó un codazo a Del Piero que parecía una roja clara. El surcoreano, de todas formas, ya tenía una tarjeta amarilla. La cosa se quedó en falta. 

En el minuto 27, Zambrotta salió por su banda con el balón controlado cuando recibió una entrada descomunal con los tacos por delante que le golpeó en la cadera. El italiano se marchó lesionado mientras el infractor no vio ni siquiera la amarilla. 

Como cuando en el minuto noventa Maldini recibió una patada en la cabeza que el colegiado ni pitó. 

En esas, con los italianos desquiciados, había empatado Corea del Sur a falta de dos minutos con un gol de Seol Hi Hyeon que mandaba el partido a la prórroga. El error descomunal de Panucci en el despeje, dejando el balón muerto dentro del área, lo aprovechó el delantero asiático sin rechistar.

En el tiempo extra, con la amenaza del gol de oro pendiendo sobre las cabezas de las dos selecciones, el festival arbitral subió de nivel. 


Byron Moreno muestra la segunda amarilla a Totti por simular.

A puntito de acabar la primera parte de la prórroga Totti se interna en el área con el balón controlado y es trabado y derribado clarísimamente por un defensor surcoreano. El penalti es clarísimo. De poner en las escuelas para enseñar lo que es un penalti. 

Byron Moreno echa mano del silbato y pita falta a favor de Corea del Sur por simulación del delantero y le muestra la segunda amarilla al transalpino. 

Los italianos no dan crédito. 
Trapattoni echa fuego por la boca en el banquillo. 
Pero el partido sigue.

Y a falta de pocos minutos para el final, Tomassi recibe al borde del área totalmente solo, dispuesto a encarar al portero anfitrión. De hecho, el italiano acaba la jugada anotando un gol, pero el colegiado ya había pitado fuera de juego. La desesperación en el banquillo italiano estaba desbordada, pero aún quedaba el cierre de fiesta. 

Un centro al corazón del área italiana lo remató arriba, adelantándose a Maldini, Ahn Jung Hwan, que puso el balón lejos del alcance de Buffon para anotar el gol de oro que daba el pase a Corea del Sur a los cuartos de final del torneo.

El cabezazo de Ahn Jung Hwan que eliminó a Italia.

La frustración italiana no tenía límites, pero la azzurra tenía que hacer las maletas.

***

Cuatro días más tarde, el 22 de junio de 2002, en Gwanju y con el arbitraje del egipcio Gamal Elghandour asistido por Ali Tomusange y Michael Ragoonath, sería España la que se sentiría estafada y atracada. Los de Camacho habían superado a Irlanda en octavos de final con muchísimo sufrimiento, tras empatar a uno y clasificándose en la tanda de penaltis. Pero en cuartos se estaban merendando a los surcoreanos, quizá conscientes de la oportunidad histórica que se les había presentado de meterse en las semifinales de una Copa del Mundo.

Al igual que ante Italia, la fogosidad de Corea del Sur en defensa y su fuerza física metieron en problemas a España en los primeros veinte minutos de juego, pero a medida que las pulsaciones fueron bajando, los españoles empezaron a controlar el juego y a generar ocasiones, hasta el punto de atosigar a los anfitriones en la recta final de la primera mitad. Con todo, la agresividad de los de Hiddink iba en aumento a medida que se incrementaba la permisividad del colegiado, entre las protestas constates de los jugadores españoles, que no entendían cómo era posible un doble resero tan claro a la hora de pitar las faltas de unos y otros.

Al poco de iniciarse la segunda parte llegó una de las primeras jugadas clave. A la salida de una falta, Rubén Baraja metió la cabeza adelantándose a su par para hacer el primer gol del partido, pero el colegiado lo anuló por falta en ataque de otro jugador, Iván Helguera, que ni siquiera pudo saltar porque estaba agarrado por un defensor surcoreano. Los jugadores de La Furia empezaban a entender las manifestaciones de Totti o Buffon, quienes habían gritado a los cuatro vientos que los ibéricos debían temer más al árbitro que a los surcoreanos.

El marcador no se movió y el partido se fue a la prórroga donde, como en todo el torneo, regía el gol de oro. Fue entonces cuando las decisiones de Elghandour se precipitaron.

Primero anuló un gol de Morientes que daba el pase a España a las semifinales por considerar que Joaquín había sacado el centro demasiado tarde, cuando el esférico había traspasado la línea de fondo. Esa pelota no salió jamás. 

Después, el propio Morientes estrelló otro cabezazo en el palo antes de que el trencilla parara tres ataques de España por fueras de juego inexistentes. En dos de ellos los jugadores de Camacho se plantaban solos ante el guardameta asiático. 

Para rematar la faena, ya en tiempo de descuento, el auténtico protagonista del partido no dejó sacar un córner a los españoles y dio por acabado el encuentro. 

Los penaltis decidirían el semifinalista. 

Los penaltis decidieron que Corea del Sur pasara a las semifinales.

Y decidieron que pasaba Corea del Sur, que anotó todos sus lanzamientos entre la euforia del público local, mientras Joaquín maldecía su error tras ser uno de los mejores futbolistas del partido.

Y así fue como Corea del Sur eliminó a Italia y España para conseguir la mejor clasificación de su historia mundialista. Porque en la semifinal no pudo con una Alemania que no dejó resquicio alguno a otro hipotético arbitraje lamentable y ganó con un solitario gol de Michael Ballack, tal como habían hecho los alemanes desde que empezaron los cruces: 1 a 0 y a otra cosa.

***

Mientras Corea del Sur iba avanzando rondas en la Copa del Mundo, la otra anfitriona, Japón, no pudo vencer a la sorprendente Turquía en octavos de final. Los otomanos se impusieron con un gol de Umit Dabala a la salida de un córner que los citó con la otra gran sorpresa del Mundial, Senegal, en unos cuartos de final históricos por los contendientes: se enfrentaba una selección debutante en una Copa del Mundo, Senegal, contra otra, Turquía, que sólo había participado una vez, en Suiza 54, nada más y nada menos que 48 años antes.

Los nervios se notaron en exceso en dos equipos que estaban ante una oportunidad histórica. Senegal, más física, se defendía e intentaba salir a la contra, pero los turcos, más experimentados, mejor colocados, más verticales y con las ideas más claras, no lograron abrir el marcador en los noventa minutos pese a gozar de las mejores ocasiones. 

Así que el partido se fue a la prórroga tras un empate sin goles. 

Turquía y Senegal protagonizaron unos cuartos sorprendentes.

Pero a los cuatro minutos del tiempo extra, un centro de Dabala desde la derecha lo buscó Ilhan Mansiz dentro del área con el central pegado a su espalda y, sin dejar botar la pelota, la empalmó al palo contrario del meta senegalés. 

Era el gol de oro turco, que dejó a los senegaleses tendidos en el suelo, desmoronados, inconsolables. Turquía, en el último suspiro, se metía en las semifinales del Mundial. Senegal volvía a casa con la cabeza muy alta, pero la pena muy adentro.

La mejor frase, la de Senol Gunes, seleccionador turco, cuando le preguntaron por qué había tardado tanto Turquía en finiquitar el compromiso cuando había gozado de innumerables ocasiones durante el partido: “Mis jugadores podían haber ganado el partido en el primer tiempo, pero han visto muchas prórrogas en la televisión últimamente y querían probar a ver cómo eran”. 

Un fenómeno, Senol Gunes.

***

Los otomanos se citaron de nuevo con Brasil en las semifinales del torneo tras haber coincidido en la primera fase. En ese primer choque habían vencido los brasileños por dos goles a uno con mucho sufrimiento y buena dosis de polémica. 

Porque Hassan Sas había adelantado a los turcos en el descuento del primer tiempo y, pese a que Ronaldo empató al poco de iniciarse la segunda mitad, los sudamericanos no encontraron la forma de llegar con claridad a la meta de Rustu. 

Al final, cuando apenas quedaban dos minutos, el central Alpay Ozalan agarró a Luizao de la camiseta en el borde del área, el 21 brasileño cayó dentro y el árbitro picó. Rivaldo transformó el penalti que le dio el triunfo a la canarinha.

Ahora, en las semifinales, la historia volvería a repetirse merced a un golazo de Ronaldo a los cuatro minutos de la segunda mitad (1-0). El astro brasileño, que ya se había dejado ese extraño flequillo que pasaría a ser la imagen del torneo, se fue por la izquierda y soltó un remate seco con la puntera para batir a Rustu y despertar a los otomanos de su sueño.

Y es que los brasileños habían sido la selección más fiable de las históricas, derrotando con claridad a todos sus rivales con un ataque de ensueño formado por Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho, aunque sin hacer alardes tampoco. Bastaron la pegada de O Fenómeno, que se convirtió en el máximo goleador del Mundial, la solvencia y la magia de Rivaldo y la inspiración de un joven Ronaldinho para levantar su quinta Copa del Mundo en tierras asiáticas venciendo en la final a Alemania (2-0).

Pero el idilio de Turquía con la Copa del Mundo también acabó con una última victoria ante Corea del Sur en el partido por el tercer y cuarto puesto (3-2). Hakan Sukur marcó a los once segundos el gol más rápido en la historia de los Mundiales, empató Lee para los anfitriones, pero Mansiz, el héroe de los cuartos de final, anotó un doblete en la primera parte para conseguir un tercer puesto que los turcos celebraron como si hubieran ganado un Mundial. 

Turquía celebra un tercer puesto histórico en el Mundial 2002.

Y no era para menos, porque Turquía sólo había participado en el Mundial de Suiza 1954, donde cayó en la primera ronda, y desde este momento mágico vivido en 2002 nunca ha vuelto a estar presente en la fase final de la Copa del Mundo. Así que los Hakan Sukur, Basturk, Mansiz, Hasan Sas, Rustü y compañía pueden estar orgullosos de formar parte de la mejor selección turca de la historia.

***

Los surcoreanos también están orgullosos de su cuarto puesto, aunque en Europa no sienten que deban estarlo, sobre todo en Italia y en España (y puede que tampoco en Portugal), donde hay una inmensa mayoría de aficionados, periodistas y técnicos que cree que los fallos de los colegiados no fueron casuales, sino que había una orden expresa (no sabemos de dónde venía, aunque tampoco es muy difícil imaginárselo) de hacer todo lo posible para que los surcoreanos llegaran muy lejos en su torneo. 

Incluso algunos diarios italianos intentaron demostrar en el año 2015 que había consignas de la FIFA a los colegiados en los partidos de la selección anfitrionas. Evidentemente, sospechas... haberlas, haylas. ¿Fundadas? Probablemente. Pero todas las acusaciones hay que demostrarlas y eso ya es más difícil.

Los jugadores españoles se quejan amargamente de la eliminación.

Aunque puestos a apuntarnos a las teorías conspirativas, ahí va un dato curioso. Todas las selecciones que se enfrentaron en los cruces a Corea del Sur en ese campeonato fueron levantando la Copa del Mundo, una tras otra y en el mismo orden en el que se enfrentaron a los asiáticos. 

Primero fue Italia, que cayó en octavos de final y levantó su cuarta Copa del Mundo en 2006. Después fue España, que se fue a casa en cuartos en 2002 y ganó su primera Copa del Mundo en Sudáfrica 2010. Y cerró el ciclo Alemania, que eliminó a Corea del Sur en las semifinales y alzó en 2014 su cuarta Copa del Mundo en Brasil. 

Al menos, la fortuna, el destino, el hado, la estrella o como queráis llamarlo, les devolvió a las selecciones involucradas en esta supuesta estafa buena parte de lo que les quitó en 2002. Suponiendo que fuera la fortuna la que se lo hubiera quitado… Pero donde las dan, las toman y los tres sufrieron en sus carnes la maldición del campeón tras su triunfo en la Copa del Mundo.

En fin, lo que está claro es que el primer Mundial del siglo XXI, el primer Mundial asiático, el primer Mundial en el que se enfrentaron Brasil y Alemania, el Mundial del pentacampenato brasileño y el de la reconciliación de Ronaldo con la Copa del Mundo, fue también el Mundial de las sorpresas. Con atracos y sin ellos.

lunes, 6 de junio de 2022

Joe Gaetjens: la tragedia del héroe de Estados Unidos en el Mundial de Brasil 50

El 29 de junio de 1950 Joe Gaetjens marcó el gol más importante de la historia de la selección de Estados Unidos en un Mundial de fútbol. Era el que le daba la victoria al equipo de las barras y estrellas ante Inglaterra, que debutaba en un Mundial después de negarse a disputar las tres ediciones anterioresEse gol y ese triunfo dio la vuelta al mundo, pero... ¿Quién era ese tal Joe Gaetjens, autor del tanto que humilló a los inventores del fútbol en su primera participación en la historia de la Copa del Mundo?

Para empezar, Gaetjens no era ni siquiera estadounidense. En realidad, la selección norteamericana que disputó el Mundial de 1950 estaba formada en su mayor parte por jugadores descendientes de emigrantes europeos: escoceses, belgas, portugueses, galeses... aunque casi todos era ciudadanos americanos, excepto el belga Joseph Maca, el escocés Ed McIlveny y Joe Gaetjens, que había llegado de Puerto Príncipe (Haití) para estudiar contabilidad.

Gaetjens con los seleccionados para disputar el Mundial de Brasil.

Eso no le importó ni un ápice a su seleccionador y todos fueron convocados para el torneo aduciendo que tenían intención de tramitar los papeles de la ciudadanía en cuanto volvieran del campeonato.

Joe nunca lo hizo.

***

Gaetjens tenía 26 años en 1950 y había nacido en Puerto Príncipe en el seno de una familia descendiente de aristócratas prusianos venida a menos, aunque sí gozaba de un nombre y un prestigio social en su Haití natal.

Al chico pronto le daría por golpear a la pelota y por marcar goles y como lo hacía francamente bien, empezaría a jugar de delantero en el Etoile Haittiene, uno de los equipos más importantes del país, con apenas 14 años. Pero, sin demasiadas posibilidades de ganarse la vida en su país (en el fútbol, desde luego que no, y en los negocios familiares, de momento, tampoco), su familia lo envió con una beca a estudiar contabilidad a la Universidad de Columbia junto a su hermano.

A su llegada a Nueva York, Joe pronto compaginaría los estudios con el trabajo de friegaplatos en un bar de Harlem. Y eso le iba a llevar de vuelta al fútbol. Porque resultó que su jefe era Eugene “Rudy” Díaz, un empresario de origen gallego, enamorado del fútbol y propietario del Brookhattan, un club con cierto prestigio en la American Soccer League. Cuando Rudy vio jugar a Joe Gaetjens, le convenció para desempolvar las botas y unirse al equipo, a razón de 25 dólares por partido.

Y así fue como Gaetjens volvió a golpear un balón.

Y así fue como volvió a perforar las redes adversarias.

Y así fue como, en poco tiempo, se convirtió en la estrella y el máximo goleador del Brookhattan.


Joe Gaetjens con los colores del Brokkhattan.

Y así fue como disputó la final de la US Open Cup de 1948 ante el poderoso Saint Louis Simpkins-Ford que acabó perdiendo.

Y así fue como Bill Jeffrey, el seleccionador norteamericano, se fijó en él y le propuso disputar con la selección de las barras y estrellas la Copa del Mundo de Brasil de 1950.

Y así fue como bastó la intención de Joe de obtener la nacionalidad americana para que formara parte del equipo y viajara a Brasil.

Y así fue como se convirtió en el único jugador del Brookhattan en disputar el campeonato, ya que la mayoría de la selección norteamericana jugaba en el Saint Louis Simpkins-Ford.

La memorable participación del equipo de Estados Unidos en el Mundial ya es historia, con la victoria ante la todopoderosa Inglaterra que se presentó en el torneo para demostrar al mundo que era la mejor selección del mundo y acabó humillada por la derrota más sonrojante de su historia en lo que se conoce por el Milagro de Belo Horizonte y eliminada tras volver a caer derrotada ante España en el partido decisivo del grupo en Maracaná.

Joe Gatjens sale a hombros de Belo Horizonte tras la gesta americana.

El caso es que a la vuelta del Mundial, y ante la escasa repercusión que la gesta del equipo tuvo en Estados Unidos, Joe quiso probar suerte en el fútbol francés y fichó por el Racing Club de París en 1953. Pero allí las cosas no le fueron demasiado bien.

En Francia no había sabido ni podido acoplarse al cambio de vida y de idioma y, además, las lesiones no le respetaron, así que la decisión estaba tomada: regresaría a su Haití natal junto a su gente, su familia y sus amigos para empezar de nuevo.

Cuando llegó a Haití resultó ser un auténtico ídolo en un país muy futbolero que había visto con admiración cómo uno de los suyos podía triunfar en un Mundial. Así que volvió a jugar a fútbol en el Etoile Haittiene, aunque, en realidad, se ganaba la vida haciendo anuncios para diversas multinacionales que operaban en un país donde ya se había convertido en un auténtico icono.

Incluso disputó un partido de clasificación para el Mundial de Suiza 54 con la selección haitiana ante México en Puerto Príncipe, aunque su convocatoria fue realmente simbólica, ya que las lesiones que arrastraba desde Francia le habían obligado a una retirada prematura del fútbol con apenas 29 años y ya no estaba para esos trotes.

***

Parecía que la vida le sonreía al bueno de Joe que, aunque retirado del fútbol, había conseguido fama, prestigio y reconocimiento junto a su familia. Pero en 1957 llegó al poder François Duvalier, un médico populista y demagogo que le ganó las elecciones a Louis Déjoei. El hecho en sí no tendría demasiada importancia si no fuera porque la familia de Joe había apoyado siempre y sin fisuras a Déjoei y si no fuera también porque Duvalier pronto iba a engrosar las listas de los personajes más siniestros que mandaban por aquella época en el continente americano.

Duvalier, a la derecha, las manos entrelazadas, en 1963.

El terror del régimen se puso pronto de manifiesto. De hecho, Duvalier había ido moldeando las instituciones a su antojo desde el momento en el que accedió a la presidencia y había creado una policía paramilitar conocida como los Tontons-Macoutes que campaba a sus anchas por todo el país ejerciendo la violencia siguiendo el ejemplo de las SS nazis o de las camisas negras italianas.

Pero ese terrorismo de estado se incrementó muchísimo a partir de 1964, cuando Duvalier se autoproclamó presidente vitalicio para comenzar una sangrienta represión entre todos aquellos a los que consideraba sus opositores.

Toda la familia de Joe Gaetjens decidió huir de Haití en ese mismo instante, pero el héroe de Belo Horizonte no lo hizo. Hay quien dice que creía que el hecho de no haberse metido nunca en política le bastaría para no tener problemas con las autoridades. Otros apuntan al hecho de que Joe pensaba que el régimen no se atrevería a atacar claramente a alguien que era un icono del deporte en el país. 

Sea por una razón o por otra, o por la dos, Gaetjens se quedó en Haití. 
Y se equivocó.

Tan sólo un día después de que Duvalier se erigiera en presidente vitalicio, los Tontons-Macoures se presentaron en su casa y se lo llevaron. Joe desapareció para siempre. Se cree que lo enviaron a la prisión Fort Dimanche, donde sería torturado y ejecutado unos cuantos días después, pero nunca apareció su cuerpo y nadie sabe qué pasó. Lo único cierto es que nadie lo volvió a ver nunca más.

***

En 1976, Joe Gaetjens ingresó en el Salón de la Fama del Fútbol de Estados Unidos junto a la mayoría de sus compañeros que participaron en el Mundial de 1950, aunque por aquel entonces hacía ya doce años que nadie sabía nada de su paradero.

Gaetjens es una leyenda del fútbol en EEUU.

También hacía cinco años que Duvalier había muerto, aunque en Haití seguía gobernando su hijo con puño de hierro. Lo haría hasta 1986, cuando fue derrocado y se exilió del país expoliando las arcas del Estado y cargando sobre sus espaldas un sinfín de crímenes y desapariciones por los que nunca pagó.