"El fútbol es la única religión que no tiene ateos", Eduardo Galeano
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jueves, 21 de noviembre de 2024

Andrés Iniesta le da a España la primera Copa del Mundo de su historia (2). Aquellos maravillosos años

A su regreso de la Copa del Mundo de Alemania 2006, y tras la marcha de Van Bommel del FC Barcelona, Andrés Iniesta se hizo definitivamente con un puesto en el once del Barça de Rijkaard, aunque el equipo se fue desinflando poco a poco tras su éxito en la Liga y en la Copa de Europa.

Los estómagos llenos de futbolistas emblema como Ronaldinho dejaron paso a una relajación y un descuido físico y mental que aprovechó el Real Madrid de Fabio Capello para llevarse sobre la bocina una Liga 2006-07 que había estado teñida de azulgrana durante prácticamente toda la temporada. La liga del “Clavo Ardiendo” le llamaron a ese torneo los periodistas madrileños, ávidos por apuntarse un triunfo en el que no se creía nadie apenas unos meses antes.

Andrés Iniesta en la temporada 2007-08.

El Barça de Iniesta, que defendía título en la Liga de Campeones, había caído también en octavos de final ante el Liverpool, y en las semifinales de Copa del Rey ante un sorprendente Getafe. En esa eliminatoria, Messi calcó el gol de Maradona ante Inglaterra en México 86 para cerrar una victoria por 5 a 2 en el Camp Nou que parecía más que suficiente, pero los azulones noquearon al equipo de Rijkaard con un sonrojante 4 a 0 que eliminaba a los culés. Temporada a la basura y a preparar la siguiente…

Que también fue decepcionante…

Lío tras lío por la baja forma de Ronaldinho y su desconexión total del equipo, el Barcelona, que había fichado a Tierry Henry, a Eric Abidal y a Yaya Touré, perdió muy pronto comba en la Liga y fue todo el año a rebufo del Real Madrid de Bernd Schuster. Incluso acabó perdiendo el segundo puesto a manos del Villarreal y empató a puntos con el cuarto clasificado, el Atlético de Madrid, en un final de temporada agónico que marcó el final de Ronaldinho en el Barça y también el de Rijkaard.

Para Iniesta, en cambio, aún quedaba una bala: la Eurocopa de Austria y Suiza. El manchego formó parte de un equipo de ensueño que, dirigido por Luis Aragonés contra viento y marea (tenía el Sabio de Hortaleza a todos los medios de comunicación en contra por haber “jubilado” a Raúl de la selección), rompió el maleficio de los cuartos de final y levantó su segunda Eurocopa con un fútbol de toque, velocidad, precisión y magia que enamoró a todos.

Ahí Iniesta ya era una pieza clave. Y junto a Puyol, Xavi, Silva y los goles de Villa y Torres fueron los artífices de un título histórico para España que, además, y aunque aún no lo sabía nadie, era sólo el inicio de un ciclo glorioso que se iba a prolongar durante unos cuantos años más.

***

Pero para llegar al momento culminante en el que el mago manchego congela el tiempo por un instante para darle a España su primera Copa del Mundo, lo pasó realmente mal. Muy mal. Y no sólo por las patadas y provocaciones de Van Bommel, que también, sino porque llegó a la Copa del Mundo entre algodones. Cogido con alfileres. Agotado. Física y mentalmente.

Todo parecía ir sobre ruedas tras la gran victoria en la Eurocopa de 2008 con la selección española, a la que se unió la marcha de Rijkaard y la llegada de Pep Guardiola al banquillo culé. De hecho, esa temporada de 2008-2009 fue la confirmación de Andrés Iniesta como uno de los futbolistas más importantes del FC Barcelona y, por supuesto, de todo el fútbol español. 

Guardiola se sacó de la chistera a Sergio Busquets para cerrar el centro del campo e ir alternando partidos con Touré Yaya y puso en sus costados a Xavi Hernández y a Andrés Iniesta para conformar un equipo imparable con Henry y Eto’o arriba y Messi como verso suelto. A su rollo. Indetectable. Libre como el viento para hacer magia por todo el frente del ataque.

Y ese joven FC Barcelona, que se había desprendido de Ronaldinho, Deco, Edmilson, Thuram, y Zambrotta a principio de temporada, llegó al mes de mayo con la posibilidad de levantar todos los títulos en juego. Casi nada…

En las semifinales de la Copa de Europa se habían medido al Chelsea en el Camp Nou, en un partido duro, trabado y rocoso que había acabado sin goles. Era el 28 de abril y tan sólo cuatro días más tarde visitaban el Santiago Bernabéu, el estadio del eterno rival, para dar un golpe definitivo a la Liga o, por el contrario, meter al Real Madrid de lleno en la pelea, ya que los blancos estaban a cuatro puntos de los azulgranas. Pero los de Guardiola no se amilanaron y pasaron por encima del Real Madrid como una auténtica apisonadora.

Con un Messi indetectable en la media punta, con total libertad para moverse por todo el frente de ataque y juntándose continuamente con Iniesta y Xavi en el centro del campo para dejar que Henry y Etoo’o atacaran los espacios, el Barça realizó una exhibición portentosa y le endosó al Real Madrid un 2 a 6 que dejaba la liga totalmente vista para sentencia.

El FC Barcelona derrota al Real Madrid por 2 a 6 en el Bernabéu para certificar el título de Liga.

Pero no había tiempo para celebrarlo, porque cuatro días después, el 6 de mayo, se jugaban la clasificación para la final de la Champions en Stamford Bridge. Ante el Chelsea de Guus Hiddink, que había preparado el partido a conciencia.

***

En The Brigde, casi 38.000 espectadores se dan cita para empujar al Chelsea hacia su primera final de la Liga de Campeones. Los de Hiddink traen un empate sin goles del Camp Nou, así que necesitan vencer al Barça para medirse a sus enemigos íntimos del Manchester United en el Olímpico de Roma.

Hiddink ha trazado un plan. Presión alta, pulsaciones a cien, contagio del calor del público, a acabar siempre todas las jugadas con disparo y a asfixiar la salida de balón de los artistas del Barça. Y el plan, de primeras, le sale.

Porque el Chelsea se adelanta a los nueve minutos con un golazo de Essien. El centrocampista engancha en la frontal del área un balón llovido que venía de un rechace y lo golpea violentamente con la izquierda para incrustarlo casi en la escuadra de la meta defendida por Víctor Valdés. La pelota toca antes en el larguero para darle más enjundia al trallazo. Un golazo salvaje que ponía muy cuesta arriba el partido, y la eliminatoria, para un Barça incómodo y dominado por el Chelsea y por la situación.

De hecho, pasaban los minutos y la cosa pintaba cada vez más fea para el FC Barcelona. Porque Los Blues maniataban a los culés y salían en estampida hacia la portería de Valdés cada vez que tenían ocasión. Y remataban. Lo intentó Lampard de lejos. Lo intentó Drogba sorprendiendo con una falta escorada que sacó Valdés. Lo intentó John Terry de cabeza a la salida de un córner. Sólo Messi inquietaba un poco con sus cabalgadas, pero el resto del equipo estaba bien sujeto y el astro argentino no veía por dónde hincar el diente a los ingleses.

Y llegó el descanso. Para calmar los ánimos. Que el Barça venía de hacerle seis goles al Madrid, tres al Villarreal y cuatro al Athletic Club en la final de Copa. Con uno, en principio, les bastaba. Así que, calma…

Pero la calma no llegó. Y Drogba tuvo dos ocasiones clarísimas para sentenciar la eliminatoria solo ante Valdés. Pero el meta catalán estaba inspirado y mantuvo las tenues esperanzas de su equipo de llegar a Roma.

Pero el Barça no encontraba espacio para sus triangulaciones. Y, en cambio, se encontraba con contras letales protagonizadas por un Drogba que las peleaba todas y que, en cuanto podía, llevaba al límite a los defensores blaugranas. Buscó el penalti ante Yaya Touré, que jugó de central, pero no lo encontró. Lo volvió a porfiar ante Abidal, pero tampoco. Ninguno de los dos lo eran, le pese a quien le pese.

Pero tanto va el cántaro a la fuente que, en otra contra, Anelka midió la velocidad de Abidal. Le ganó la partida y en cuanto notó muy cercana la presencia del lateral se fue al suelo. Encaraba a Valdés y no había nadie más, así que Ovrebo, el colegiado de la contienda, señaló la falta y mandó a Abidal a los vestuarios con una roja directa.

Quedaban veinticinco minutos de partido y la final se veía muy lejos. Lejísimos.

Porque el martirio del Barça continuaba. Anelka intentó sacar petróleo de nuevo en una internada en el área con Yaya Touré, pero el árbitro no picó. Y poco más tarde, fue de nuevo Anelka quien sembró el pánico en los aficionados culés. Recogió el francés un balón dentro del área e intentó un autopase sobre Piqué. El balón golpeó claramente en la mano del defensor catalán, incluso cambió la trayectoria de la pelota, pero ni Ovrebo ni su juez de línea lo vieron con claridad. Se acababan de comer un penalti clarísimo que hacía resoplar a los barcelonistas y exaltarse a los aficionados londinenses.

Quedaban menos de diez minutos. Pero mientras hay vida, hay esperanza, debían pensar los culés. Aunque ya no quedaba nada. Y el Barça había merecido poco, la verdad.

Entonces, en el minuto 93, apareció el mago de Fuentealbilla. El héroe inesperado. Messi cogió un balón en la parte izquierda del ataque azulgrana y levantó la cabeza. Dudaba si quedársela o no, cuando vio a Iniesta en la frontal. El argentino la dejó atrás, rasa, para que Andrés hiciera lo que quisiera o lo que pudiera con esa pelota. 

Y Andrés no se lo pensó. Cargó su pierna derecha y golpeó la pelota con toda su alma. Y con toda su clase. Porque la cogió levemente con el exterior, le imprimió el efecto preciso y el esférico se clavó en la escuadra de la portería de Petr Cech, alejándose de sus largas manos poco a poco. El meta checo no se lo podía creer. Había estado a 18 milímetros de tocarla. Pero no pudo hacerlo.

Iniesta celebra el golazo que le dio al FC Barcelona el pase a la final de la Champions 2009.

Y el Iniestazo clasificó al mejor Barcelona de la historia para la final de Roma, seguramente, en el partido que menos lo mereció. Pero para eso están los cracs. Para cambiar las cosas. Y Andrés lo es, aunque hubiera quien no lo supiera todavía.

Lo que ese gol supuso para la historia del FC Barcelona es difícilmente explicable. Pero baste un dato colateral: un estudio realizado en Inglaterra desveló que la natalidad en Catalunya aumentó un 16% a raíz del gol de Iniesta en Starmford Brigde. Así que los dieciocho milímetros que le faltaron a Petr Cech para detener el disparo de Andrés no sólo supusieron la clasificación del FC Barcelona para una nueva final de la Liga de Campeones, sino una nueva nutrida generación de catalanes, presumiblemente, culés.

Goles son amores, que diría Manolo Escobar.
O el fútbol ama al fútbol, que diría Joan Laporta.

***

La culminación de una temporada histórica se produjo definitivamente en pleno mes de mayo. Y también fue entonces cuando la suerte empezó a darle la espalda a Andrés Iniesta.

El 10 de mayo el FC Barcelona recibía al Villarreal en el Camp Nou con la intención de conquistar matemáticamente la Liga. El Madrid había perdido con claridad en Mestalla (3-0) y el título estaba prácticamente en las vitrinas del Barça. El partido fue impresionante y acabó con un 3 a 3 espectacular tras el gol en el último suspiro del visitante Llorente.

Pero con el gol del empate llegó una noticia mucho peor: Iniesta abandonaba el terreno de juego renqueante y con cara de mucha preocupación. No era para menos. Porque el primer diagnóstico fue una rotura del recto anterior del muslo derecho.

Peligraba la final de Champions para el héroe de Starmford Bridge.

Tres días más tarde, los blaugrana derrotaron holgadamente al Athletic Club en la final de la Copa del Rey sin la participación de Andrés Iniesta. La superioridad culé fue abrumadora y los de Guardiola levantaron el primer título de la temporada remontando casi sin despeinarse el tanto tempranero de Toquero con los goles de Yaya Touré, Bojan, Messi y Xavi (4-1).

La final de Copa se convirtió en una especie de piedra de toque para la que estaba por venir. La que daría sentido al golazo de Iniesta en Starmford Bridge. La final de la Liga de Campeones en ante un Manchester United que no sólo contaba en sus filas con Cristiano Ronaldo y Wayne Rooney, sino que presumía de haber ganado las tres finales de Copa de Europa que había disputado hasta ese instante.

El 27 de mayo de 2009, el FC Barcelona de Guardiola se plantó en el Olímpico de Roma con su equipo de gala. Con Iniesta en el once. El manchego había forzado a tope para no perderse esa final. De hecho, la jugó con molestias. Y con la recomendación expresa de los médicos de no tirar a portería. Pero la jugó. Porque aún tenía clavada en el corazón la espinita de la suplencia en la final de París y no quería repetir la experiencia. 

Por eso forzó. 
Quizá demasiado.

Iniesta recibe una tarascada en la frontal del área en la final de Roma 2009.

El caso es que el Barça empezó mal, agobiado por el momento, y el Manchester aprovechó para darle el balón a Cristiano y que lanzara a puerta casi desde cualquier parte del campo. Pero la escaramuza duró apenas nueve minutos. Justo los que tardó Iniesta en conducir la pelota con velocidad hasta la frontal del área y darle el balón a Eto’o, quien sentó a Vidic y remató fuerte y cruzado para hacer el primer gol del partido.

Samuel Eto’o, al que Guardiola no quería en el equipo a principio de temporada y que acabó marchándose al Inter de Milán tras esta campaña, encarriló la final y sosegó al Barça, que empezó a bordar el fútbol una vez más para conquistar la tercera Copa de Europa de su historia y, además, hacer parecer pequeño a todo un Manchester United, que nunca supo cómo frenar a los blaugrana y mucho menos hacerles daño.

Ya en la segunda parte, Messi, con un sorprendente y precioso cabezazo, alejó los fantasmas de una hipotética remontada de los Diablos Rojos y confirmó el título para un Barcelona que había sido muy superior.

Europa entera se había rendido a los pies de un equipo que practicaba un fútbol de antología basado en el toque, la precisión, el talento y la magia de sus bajitos, pero enormes, futbolistas: Messi, Xavi y Andrés Iniesta. De hecho, el público votó a Messi como el mejor jugador de la final. Los técnicos de la UEFA, en cambio, le otorgaron ese título a Xavi Hernández. Y Wayne Rooney, el delantero del United, cerró el círculo nada más concluir la final: “Son un gran equipo y creo que Andrés Iniesta es el mejor del mundo en este momento”. 

Palabras mayores. 
De futbolista a futbolista.

***

Pero, aunque Iniesta aún no lo sabía, ese triplete antológico propiciado por un gol suyo que pasaría a la historia del FC Barcelona y que quedaría para siempre en el recuerdo de todos sus aficionados, le dejaría totalmente vacío física y mentalmente.

Y esa final en concreto, que Andrés quiso jugar a toda costa después de no haber sido titular en la de París en 2006, le pasó factura.

Eso y algunas desgracias más que se unieron para conformar un cóctel peligrosísimo que dejó al joven Andrés Iniesta al borde del precipicio cuando menos lo esperaba.

jueves, 19 de enero de 2023

La década dorada de Polonia (1972-1982): Las Águilas de Gorski sorprenden al mundo

En los primeros años de la década de los 70 una selección de la Europa del Este sin apenas vuelo en el contexto internacional empezó a convertirse en un auténtico dolor de cabeza para las grandes del fútbol mundial. 

En un momento en el que empezaba a despuntar el fútbol total de los holandeses, las clásicas selecciones de Alemania Federal, Inglaterra, Francia, Argentina e incluso la tricampeona Brasil se encontraron de buenas a primeras con el pie cambiado, intentando acoplarse a una nueva época donde la velocidad, los continuos cambios de ritmo y de posiciones y la movilidad de los jugadores por todo el campo eran las señas de identidad de los equipos ganadores.

En ese contexto emergió la figura de Kazimierz Gorski. Nacido en Lviv (hoy Ucrania y entonces Polonia) en 1921, al joven Gorski le pilló el inicio de la Segunda Guerra Mundial en plena carrera hacia el estrellato futbolístico, porque, pese a su juventud estaba considerado uno de los mejores delanteros de su tierra, una especie de proyecto de estrella en ciernes. 

En 1945, al finalizar la guerra y con 24 años recién cumplidos, Gorski decidió quedarse en Varsovia y fichar por el Legia, donde dejaría una huella imborrable hasta retirarse de los terrenos de juego en 1953. Desde ese instante, cambió las botas por los banquillos y dirigió al Marymont Varsovia (1954-59), a su Legia (1959-62), al Lublinianka Lublin (1963-64) y al Gwardia Varsovia (1964-66). Tras doce años de experiencia en los banquillos, la federación polaca lo contrató para las categorías inferiores y, finalmente, en 1970 se convirtió en el seleccionador absoluto de Polonia. 

Estaban a punto de alzar el vuelo “Las Águilas de Gorski”.

Las Águilas de Gorski emprenden el vuelo en pleno invierno. 

***

El 28 de agosto de 1972, la selección polaca de fútbol, con Kazimierz Gorski al frente, debutaba en los Juegos Olímpicos de Múnich. El entrenador había conformado un equipo muy ofensivo, endiabladamente rápido y muy técnico de medio campo hacia arriba, que tenía en Lubanski su referencia arriba y lo escoltaban Deyna y Gadocha, dos auténticos jugadorazos que, no obstante, eran prácticamente unos desconocidos en el concierto internacional. 

Por si acaso, en el banquillo esperaba su oportunidad un jovencísimo delantero llamado Grzegorz Lato, que tenía entonces 21 años recién cumplidos.

Los de Gorski eran una auténtica incógnita, ya que todos sus jugadores militaban en la liga polaca y prácticamente nadie les conocía. De hecho, ningún jugador podía salir a jugar fuera del país hasta que no cumplieran 30 años. Así que las favoritas en el inicio de la competición eran Hungría, vigente campeona olímpica; Alemania Federal, organizadora de los Juegos; la Unión Soviética, la gran potencia del Este; y, como siempre, Brasil, que había llevado una selección capitaneada por Dirceu en ataque.

Sin embargo, las Águilas de Gorski debutaron tan a lo grande, haciéndole un 5 a 1 a Colombia con un doblete de Deyna y tres tantos de Gadocha, que empezaron a despertar recelos entre sus competidores. De hecho, en el siguiente encuentro volvieron a derrotar con contundencia a Ghana (4-0) y cerraron el grupo noqueando también a la República Democrática Alemana (2-1), con lo que las cartas quedaron boca arriba muy pronto.

En la segunda fase, Polonia habría de verse las caras con Dinamarca, Marruecos y la Unión Soviética y el campeón de grupo disputaría la final ante el triunfador del otro grupo, formado por Hungría, las dos Alemanias y México. Brasil había quedado fuera del torneo a las primeras de cambio.

Los de Gorski empezaron empatando a uno ante Dinamarca, pero en el partido decisivo ante la Unión Soviética dieron la campanada y vencieron por 2 a 1. Después finiquitaron su pase a la final apabullando a Marruecos por un contundente 5 a 0. En la final esperaba la vigente campeona olímpica, Hungría, que había dado buena cuenta de las dos Alemanias y de México.

Los húngaros, favoritos sobre el papel, se pusieron por delante al filo del descanso con un tanto de Várady, pero los polacos no le perdieron la cara al encuentro y remontaron en una segunda parte memorable. Deyna hizo los dos goles que le dieron el triunfo a Polonia y la primera medalla de oro en fútbol de su historia. 

Polonia se colgó la medalla de oro en las Olimpiadas de Múnich 72. 

Comenzaba la edad de oro de Polonia que duraría una década.

***

En la fase de clasificación para el Mundial de Alemania de 1974 ya nadie podía decir que Polonia era una desconocida, aunque si quedaban dudas de su potencial, las Águilas estaban dispuestas a disiparlas. Gorski utilizó la base de la selección que se había proclamado campeona olímpica en Múnich y la ajustó dándole protagonismo a Lato en ataque junto al mítico Lubanski, la auténtica estrella de esa selección.

A Polonia le había correspondido en suerte un grupo de tres selecciones junto a Inglaterra y Gales y empezó con muy mal pie, ya que perdió claramente en Cardiff por dos goles a cero el 28 de marzo de 1973. Antes, Inglaterra había vencido a Gales también en Cardiff (0-1) y había empatado en Londres con sus vecinos (1-1). Así las cosas, Polonia lo tenía muy complicado para clasificarse para el Mundial, pero el fútbol siempre tiene la última palabra.

Los de Gorski derrotaron a la Inglaterra de sir Alf Ramsey en Chorzov (2-0) en un partido increíble en el que el protagonista de todo lo que pasó esa noche fue la estrella polaca Lubanski. El capitán le dio una asistencia de gol a Gadocha para hacer el uno a cero y anotó el segundo encarando a Shilton a poco de iniciada la segunda mitad. 

Sin embargo, siete minutos más tarde todo cambió para él. Lubanski intentó sortear una entrada del defensa inglés Roy McFarland y cayó fatal, apoyando todo su peso en la rodilla derecha. Mientras los ingleses se quejaban por la tardanza en la reincorporación, todo el estadio contenía la respiración. La estrella de Polonia se acababa de romper el cruzado y se perdió lo que quedaba de fase de clasificación y también el Mundial.

Pero la vida seguía y Polonia necesitaba otra victoria ante Gales para visitar Wembley en la última jornada dependiendo, al menos, de sí misma. Y las Águilas de Gorski no fallaron. Gadocha, el “Garrincha polaco”, volvió a abrir el marcador, como ante Inglaterra, y después Lato y Domarski, el sustituto del capitán Lubanski, redondearon una victoria clara ante Gales para seguir con opciones de clasificación en el último partido que se disputaría en Wembley tres semanas más tarde.

Los ingleses, en su línea de “somos los inventores del fútbol y no tenemos rival”, decidieron no suspender la jornada de liga que se disputaba tan sólo un día antes del encuentro. Además, el excéntrico y polémico Brian Clough, técnico del Derby Country, se permitió el lujo de descalificar a algunos de los jugadores polacos por televisión en la previa del choque decisivo. Al guardameta Tomaszewski le llamó payaso de circo con guantes. Al defensa Jerzy Gorgon lo describió como un boxeador con botas de fútbol, mientras que de Grzegorz Lato dijo que le parecía un corredor calvo de maratones. 

Claro, a veces pasa que uno se ha de comer sus palabras. 
Evidentemente.

Porque el 17 de octubre de 1973, ante más de 90.000 espectadores que abarrotaban el viejo Wembley, los de Gorski empataron a uno ante Inglaterra encomendándose a las paradas de todos los colores del “payaso” Tomaszewski al que sólo pudieron batir los locales de penalti (regalado) pese a disparar más de veinticinco veces a puerta durante el partido. 

Tomaszewski se vistió de héroe en Wembley.

Antes, “el corredor calvo de maratones” se había marcado una cabalgada impresionante por la banda izquierda, dejando atrás a dos rivales, para servir una pelota de gol que Domarski no desaprovechó.

Y así fue cómo los polacos dejaron a los inventores del fútbol fuera del Mundial por primera vez en su historia (los ingleses no habían participado en los Mundiales de 1934 y 1938 por voluntad propia, pero desde que decidieron afiliarse de nuevo a la FIFA y participar en el torneo en 1950 nunca se habían quedado fuera de una fase final de la Copa de Mundo).

Y ese fue el principio del fin de sir Alf Ramsey, que fue finalmente destituido el 1 de mayo de 1974 tras 113 partidos al frente de Inglaterra, con un bagaje de 69 victorias, 27 empates y 17 derrotas y, sobre todo, con la única Copa del Mundo que hasta ahora han ganado los ingleses bajo el brazo.

Todo eso consiguió Polonia en una noche de gran fútbol en Wembley. 

Polonia celebra su clasificación sobre el césped del viejo Wembley.

La revolución callada de las Águilas estaba en marcha.

***

Kazimierz Gorski se dedicó entonces a planificar el Mundial de Alemania de 1974 para el que había sumado para la causa a un delantero más, Andrzej Szarmach, “el Diablo”, compañero del lesionado Lubanski en la delantera del Górnik Zabrze y al que se le caían los goles a puñados.

Polonia había quedado encuadrada en el grupo 3 junto a Italia, Argentina y Haití y disputaría sus encuentros entre Stuttgart y Múnich. El 15 de junio de 1974 se alzó el telón para todos en el grupo. Italia venció bastante menos plácidamente de lo que esperaba a la debutante Haití, a la que tuvo que remontar en la segunda mitad para acabar venciendo por tres goles a uno.

El debut de Polonia, en cambio, fue ante la selección albiceleste entrenada por Valdislav Cap, que se había hecho cargo del equipo tras la destitución de Enrique Omar Sívori, que fue quien metió al equipo en al torneo. 

Argentina venía con gente de mucha calidad, jugadores contrastados como Héctor Yazalde, que se había proclamado Bota de Oro en Europa tras marcar 46 goles con el Sporting de Lisboa. Le acompañaban futbolistas como Carlos Babington, “el Cacho” Heredia, Rubén Ayala, Mario Alberto Kempes, Daniel Carnevali o René Hosueman. Una selección con muchas ganas de competir y de hacer un buen papel y, a la vez, calibrar fuerzas de cara al siguiente Mundial, el que se disputaría en Argentina en 1978.

En Sttutgart, Gorski dispuso un triángulo atacante con Gadocha, Szarmach y Lato, bien surtidos de balones por un medio campo formado por Deyna, Kasperczak y Mazczyk y escoltados atrás por los centrales Gorgn y Zmuda y el baluarte Tomaszewski bajo los palos.

A los siete minutos de partido Lato ya había adelantado a las Águilas de Gorski y tan solo un minuto más tarde Szarmach hacía el segundo para sembrar de desconcierto a la zaga argentina. La albiceleste no supo cómo meterle mano a esa selección rápida y técnica que, además, era capaz de contener con bastante solvencia los ataques argentinos. 

Lato fue una pesadilla para Argentina.

Al cuarto de hora de la segunda mitad, el Cacho Heredia recortó distancias, pero dos minutos más tarde Lato hacía el segundo de su cuenta para poner el 3 a 1 en el marcador. El tanto de Carlos Babington cuatro minutos más tarde maquilló el resultado, pero no evitó la victoria polaca. Los chicos de Gorski que habían dejado fuera a Inglaterra empezaban sorprendiendo en el también en el Mundial.

En la segunda jornada se medían italianos y argentinos en un duelo vital para las esperanzas de ambos en el Mundial, mientras que Polonia debía confirmar su candidatura a pasar a la siguiente fase ante Haití. Italia y Argentina acabaron empatando a un gol. Polonia, en cambio, no tuvo piedad de los debutantes caribeños y los goleó por 7 a 0 con dos tantos de Lato y tres de Szarmach en una auténtica exhibición de pegada, efectividad y solvencia.

A la última jornada llegaban los polacos líderes de su grupo y con la tremenda tranquilidad que da tener los deberes hechos, ya que con cuatro puntos en dos partidos estaban matemáticamente clasificados para la segunda fase del torneo. Italia, en cambio, necesitaba al menos un empate para meterse como segunda de grupo, ya que con una derrota quedaría a expensas de los goles que Argentina le metiera a Haití. Evidentemente, con una victoria Italia sería primera de grupo.

Las especulaciones estaban en todo lo alto en la previa del partido, cuando un periodista argentino, consciente de que la suerte de la albiceleste estaba en las manos de Polonia, le pregunto a Gorski en rueda de prensa ante un montón de periodistas italianos: “Pero Polonia, ¿cómo va a jugar?”. Y Gorski, serio, desafiante y contundente, contestó: “De la única manera que sabemos jugar: a ganar”.

Efectivamente, Polonia salió con el equipo de gala y dispuesta a hacer pleno de victorias para acabar primera de grupo y evitar a Holanda y Alemania Federal en la segunda fase. En la recta final de la primera parte Smarzach y Deyna corroboraron con sus goles la superioridad de Polonia sobre el césped del Neckardstadion de Stuttgart. 

Zoff no puede evitar con su estirada el golazo de Smarzach.

Una Italia plagada de figuras como Facchetti, Mazzola, Capello, Causio o Chinaglia lo intentó hasta el final, pero sólo pudo recortar distancias a falta de dos minutos para el final con un tanto de Fabio Capello que no sirvió de nada. Porque Argentina había vencido en Múnich a Haití por 4 a 1 y a los italianos les tocaba hacer las maletas.

Polonia, primera de grupo, se vería las caras finalmente con Suecia, Yugoslavia y Alemania Federal, la anfitriona. Argentina se marchaba al otro grupo para medirse a la Naranja Mecánica de Johan Cruyff, Brasil y Alemania Democrática. Sólo el primero de cada grupo tendría plaza en la final de Múnich. El segundo disputaría el partido por el tercer y cuarto puesto

***

Alemania Federal abrió la veda venciendo a Yugoslavia (2-0) con cierta comodidad y trasladó la presión a Polonia. Pero los de Gorski no se arredraron y un gol de Lato, que estaba haciendo un torneo superlativo, en las postrimerías del primer tiempo les dieron la victoria y los dos primeros puntos de la segunda fase.

En la segunda jornada Polonia siguió adelante con su sueño al vencer con cierto sufrimiento a Yugoslavia. Deyna adelantó a los polacos de penalti a los 24 minutos, pero los balcánicos empataron al filo del descanso. Y en la segunda parte, cómo no, volvió a resolver Lato con su sexto gol en el torneo.

Polonia había conseguido poner contra las cuerdas a una Alemania Federal que sufrió de lo lindo para derrotar a Suecia por 4 a 2 unas horas más tarde. Por lo tanto, Alemania y Polonia se jugarían el pase a la final en el partido que cerraba el grupo. Quien venciera, se enfrentaría a la imparable Holanda en la final de Múnich. Si empataban, lo haría Alemania por la diferencia de goles.

El 3 de julio de 1974 no había dejado de llover en Frankfort, donde a las cinco de la tarde se iban a enfrentar los anfitriones de Alemania Federal y los sorprendentes futbolistas de Gorski. Cuando el balón echó a rodar ya no llovía demasiado, pero el campo estaba impracticable, con charcos que frenaban la pelota en muchas zonas del campo, resbaladizo en todas y rapidísimo en otras muchas. Ese barrizal no le iba bien a ninguno de los dos equipos, pero quizá le iba bastante peor a los de Gorski, acostumbrados a jugar muy rápido y al pie.

De todos modos, Polonia intentó llevar el pese del partido desde el primer minuto, ya que estaba obligada a ganar, y metió el miedo en el cuerpo de los seguidores alemanes en cada ataque. El guardameta Maier tuvo que estirarse y meter la mano muy arriba para sacar un disparo de falta escorado de Lato. Tuvo que volver a intervenir el meta germano una vez más lanzándose a los pies de Lato primero y de Smarzach después para evitar que Polonia se adelantara en el marcador en la primera mitad. Y aún rechazó a córner un centro envenenado antes de que el colegiado mandara a los dos equipos a los vestuarios.

En la segunda parte, Polonia fue perdiendo fuelle poco a poco tras el desgaste de la primera mitad y Alemania se fue estirando poco a poco. Incluso dispusieron los locales de un penalti a su favor a los ocho minutos de la reanudación, pero Tomaszewski volvió a vestirse de héroe para detener el disparo de Uli Hoeness y mantener con vida a su equipo. 

Tomaszewski evita el gol de Hoeness con un paradón.

Al final, el Torpedo Müller recogió un rebote dentro del área, a la altura del punto de penalti, y no desaprovechó la oportunidad para batir a Tomaszewski y meter definitivamente a Alemania en la final. Faltaba un cuarto de hora de partido y las Águilas de Gorski siguieron intentándolo. Volvieron a exigir a Maier bajo palos una vez más, pero, al final, tuvieron que conformarse con disputar el tercer y cuarto puesto ante Brasil.

En ese partido, Polonia confirmó al mundo que era una grandísima selección venciendo a una canarinha a las órdenes de Zagallo en el banquillo y con Rivellino, Dirceu y Jairzinho sobre el césped. 

Lato, quién si no, anotó el gol del triunfo mediada la segunda parte para conseguir la mejor clasificación de Polonia en la historia de los Mundiales. También para convertirse en el primer (y hasta ahora único) polaco en conseguir la Bota de Oro en una Copa del Mundo gracias a los siete tantos que anotó en el torneo. 

Además, Wladyslaw Zmuda fue considerado el mejor jugador joven de la Copa del Mundo, “el Diablo” Smarzach fue Bota de Plata por sus cinco goles y Polonia fue la selección más goleadora del torneo con 16 tantos, uno más que la Naranja Mecánica y tres más que la Alemania Federal de Beckenbauer, Müller, Maier y Breitner, la campeona del mundo. 

La selección de Polonia antes de enfrentarse y vencer a Brasil.

Un auténtico hito que nadie esperaba.

***

Humilde y siempre destacando el papel de sus jugadores, el técnico Gorski resumía así el estilo de su selección en ese Mundial de Alemania 74: “Gracias al fútbol sudamericano aprendí una nueva concepción del fútbol. Tocamos con pases en corto hasta que el rival se abre y entonces aceleramos buscando la portería rival a toda velocidad”. Y remataba con otra frase muy suya: “Ningún general puede ganar batallas sin un buen ejército. Yo tuve el mejor: unos jugadores excepcionales”.

Y ese ejército volvió a cumplir bajo su mando en las Olimpiadas de Montreal en 1976, donde Polonia defendía el oro olímpico de 1972. Las Águilas de Gorski acabaron primeros de grupo, apabullaron a Corea del Norte en cuartos de final (5-0), derrotaron a Brasil en las semifinales (2-0) y se plantaron, como cuatro años antes, en la final olímpica. Allí, en cambio, sucumbieron ante Alemania Democrática y cayeron por 3 goles a 1 para acabar colgándose del pecho la medalla de plata y volver a coronar al máximo artillero, esta vez Smarzach, con seis tantos.

Esas dos medallas olímpicas y el tercer puesto en el Mundial de Alemania 74 le bastaron a Gorski, que decidió dar un paso al lado y dejar la selección en otras manos. Los mimbres estaban puestos, ahora le tocaba a otro recoger los frutos. 

Y llegó Jacek Gmoch.

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Polonia se clasificó con mucha solvencia para el Mundial de Argentina 78 en un grupo compartido con Portugal, Dinamarca y Chipre. Ganaron los de Gmoch todos sus encuentros salvo el último, con la clasificación ya resuelta, cuando empataron a uno en Chorzow ante Portugal.

Y se presentaron en el torneo con el respeto ganado cuatro años antes, pero con sus mejores jugadores cuatro años más mayores, un juego bastante más previsible y menos veloz. Aún así, Polonia superó la primera fase empatando sin goles ante Alemania Federal, venciendo por la mínima a Túnez (1-0) y derrotando claramente a México (3-1) para ser primera de grupo.

Sin embargo, en la segunda fase en Rosario no pudieron con los anfitriones en la primera jornada y contemplaron en primera persona el despertar goleador de Mario Alberto Kempes, que anotó sus dos primeros goles en el torneo (2-0). 

Kempes recuperó su olfato goleador ante Polonia.

En la segunda jornada volvieron a caer ante Brasil (3-1) y cerraron su participación con la única victoria en esta segunda fase ante Perú (1-0).

Al final, pese a que la Federación Polaca consideró que la selección había fracasado en el Mundial, objetivamente el sexto puesto no era un mal resultado para Polonia, una selección que había asombrado al mundo cuatro años antes, pero que históricamente no era comparable a las grandes potencias como Argentina, Brasil, Holanda, Alemania, Italia o Francia. 

Parecía que ese sexto puesto cerraba la época gloriosa de Polonia, pero a la Águilas de Gorski, ahora con Antoni Piechniczek al mando, aún le quedaba un último gran torneo para cerrar una época maravillosa. Sin duda, la mejor de su historia.

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Polonia afrontó la fase clasificación para el Mundial 82 con una selección en la que aún coleaban algunos de los viejos mitos y a la que se habían añadido un buen puñado de jóvenes con buen pie. Seguía Lato, que cumpliría 32 años en el Mundial. Seguía “el Diablo” Smarzach, de la misma edad. Seguía Zmuda, el central que ahora era el capitán de equipo. Se había incorporado un atacante nuevo llamado Smolareck. 

Y, sobre todo, contaba con Boniek, el joven que había disputado el Mundial de Argentina con 22 años y que se había convertido a los 26 en la gran estrella del fútbol polaco. De hecho, se lo rifaba media Europa, pese a que aún seguía vigente en Polonia la ley que no permitía a los futbolistas salir a jugar fuera del país hasta que no cumplieran 30 años.

Las Águilas cayeron en un grupo de tres equipos junto a la República Democrática Alemana y Malta, lo que en la práctica significaba que la clasificación se jugaría en los dos partidos ante los alemanes orientales. Polonia venció uno a cero en Chorzow y volvió a vencer en Leipzig por dos a tres para certificar su presencia en España (a Malta la derrotó 0-2 en la Valeta y 6-0 en casa, como era de suponer).

Ya en el Mundial, los polacos abrieron fuego contra Italia en un partido descafeinado y timorato que acabó sin goles. En la segunda jornada, mientras los italianos empataban a uno ante Perú, Polonia tampoco fue capaz de batir a Camerún y volvió a empatar. La última jornada sería definitiva. Italia y Camerún empataron a uno en Vigo, mientras que los de Piechniczek se dieron un atracón en A Coruña cuando más lo necesitaban, con una goleada ante la Perú de Cubillas en una segunda parte sublime en la que fueron cayendo uno a uno todos los goles del encuentro (5-1).

Camerún puso contras las cuerdas a Polonia.

Polonia pasó a la segunda fase del torneo como primera de grupo e Italia, empatada a puntos con Camerún pero con un gol más a favor, pasó como segunda. A los italianos les tocó bailar con la más fea en el grupo de la muerte, donde esperaban la campeona Argentina y la máxima favorita para alzarse con el trofeo, la Brasil de Tele Santana... y de Sócrates, Zico, Falcao y Eder. A Polonia le cayó en suerte Bélgica y la potentísima Unión Soviética de Oleg Blokhin y el guardameta Rinat Dassaev.

Los de Piechniczek empezaron midiéndose a los Diablos Rojos belgas y siguieron con su racha goleadora. A los cuatro minutos de encuentro Boniek ya había hecho el primer tanto y a partir de ese instante Polonia fue imparable. A los 26 minutos, la estrella polaca volvió a marcar y dejó el partido casi visto para sentencia. Por si acaso, en la noche perfecta de Boniek, rubricó el triunfo con el tercer gol a los diez minutos del segundo tiempo.

Los soviéticos no fueron tan contundentes y vencieron a Bélgica en la segunda jornada con un solitario tanto de Oganesian, por lo que del choque entre Polonia y la URSS saldría el semifinalista del torneo. Por goles, el empate clasificaba a Polonia. 

Lato no marcó ante la URSS, pero no hizo falta.

Y los futbolistas de Piechniczek cerraron a los soviéticos todos los caminos del gol para acabar celebrando el empate a cero que les metía en semifinales ocho años después.

Por segunda vez en su historia, Polonia tenía opciones de meterse en la gran final de una Copa del Mundo.

El 8 de julio de 1982, en el Camp Nou de Barcelona, Italia y Polonia volvieron a enfrentarse tras el cero a cero de la primera fase. Los italianos de Bearzot había sido capaces de ganar a la Argentina de Kempes y Maradona (2-1) y a la Brasil de Tele Santana (3-2) a partir de la contundencia defensiva y los goles de Paolo Rossi, que había despertado a tiempo para meter a la azzurra en las semifinales. 

Polonia se iba a enfrentar a un equipo en racha y con la confianza por las nubes. Además, Boniek había visto una tarjeta amarilla contra la Unión Soviética que le impedía disputar las semifinales. Y pasó lo que tenía que pasar. Rossi marcó a los 22 minutos de partido y volvió a hacerlo a falta de un cuarto de hora para sentenciar el pase de Italia a la final. 

De nuevo Polonia se quedaba con la miel en los labios.

Rossi, tocado por la varita, marcó los dos goles ante Polonia.

Pero como en Alemania en 1974, los polacos coronaron el Mundial con una victoria de prestigio que volvió a darles otro histórico tercer puesto. El rival era Francia, que venía de perder en la tanda de penaltis ante Alemania tras una de las prórrogas más brillantes y emocionantes de la historia de la Copa del Mundo. 

Platini, abatido, no jugó el encuentro, pero eso no impidió que los galos se adelantaran en el marcador a los trece minutos con gol de Girard. Sin embargo, los de Piechniczek, con Lato, Smarzach y Boniek en ataque, no sólo no le perdieron la cara al partido, sino que se fueron descaradamente a por él. 

“El Diablo” empató el encuentro a falta de cinco minutos para el descanso y Majewski y Kupcewij dieron la puntilla a los franceses en un final de segunda parte espectacular. El gol de Couriol no fue suficiente y Polonia acabó venciendo por 3 a 2 para cerrar con una nueva victoria de prestigio la época más gloriosa de su historia.

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Boniek marcó cuatro goles en España 82 y entró en el mejor once del torneo, lo que le valió su fichaje por la Juventus de Turín tras unas arduas negociaciones con las autoridades polacas. En la Juve jugó tres temporadas y ganó una Liga, una Copa de Italia, una Recopa, una Supercopa de Europa y una Copa de Europa para convertirse en uno de los mejores jugadores polacos de la historia. 

Boniek en el encuentro ante Francia del Mundial 82.

Aún disputaría con Polonia el Mundial de México 86, donde caería ante Brasil en octavos de final. Tras esa derrota, Polonia no volvería a jugar una Copa del Mundo hasta 2002 en Corea y Japón.

Grzegorz Lato, Bota de Oro de Alemania 74 con siete goles, se retiró en 1984 tras un encuentro ante Bélgica. Disputó tres Mundiales y anotó 45 goles en 104 partidos, convirtiéndose en ese momento en el segundo máximo goleador de la historia de la selección polaca sólo por detrás de su amigo y compañero Lubanski, que había marcado 48 tantos en 75 partidos. 

Lato en el Mundial de Alemania 74.

Luego llegó un tal Robert Lewandowski y los superó a los dos en goles, que no en títulos, ya que el ariete del FC Barcelona sumaba 77 goles en 128 partidos a la conclusión del Mundial de Catar de 2022.

El grandísimo seleccionador Kazimierz Gorski murió en 2006 a los 85 años.

Todo el mundo lo consideraba el Papa del fútbol polaco. 

Kazimierz Gorski en el Mundial de Alemania de 1974. 

El autor de un equipo inolvidable que sorprendió y puso contra las cuerdas a las mejores selecciones durante toda una década y que escribió unas páginas memorables y brillantísimas en la historia de la Copa del Mundo.

jueves, 6 de octubre de 2022

Cubillas y Sotil convierten a Perú en una selección mágica en la década de los setenta

En 1966, un joven centrocampista de 17 años debuta en Alianza Lima. Está llamado a transformar por completo el fútbol peruano. Se llama Teófilo Cubillas, el Nene. Tres años más tarde, en 1968, un joven atacante de 19 años debuta en Deportivo Municipal, en Segunda División, y sus goles llevan a su equipo a la máxima categoría del fútbol peruano. Un año más tarde estaría disputando el Mundial de México 70 junto a Cubillas. Su nombre, Hugo Sotil, el Cholo.

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Teófilo juega a la pelota en las calles de su Puente Piedra natal desde muy pequeñito. Es tan bueno que Alianza Lima se fija en él y le incorpora a sus divisiones inferiores muy pronto. El chico no sólo es un fenómeno con la pelota, sino que es disciplinado, humilde y trabajador y va compaginando sus estudios con su pasión por el fútbol. Se proclama campeón juvenil con Alianza en 1965 y en 1966 y, definitivamente, su calidad le abre las puertas del equipo profesional, con el que debuta con apenas 17 años y anota la friolera de 19 goles en esa primera temporada… ¡Jugando de centrocampista!

El joven Teófilo Cubillas da sus primeros pasos en Alianza Lima.

Hugo da sus primeras patadas a un balón en los campos polvorientos de Ica, al suroeste del país, pese a la prohibición de su madre, que no quiere que rompa el único par de zapatillas del que dispone. El chico es un diablo del regate con los dos pies y es rápido, eléctrico e imaginativo. Tanto, que cuando se traslada a Lima con su familia en plena adolescencia, es el rey de la pelota en todo el Distrito de la Victoria. 

Enseguida se integra, como Cubillas, en las categorías inferiores de Alianza Lima, pero opta por salir y fichar por Deportivo Municipal para tener continuidad. Estamos en 1968 y el chaval se convierte en un ídolo tras liderar a su equipo en Segunda División, marcar goles de todos los colores y convertirse en prácticamente imparable.

La afición, siempre impaciente, ya le reclamaba al seleccionador peruano que lo llamase para debutar con la blanquirroja. Didí, mítico jugador brasileño Campeón del Mundo en Suecia 1958 y en Chile 1962, pide paciencia. Lo llamará, pero sólo cuando demuestre en Primera División las cualidades que ahora luce en Segunda. La temporada siguiente, la 1968-69, Hugo debuta en primera y mete 10 goles en 19 partidos. La puerta de la selección está a punto de ser derribada por la fuerza.

Sotil se convirtió pronto en un ídolo en Municipal.

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Aún sin Sotil, pero con el Nene Cubillas, el defensa y capitán Héctor Chumpitaz, el centrocampista Challe y los delanteros Pedro Pablo, 'Perico' León y Oswaldo Ramírez, la blanquirroja emprendió el camino hacia el Mundial de México 70 en un grupo que compartía con Bolivia y Argentina. Habían de jugar en casa y fuera contra ambos y sólo el campeón del grupo viajaría a tierras aztecas.

Los de Didí empezaron derrotando a Argentina en el Nacional de Lima con un solitario tanto de Perico León, pero cayeron en la altura de La Paz ante Bolivia por dos tantos a uno en un encuentro bochornoso donde el árbitro anuló un gol legal de los visitantes. Los peruanos se vengaron de Bolivia en Lima con una rotunda e incontestable victoria (3-0) y dejaron la clasificación en el aire para el último partido.

Porque Argentina, que había caído también en la Paz (3-1) y en Lima (1-0), se había rehecho con una victoria por la mínima en la Bombonera ante Bolivia (1-0) para llegar con vida al último choque ante Perú. Eso sí, a los argentinos solo les valía la victoria, mientras que los incas estarían en el Mundial de México 70 empatando el choque.

El 31 de agosto de 1969 la Bombonera se viste de gala para presenciar la clasificación de la albiceleste, comandada desde el banquillo por el mítico Pedernera. Pese a todos los problemas económicos que atraviesa la AFA, Argentina tiene en su mano no perderse la Copa del Mundo. De hecho, nunca ha dejado de acudir a una fase final de un Mundial a través de las eliminatorias. Cuando no ha ido, como en Brasil 1950 y Suiza 1954, ha sido porque ha renunciado a jugarlas. A partir de ese momento, eliminatorias mediante, Argentina no ha faltado nunca a un Mundial. Perú, en cambio, sólo ha disputado el Mundial de Uruguay 1930, el primero, y porque la invitaron. Lleva la blanquirroja 40 años sin asistir a una Copa del Mundo. Pero para eso está la historia. Para cambiarla.

Pedernera salió con Cejas de portero; Gallo, Perfumo, Albrecht y Marzolini en defensa; Rubi, Brindisi, Pachamé y Marcos de centrocampistas y Yazalde y Tarabini en la punta del ataque. Pero Didí tenía a Cumpitaz en defensa, a Challe, Cruzado y Cubillas en el medio y la pólvora de Perico León y Oswaldo Ramírez arriba. Además, los jugadores se sentían liberados y sin presión y jugaron como si no les fuera nada en el envite.

Los argentinos no acertaban a meterle mano a una Perú que, siempre que podía, amenazaba con ataques muy bien llevados y peligrosos. La primera parte se fue en un suspiro, sin goles, pero con multitud de ocasiones visitantes que Cejas se encargó de desbaratar una y otra vez ante el asombro de la grada. 

Pero en la segunda parte, tanto va el cántaro a la fuente, que los peruanos hicieron enmudecer la Bombonera con el primer tanto de Oswaldo Ramírez. Se llevaban 20 minutos de la segunda parte y el enorme delantero peruano, que las había tenido de todos los colores, robó un balón en tres cuartos de campo, avanzó por la izquierda del ataque y cruzó la pelota ante la salida de Cejas desde el vértice izquierdo del área. Las cosas se ponían muy feas para los de Pedernera que, lejos de reaccionar, seguían recibiendo las embestidas peruanas una y otra vez.

Perú celebra en el césped de la Bombonera su pasaporte para el Mundial de México 70.

Sin embargo, a falta de ocho minutos para el final, el árbitro pita penalti a favor de Argentina cuando Tarabini sufre una especie de desmayo dentro del área. Pese a las protestas visitantes, Albrecht lo transforma con suspense para meter a toda la Bombonera de nuevo en el partido. 

Pero la esperanza de la clasificación se desvanece pronto. Exactamente dos minutos más tarde, cuando el centro del campo de Perú vuelve a robar la pelota y se la lanza a un Ramírez imparable en carrera, que se planta solo ante Cejas y le eleva la pelota por encima en una suave parábola que echa por tierra todas las opciones argentinas. 

Ramírez ha vuelto a adelantar a Perú para meterla en el Mundial 40 años después. El gol de Rendo ya sobre la hora no cambia nada. Tan solo complica mucho los últimos estertores del partido con una Argentina volcada sobre el área inca. Pero, al final, el árbitro pita. Perú está de fiesta. Argentina llora la eliminación.

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Los casi once meses que restan para el Mundial los pasa Didí ajustando su selección. Bueno, más bien haciéndole hueco al Cholo Sotil, que se lo ha ganado casi a codazos. Al delantero lo convoca Didí para un amistoso en febrero ante Bulgaria que los europeos ganan con solvencia por dos a cero al descanso con Sotil en el banco. 

Ahora que ya se permiten dos cambios, Didí lo saca en la segunda mitad. El joven delantero se come a toda Bulgaria él solito ante la alegría de los aficionados que llenan el Nacional de Lima y Perú remonta el encuentro para ganar por 5 a 3 con tres tantos de un Sotil que se acaba de sacar el pasaje a México.

Y, casualidades de la vida, el debut de Perú en México la enfrenta de nuevo a Bulgaria. Los búlgaros, más físicos, dominan el partido en la primera mitad. Y se adelantan muy pronto, a los trece minutos de juego, en una jugada ensayada. Simulan un lanzamiento de falta lejano, pero el lanzador la mete rasa al borde del área para que el atacante búlgaro la deje de cara para la entrada de Dermendzhiev, al que nadie ha seguido. El león búlgaro lanza un zapatazo cruzado que Rubinos no puede detener. Perú no parece Perú hasta el momento. Juega nerviosa y atenazada todo el primer tiempo.

Y la segunda mitad empieza aún peor. Porque a los cuatro minutos el colegiado pita una falta en la frontal que el centrocampista Bonev lanza con mucha fuerza por encima de la barrera. Rubinos da un paso hacia el palo que tapa su barrera y llega perfectamente a atrapar el lanzamiento, pero, al ir a coger la pelota arriba, se le escurre entre las manos y se mete en su portería. Dos a cero y desastre total.

Los búlgaros se adelantan dos a cero en el debut mundialista.

Por suerte para Perú, a la jugada siguiente Gallardo acierta con la portería búlgara tras una jugada individual por la parte izquierda que acaba con un disparo inapelable ante el que nada puede hacer el portero Simeonov. 

En esas, Didí decide hacer su primer cambio. 

Quita del terreno de juego al centrocampista Baylón y mete al Cholo Sotil nada más hacer el gol. Tres minutos después, el Cholo gambetea en la raya del área rodeado de contrarios y le tienen que dar un patadón tremendo para evitar males mayores. El árbitro no pita penalti. Pita falta directa con el balón a un centímetro de la raya que marca el área. Chumpitaz coge carrera, le pega fuerte y raso y, aun resbalándose, su golpeo es preciso y se cuela raso por el palo largo. 

Dos a dos en apenas cinco minutos y las espadas en todo lo alto de nuevo con 35 minutos por delante. Como en el amistoso de hace apenas unos meses, la presencia de Sotil lo cambia todo. Y aún falta por aparecer Cubillas.

Perú empató el partido con un libre directo de Chumpitaz.

Y aparece, vaya si aparece. Coge el Nene el esférico en tres cuartos de campo, por el centro, y encara a los defensores búlgaros con el balón cosido al pie derecho, acercándose al área con velocidad. Cuando ya está en el balcón del área se acomoda la pelota para el disparo y lanza un tiro raso y durísimo que el portero no tiene tiempo de ver. Perú ha remontado de nuevo ante Bulgaria, pero esta vez lo ha hecho en un Mundial. Y el mundo entero lo ha visto.

El segundo partido de la blanquirroja es ante Marruecos, que ha vendido muy cara su piel ante Alemania, la actual subcampeona del mundo. Al final los africanos cayeron por 2 goles a 1, pero tienen la intención de seguir luchando también ante Perú. En el Nou Camp de León los de Didí también son conscientes de que una victoria les metería en cuartos de final y salen al partido concentrados y tensos. Didí ha dado entrada a Sotil desde el principio y monta un ataque con Gallardo, León y el Cholo y Cubillas con libertad por detrás de ellos. La primera parte es de fogueo, todo pasa en la segunda.

A los veintiún minutos de la reanudación, Perú ataca por enésima vez la defensa marroquí. El balón le llega a Sotil dentro del área, caracolea dejando atrás a su par para acabar golpeando a portería. El meta Ben Kassou despeja su disparo, pero entonces aparece Cubillas desde atrás para coger el rechace y meterlo en el fondo de las mallas. Uno a cero y la lata ya está abierta.

Prácticamente en la siguiente jugada, Perú inicia su ataque por el centro, a velocidad de vértigo. El balón, después de pasar por tres o cuatro jugadores que la sueltan a la primera con taconazos incluidos, le llega al centrocampista Challe, que viene desde atrás como un ciclón, recorta a dos defensas marroquíes y le pega desde dentro del área para hacer el segundo. El partido estaba resuelto, pero, por si acaso, aún anotaría Cubillas el tercero para afrontar el choque ante Alemania con el billete para cuartos de final sacado.

Cubillas certificó el pase de Perú a cuartos de final con el 3 a 0.

Los alemanes le dieron a Perú el primer baño de realidad en un encuentro que dirimía quién sería primero de grupo y quién segundo. Parece poca cosa, pero no lo es, porque el primero se verá las caras contra Inglaterra, actual campeona del Mundo, pero el segundo se cruzará con Brasil, la máxima favorita y que ya ha derrotado a los ingleses en su grupo. Y por lo visto en el partido, las dos selecciones preferían enfrentarse a Inglaterra, porque salieron a ganar desde el primer minuto de encuentro.

La primera ocasión fue blanquirroja, con un disparo lejanísimo de Challe con muy mala intención que se marchó alto por muy poco, con Sepp Maier volando por si acaso hacia su escuadra izquierda. 

Pero el que dio primero fue Alemania. Müller, concretamente. ¿Quién iba a ser si no? Libuda, un auténtico quebradero de cabeza para la defensa inca hasta ese momento, sacó un centro desde la derecha al corazón del área, el central peruano saltó y no llegó a despejar y Torpedo Müller, que se había agazapado tras él, aprovechó para bajar la pelota con el pecho y colocarla de derecha al fondo de las mallas. Tan sólo se llevaban jugados 19 minutos de encuentro.

Siete minutos más tarde fue Loerh quien desarboló a la defensa peruana por la banda izquierda. Caracoleó, buscó el uno contra uno, ganó casi la línea de fondo y metió un pase raso al corazón del área para que lo volviera a cazar el que las caza todas: Torpedo Müller. Dos a cero.

Perú lo intentó, pero los alemanes defendieron muy bien y sólo dejaron a los de Didí la opción de disparar desde lejos, un recurso poco efectivo ante un guardameta como Maier. Y así, con paciencia y sin sufrir, los alemanes hicieron el tercero. Uwe Seeler se descolgó hacia la derecha y tiró un centro preciso a la cabeza de Müller que remató con una parábola preciosa para cerrar el partido a seis minutos del descanso. 

Alemania bajó de las nubes a una exuberante Perú.

La atractiva Perú estaba recibiendo un correctivo muy severo. 
Demasiado severo, quizá. 

Al menos, justo antes del descanso, Cubillas maquilló el resultado al anotar de falta directa (y con mucha fortuna porque el balón rebotó en un jugador de la barrera y despistó a Maier) el 3 a 1 con el que acabó la primera parte y el partido. Alemania viviría su particular venganza contra Inglaterra y Perú se vería las caras con la Brasil de los 5 Dieces.

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El 14 de julio de 1970, en Jalisco, Brasil y Perú saltaron al césped a disputar los cuartos de final de la Copa del Mundo. Un partido que se preveía divertido y alegre atendiendo a la propuesta que ambas selecciones habían hecho hasta ese instante en el torneo. La Brasil de Mario Zagallo (que antes lo fue de Saldanha) contra la Perú de otro brasileño, compañero de selección de Zagallo y también de Pelé en el 58 y en el 62, Didí.

Didí era el técnico de Perú en 1970.

Brasil salió como siempre, con Clodoaldo anclando defensivamente al equipo en el centro del campo mientras Gerson, Tostao, Rivelino, Pelé y Jairzinho creaban el peligro arriba. Perú, en cambio, aunque tampoco renunció a la manera de jugar que le había llevado hasta allí, sí apostó por dejar a Sotil en el banco y volver a jugar con Baylón en el centro del campo, como en el primer encuentro ante Bulgaria.

El partido empezó eléctrico, con los brasileños queriendo resolver pronto la papeleta, como si tuvieran prisa por gestionar un trámite que no querían que se les complicara. A los tres minutos Pelé recibió en el vértice del área un pase profundo de Gerson, controló, se fue de su par, encaró al portero peruano y golpeó suave una pelota que se estrelló en el palo izquierdo de Rubinos. El rechace lo recogió el mismo Pelé, que vio llegar a Gerson desde segunda línea y le metió un pase de tacón que el centrocampista desaprovechó con un disparo alto. Mal inicio para los intereses peruanos. 

Sobre todo porque los brasileños llegaban constantemente y por todos lados al área peruana. Rivelino disparó fuera una falta y tuvo otro remate franco desde la frontal tras un centro de Tostao. Y Jairzinho no llegó por muy poco a culminar una buena jugada de toda la delantera canarinha. 

Hasta que un centro de Jairzinho desde la izquierda lo despejó flojo un central peruano, Gerson controló el esférico con el pecho en la frontal y la dejó suave para la llegada de Rivelino por la izquierda que se sacó un remate seco, cruzado, que golpeó en el palo antes de meterse en la meta de Rubinos. No habían pasado ni once minutos y Perú ya perdía uno a cero y parecía estar pidiendo la hora.

Y nada cambió en los siguientes cuatro minutos. Porque Brasil recuperó la pelota tras el saque de centro de Perú y volvió a lanzarse al ataque. A Pelé le hicieron una falta en la frontal que Rivelino estrello contra la barrera, el rebote acabó en centro y el remate en córner. En el saque de esquina, sacado en cortito, Tostao se la dio a Rivelino, que se metió hacia dentro sólo para dejarle sitio por fuera a Tostao, a quien le devolvió una pelota maravillosa que el genial brasileño acabó rematando a portería por el palo del portero que se comió un remate que no esperaba. 

Dos a cero para Brasil en 14 minutos. 
Olía a goleada de las buenas.

Pero entonces Brasil bajó un poco el pistón, como no podía ser otra manera después de un largo asedio de veinte minutos, y Perú empezó a pisar el campo contrario con más asiduidad. Gallardo se quedó solo ante Félix, pero el meta le adivinó la intención y, acto seguido, Pelé intentó una vaselina imposible ante Rubinos. 

La blanquirroja perdía 2 a 0, pero el choque se había equilibrado. Y más cuando en el minuto 25 Gallardo cogió una pelota en posición de extremo izquierdo, se fue de su par y remató al palo del portero para devolverle a Félix la que Tostao le había hecho antes a Rubinos. Para dentro. 

Después del vendaval, el partido se iba al descanso con ventaja mínima brasileña y la sensación de que estábamos contemplando un choque espectacular con ocasiones que se sucedían en las dos porterías.

Pelé fue un peligro constante para la zaga peruana.

La segunda mitad comenzó como la primera, con Brasil abalanzándose como un lobo sobre su presa, presionando arriba y generando llegadas con paredes que acababan en tiro o en faltas peligrosas al borde del área. 

Hasta que en el minuto siete Brasil se metió en el área peruana a base de paredes, Jairzinho dejó solo a Pelé, que encaró al portero e intentó un pase hacia el medio templando el balón, con la suerte de que golpea en un defensa, supera la salida del portero y queda totalmente franco para el remate de Tostao a puerta vacía. Un acelerón de entrada y Brasil volvía a poner tierra de por medio. Tres a uno y, de nuevo, parecía que el partido se había acabado.

Pero, como en la primera parte, Perú despertó y se fue quitando de encima poco a poco la presión de la canarinha para ir acercándose de nuevo a los dominios de Félix. Además, con la entrada de Sotil el peligro blanquirrojo era aún mayor. 

Y a los veinticinco minutos de juego llegó el premio. Sotil intentó una pared con Gallardo por el centro del área, no consiguió controlar la pelota con el pecho en la devolución, pero quedó suelta un metro por detrás del punto del penalti y allí apareció Cubillas para empalmarla con un disparo ajustado y raso que batió a Félix. Tres a dos y veinte minutos para intentar la proeza.

Fue un espejismo, porque Brasil se defendió atacando y Jairzinho marcó el 4 a 2 cinco minutos después y dejó el partido definitivamente cerrado, pese a que ni unos ni otros dejaron nunca de buscar la portería contraria. Al final, la Brasil de los 5 Dieces jugaría la semifinal contra la otra selección sudamericana que quedaba viva en el torneo, Uruguay, mientras que Perú se iba a casa con la cabeza muy alta, después de demostrar al mundo que su fútbol estaba a la altura de los mejores.

Perú dio la cara ante la Brasil de los cinco Dieces.

Evidentemente, Brasil ganó el torneo y levantó su tercera Copa del Mundo tras eliminar a Uruguay (3-1) y vapulear a Italia en la final (4-1) de uno de los mejores campeonatos que se recuerdan. Por fútbol. Y por partidos tan extraordinarios como el Brasil-Perú o el Alemania-Italia de las semifinales, que está considerado el partido del siglo.

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A la vuelta del Mundial, en 1971, Sotil y Cubillas, el Cholo y el Nene, coincidieron en una gira que unió a sus dos equipos, Deportivo Municipal y Alianza Lima, para enfrentarse a las mejores escuadras europeas. La Dupla de Oro, como ya empezaban a ser conocidos, se ventiló en un pispás al Benfica de Eusébio y al Bayern de Múnich de Maier, Beckenbauer, Breitner y Müller para dejar al mundo boquiabierto. De hecho, en 1972, Cubillas fue nombrado el mejor futbolista de América, por delante de un tal Pelé.

En 1973, una delegación del FC Barcelona se desplazó a Perú para fichar a Hugo Sotil, mientras que el magnate suizo Ruedi Reisford se interesó en Cubillas. Sotil ni se lo pensó y formó por el club catalán donde estaba a punto de aterrizar nada más y nada menos que Johan Cruyff, para formar junto al Cholo un ataque temible que se llevaría la liga y golearía al Real Madrid por cero a cinco en el Santiago Bernabéu. 

Sotil jugó junto a Johan Cruyff en el FC Barcelona.

Cubillas, en cambio, pidió una cantidad astronómica por su traspaso, 300.000 dólares de la época, pensando que el suizo renunciaría a su fichaje, pero Reisford reunió el dinero y el Nene se embarcó con destino a Basilea.

Mientras Sotil se ganaba el afecto y el cariño de la afición del Barça y era feliz en el equipo y en la ciudad, Cubillas no se adaptaba a Suiza y, al final, tras seis meses en tierras helvéticas, el Oporto lo fichó por 400.000 dólares. 

Y allí el Nene volvió a sentirse futbolista y a enamorar a sus aficionados. Jugaría tres años con los Dragones con el 10 a la espalda en los que tendría tiempo suficiente para convertirse en el capitán del equipo, en el máximo goleador y en el ídolo de la afición. Marcó 66 goles en 110 partidos y, pese a que no pudo ganar la liga, logró una Copa de Portugal, jugó una final más y obtuvo dos subcampeonatos.

Los dos, Cubillas y Sotil, regresaron a Perú en 1977 para jugar juntos en Alianza Lima, donde dejaron una huella imborrable y vivieron una de las etapas más exitosas del gran club peruano, pero, vayamos paso a paso.

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Mientras la Dupla de Oro triunfaba en Europa, la selección de Perú vivió una de cal y una de arena. La magnífica blanquirroja que había sorprendido al mundo en México 70 no logró clasificarse para el Mundial de Alemania 74 tras caer en el partido de desempate con Chile, pero, por el contrario, consiguió una de las mayores gestas de su historia un año más tarde.

En la Copa América de 1975, Perú cayó en un grupo con Chile y Bolivia. Jugaban todos contra todos a doble partido y el campeón se clasificaba para las semifinales, que también serían a doble partido. Los incas empataron en Chile y ganaron en Bolivia, para rematar la clasificación con dos victorias en casa por 3 a 1 ante esos mismos rivales.

En semifinales, a Perú le tocó bailar otra vez con Brasil. El partido de ida se jugó en Belo Horizonte y la blanquirroja dio la campanada venciendo por 1 a 3 en un partido espectacular. 

Perú venció en Belo Horizonte contra todo pronóstico.

Pero la vuelta en el Nacional de Lima no les fue tan bien. La canarinha ganó 0 a 2 y el finalista se habría de resolver mediante sorteo. Esta vez la fortuna sonrió a Perú, que disputaría la final de la Copa América ante Colombia.

La final de la Copa América de 1975 también estaba prevista a dos partidos. En el encuentro de ida en Colombia los incas cayeron por un gol a cero, por lo que estaban obligados a ganar en Lima si querían seguir con posibilidades de alzar el segundo Sudamericano de su historia. El primero lo habían ganado… ¡en 1939! Y en Lima, ante su público, Oblitas y Ramírez fueron los goleadores para Perú, que derrotó a Colombia por 2 a 0 para forzar un partido de desempate en terreno neutral.

El lugar escogido fue Caracas. El día, el 28 de octubre de 1975. Hugo Sotil, que no había podido disputar ningún partido de la Copa América hasta el momento porque el Barcelona no le dejaba incorporarse a la selección en plena liga española, se desplazó a Caracas para disputar la final. Hay quien dice que se escapó sin permiso del club, arriesgándose a una sanción importante, mientras que otros apuntan a que el club le habría dado permiso para jugar sólo la final y negado el resto de partidos de la competición en una especie de acuerdo tácito. 

El caso es que Sotil estaba en proceso de nacionalización en España para no ocupar plaza de extranjero en Barcelona y eso había suscitado muchas críticas en el país. Todas se silenciaron el 28 de octubre de 1975 cuando el Cholo marcó, en el minuto 25, el único gol del partido que sirvió para que Perú levantase la segunda Copa América de su historia y, hasta hoy, la última.

Los peruanos celebran el gol de Sotil que les dio la Copa América.

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Con la Dupla de Oro jugando juntos en Alianza de Lima a las órdenes del entrenador uruguayo Juan Eduardo Hohberg, el equipo gana las ligas de 1977 y 1978 y se convierte en la base de la selección peruana que se clasificó para el Mundial de Argentina 78 con ocho jugadores suyos: Cubillas, Sotil, Jaime Duarte, Velasques Castillo, César Cueto, Guillermo La Rosa, Roberto Rojas y Juan Cáceres.

Curiosamente, Sotil fue el alma de esa selección en la fase de clasificación por la lesión de Cubillas y en tierras argentinas se intercambiaron los papeles: Sotil estaba recuperándose de una lesión y no fue titular, mientras que Cubillas se echó a la espalda el equipo, volvió a marcar cinco tantos, como en México 70, y ayudó con sus goles a clasificar de nuevo a la blanquirroja para la liguilla de cuartos de final.

De hecho, Perú sorprendió a todos con una primera fase extraordinaria en Argentina. Comenzó venciendo a Escocia por 3 a 1 con dos tantos del Nene y otro de Cueto, empató sin goles ante la poderosa Holanda de Ernst Happel (después los tulipanes jugarían la final del torneo) y se deshizo sin miramientos de Irán (4-1) para clasificarse para la liguilla de cuartos como primera de grupo.

Pero en la segunda liguilla llegó el desastre. La blanquirroja perdió por 3 a 0 ante Brasil, volvió a caer por 1 a 0 ante Polonia y cerró el grupo con la derrota más dolorosa de todas, el 6 a 1 ante Argentina que metió a los de Menotti en la final ante Holanda a costa de Brasil, un partido sobre el que todavía hoy recae la sospecha del amaño. 

Perú cayó goleada ante Argentina en el partido decisivo del Mundial.

Triste epílogo mundialista para una selección peruana que había vuelto a competir con las mejores.

Sin embargo, tras el Mundial de Argentina, las dos estrellas de la blanquirroja empezaron a perder fuelle, sobre todo Sotil, que era más de la buena vida y se cuidaba menos que Cubillas. El Cholo había emigrado a la liga colombiana y ya no era el de antes, mientras que el Nene se había marchado a Estados Unidos, al Fort Lauderdale Strikers, donde compartió vestuario con Torpedo Müller. 

Cubillas siguió siendo un referente en una selección peruana que volvió a clasificarse para el Mundial de España 82. El problema es que no se había producido el relevo generacional y Cubillas ya tenía entonces 33 años. Sotil, para entonces, ya estaba semiretirado del fútbol y no disputó ni la fase de clasificación ni el Mundial 82.

Perú llegó a España haciendo ruido, como siempre, con su fútbol alegre y desenfadado que le había servido para imponerse en partidos amistosos a potentes selecciones europeas, como Hungría o la mismísima Francia de Michel Platini, pero en el torneo no estuvieron a la altura. 

Cayó la blanquirroja en un grupo difícil con Italia, Camerún y Polonia y se desinflaron totalmente en la última jornada. Al empate sin goles ante la sorprendente Camerún le siguió otro empate, esta vez a uno, ante Italia. Aún así, llegaron al partido que cerraba el grupo con posibilidades de clasificarse para la liguilla de cuartos de final, pero Polonia los arrolló y les endosó un 5 a 1 que los mandó para casa. 

Polonia no tuvo piedad de Perú y la envió para casa con una goleada.

Por primera vez en una Copa del Mundo, Teófilo Cubillas volvía sin marcar un gol: había hecho cinco en México 70 y otros cinco en Argentina 78.

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Cuando el Nene colgó las botas, lo hizo con un bagaje descomunal que incluye los 165 goles que marcó con Alianza Lima y los 268 que marcó en la máxima categoría del fútbol peruano, portugués y norteamericano. Además, aún es el máximo goleador histórico de la selección de Perú con 26 tantos en 81 partidos, y de ellos 10 los hizo en los Mundiales. Por si fuera poco, era un jugador tan limpio que nunca lo expulsaron en toda su carrera.

El Cholo Sotil tampoco se queda atrás. Se retiró habiendo hecho 106 goles en la máxima categoría del fútbol peruano, español y colombiano y otros 18 más vistiendo la zamarra de blanquirroja de Perú. Como Cubillas, es admirado en todos y cada uno de los clubes en los que ha jugado y ha dejado una huella imborrable en todos los amantes del fútbol por sus regates imposibles, su velocidad y su audacia.

Con Cubillas y Sotil, la selección peruana, que sólo había disputado el Mundial de Uruguay de 1930, llegó a los cuartos de final del Mundial de México 70 y de Argentina 78. Ya sin Sotil pero aún con Cubillas, Perú cayó en la primera fase del Mundial 82. 

Cubillas y Sotil, los referentes de Perú en el Mundial de México 70.

Tras esos tres torneos seguidos, la blanquirroja necesitó 36 años para volver a participar en la fase final de una Copa del Mundo. Fue en Rusia en 2018 y no pudo pasar de la primera ronda. Cuatro años después, camino de Catar, la selección de Ricardo Gareca se ahogó en la orilla, en el partido de repesca ante Australia, cuando lo fiaron todo a la lotería de los penaltis tras 120 minutos sin goles y salió cruz.

Por eso muchos peruanos cierran los ojos y echan la vista atrás con añoranza, imaginando a Chumpigaz imponiéndose a los delanteros rivales y sacando la pelota jugada desde atrás, a Challe organizando el juego, a Perico León y a Gallardo perforando las porterías contrarias. 

Y a dos tipos sencillos y humildes, Teófilo Cubillas y Hugo Sotil, convirtiendo el fútbol en una de las artes más bellas. Convirtiendo todos ellos a Perú en una selección mágica y brillante que enamoró a los amantes de este precioso deporte en la década de los setenta.