"El fútbol es la única religión que no tiene ateos", Eduardo Galeano
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martes, 5 de abril de 2022

Uruguay 1930 (4). La final: La Batalla del Río de la Plata

Dicen las crónicas que más de 20.000 aficionados ar­gentinos intentaron cruzar en todo tipo de embarcaciones el Río de la Plata el 30 de julio de 1930 para presenciar la final del primer Campeonato del Mundo. Querían apoyar a su equipo después de todo lo que habían padecido durante la competición (en los diarios argentinos se podía leer que los seguidores uruguayos no dejaban dormir a los albicelestes por las noches o que iban a silbarles e insultarles en todos los entrenamientos). 

Todos esos aficionados argentinos que intentaron desplazarse fueron registrados escrupulosamente en la frontera para que no entraran armas al país. Se trataba también de una medida disuasoria que dilataría su llegada y, con suerte, no llegarían a tiempo a la final y se volverían para casa. Parece ser que, aún así, unos 15.000 argentinos estuvieron presentes en el estadio Centenario. Y así, en medio de este ambiente, se presentaba al mundo la primera final de la historia de un Mundial de fútbol.

El público llenó el recién inaugurado Centenario para presenciar la final del Mundial de 1930.

El estadio Centenario estaba lleno hasta la bandera (la FIFA habla de 90.000 espectadores) y Uru­guay salió al campo dispuesta a demostrar por qué era doble campeona olímpica. Cuando Dorado anotó el uno a cero de tiro cruzado, el estadio estalló, después de un inicio arrollador de los charrúas. Pero los argentinos no se acogotaron en ningún momento pese al ambiente en el estadio. El sensacional Peucelle empató el choque a los 20 minutos y eso dio mucha tranquilidad a los visitantes y llenó de nervios a los locales y a su propia hinchada.

Poco a poco, Argentina empezó a dominar el partido, a desactivar a los charrúas y a llegar con peligro a la portería defendida por Ballestreros. Aunque sería en una gran contra cuando dejarían helado a un país entero. El Manco Castro había estrellado el balón en la cruceta argentina casi con violencia, pero el rebote le llegó a Monti, que le metió un pase preciso a Stábile que el capitán uruguayo Nasezzi no logró interceptar (aunque levantó la mano reclamando un fuera de juego que el árbitro no concedió). El ariete argentino, máximo goleador del torneo, fusiló al meta local para marcar el 1 a 2. Corría el minuto 37 y a Uruguay entera se le cortó la respiración.

Guillermo Stábile, máximo goleador del Mundial de 1930.

La primera parte acabó con una trifulca monumental camino de los vestuarios. Las reclamaciones uruguayas en el gol argentino seguían y entre los contendientes saltaban chispas. La batalla del Río de la Plata era una auténtica realidad.

Pero cuando los dos equipos volvieron al terreno de juego en la segunda parte algo había cambiado. El paso por los vestuarios le vino bien a los charrúas y, especialmente, a dos de los jugadores con más personalidad que se hicieron cargo de la situación: el capitán Nassazi y el Negro Andrade, que habían ido uno por uno mirando a los ojos de sus compañeros y recordándoles qué significaba aquel partido para todos ellos.

La intensidad uruguaya y la fuerza desplegada (unidas a los ánimos desde la grada) hizo que los argentinos retrocedieran poco a poco y ya sólo metían miedo con los escasos balones que tocaban Peucelle o Stábile.
 
Pronto, en el minuto doce de la segunda parte, Pedro Cea, el empatador olímpico, volvió a hacerlo (empatar, se entiende) y equilibró las fuerzas anotando el dos a dos. El veterano extremo charrúa, que ya había sido esencial en los oros olímpicos de Amberes y Ámsterdam, culminó una trayectoria espectacular con su quinto tanto en el torneo que sirvió para empezar a ganar la final, porque, a esas alturas del partido, los argentinos casi habían claudicado ante el empuje charrúa.

El Centenario gritaba y animaba a los suyos, mientras los argentinos ya iban claramente perdiendo gas. Y el estadio entero volvió a estallar en el minuto 23 de la segunda mitad, cuando el extremo Santos Iriarte enganchaba un disparo muy potente desde unos treinta metros para batir de nuevo a un sorprendido Botasso y llevar al delirio a todo un país.

Ahora tocaba defender el 3 a 2 con uñas y dientes, pero lo cierto es que los uruguayos no sufrieron en exceso con las embestidas argentinas, replegaron y contragolpearon con peligro y, al final, el Manco Crespo acabó firmando el 4 a 2 definitivo de cabeza tras un centro perfecto de Dorado.

Así fue como la primera Copa del Mundo se quedó en Uruguay, que volvió a demostrar que era la mejor selección del mundo. En seis años podía presumir de haber ganado dos oros olímpicos y el primer mundial de la historia. ¡Casi nada!

La selección de Uruguay que se proclamó Campeona del Mundo en 1930.

Los charrúas cerraron con este partido una época gloriosa y les tocó esperar 20 años para conseguir otra gesta más grande aún en Maracaná, ante la mismísima Brasil. Argentina, en cambio, habría de esperar un poco más, concretamente 48 años, ya que no volvería a jugar otra final de la Copa del Mundo hasta el Mundial de 1978. Allí el resultado sería muy diferente, pero eso ya es otra historia.

jueves, 27 de enero de 2022

El mal fario de Holanda (3). Sudáfrica 2010

El 11 de julio de 2010 en Johannesburgo la selección holandesa volvía a plantarse en una final del Mundial 32 años y 8 torneos después. Enfrente estaba la actual campeona de Europa, España, que afrontaba por primera vez en su historia la final de una Copa del Mundo. 

Ciento veinte minutos después los holandeses volvían a llorar de tristeza mientras España entera salía a la calle con lágrimas de alegría. Los tulipanes perdían su tercera final de un mundial en el minuto 116 de partido, después de haber tenido en los pies de Robben una ocasión de oro para marcar y levantar el ansiado trofeo. 

Pero la historia la escribió el pie de Casillas y el de Andrés Iniesta y dejó nuevamente a Holanda con la miel en los labios 32 años después.

***

Tras la derrota en la final del Mundial de 1978, a Holanda le costó prácticamente una década contar con una generación de futbolistas cuyo talento se aproximara al de la mítica Naranja Mecánica. De hecho, no se clasificaron para los Mundiales de España 82 ni de México 86, así como tampoco para la Eurocopa de Francia en 1984. 

Pero en 1988 todo cambió. Con Rijkaard, Van Basten, Gullit, los hermanos Koeman o el meta Van Breukelen y bajo la batuta del mismo Rinus Michels que dirigió el Mundial 74, los tulipanes reverdecieron sus laureles y ganaron un título que la Naranja Mecánica Original nunca pudo ganar: la Eurocopa de 1988.

Van Basten celebra su golazo en la final de la Eurocopa 88. 

Sin embargo, en la Copa del Mundo, esa generación no pudo acercarse al hito de los Neeskens, Cruyff y compañía luchando por el trofeo. 

En el Mundial de Italia 90, siendo campeona de Europa, hizo las maletas en octavos de final al cruzarse en su camino Alemania, que acabaría alzando la Copa. 

Para el Mundial del 94 se añadió Bergkamp al elenco de estrellas, pero la selección orange cayó en cuartos de final, de nuevo ante la futura campeona, Brasil.

En Francia 98 una generación nueva, pero igualmente talentosa, había sustituido completamente a los Koeman, Gullit, Van Basten y compañía. Eran el mencionado Bergkamp en plenitud, Seedorf, Davis, Kluivert, Cocu o los De Boer. Y en Francia estuvieron a un paso de meterse en la final del Mundial, pero en semifinales los volvió a apear Brasil en una cruel tanda de penaltis.

Cuatro años más tarde, después del fiasco de la Eurocopa de 2000 disputada en Bélgica y Holanda (volvieron a llegar a semifinales y volvieron a caer en la tanda de penaltis, esta vez ante Italia), Van Gaal fue el escogido para dirigir la selección, pero no pudo clasificarla para el Mundial de Corea. 

Fue destituido y Dick Advocaat se hizo cargo del equipo hasta la Eurocopa de 2004, donde volvieron a llegar a semifinales y donde volvieron a caer, esta vez ante Portugal.

Entonces fue Marco Van Basten quien tomó el relevo y clasificó a la selección para el Mundial de Alemania en 2006 donde los lusos se cruzaron de nuevo en su camino en octavos de final y los volvieron a eliminar en uno de los partidos más sucios y lamentables de una Copa del Mundo con 4 expulsados y 16 tarjetas amarillas en la denominada Batalla de Núremberg. 

Jugadores del talento de Robben, Van Persie, Cocu, Sneijder, Deco, Cristiano Ronaldo o Figo dándose patadas y olvidándose de jugar al fútbol es una de las peores imágenes que se recuerdan de ambas selecciones.

Una de las muchas trifulcas de la Batalla de Núremberg. 

Pese a la mala imagen del equipo en el Mundial, van Basten siguió al frente de la selección y se clasificó para la Eurocopa de 2008, celebrada en Austria y Suiza. 

Los de los Países Bajos hicieron una primera fase espectacular, con un pleno de victorias en un grupo complicadísimo ante Italia, Francia y Rumanía. Pero en el cruce de cuartos de final, una sorprendente Rusia fue mucho mejor que los holandeses y los mandó para casa con un contundente 3 a 1.

***

Tras la Eurocopa de 2008, Bert Van Marwijk se convirtió en el nuevo seleccionador y clasificó al equipo para el Mundial de Sudáfrica. La selección de Van Marwijk no era, ni de lejos, la más talentosa que había tenido Holanda en su historia, pero contaba con jugadores como Van Persie, Robben, Sneijder o Dirk Kuyt con capacidad para hacer daño a las defensas rivales. 

Y detrás montó un bloque serio y compacto con jugadores como Van Bommel, Nigel de Jong, Van Bronkhorst, Mathijsen o Heitinga para ayudar al meta Stekelenburg. Atrás quedaban los tiempos de Van Basten, Gullit, Rijkaard, Koeman, Bergkamp, Van Nistelrooy, Overmars, los hermanos De Boer, Seedorf, Davis o Patrick Kluivert.

En el Mundial, los de Van Marwijk no estaban entre las quinielas de favoritos, pero, sin hacer ruido y con bastante solvencia, fueron avanzando en el campeonato. Ganaron a Dinamarca, Japón y Camerún en la primera fase y se clasificaron como primeros de grupos con 5 goles a favor y sólo 1 en contra.

En octavos de final sufrieron un poco más de lo previsto para eliminar a Eslovaquia, pero los goles de Robben y Sneijder, que estaban haciendo un magnífico campeonato, solventaron un compromiso al que los eslovacos le dieron emoción con un gol en el descuento.

En cuartos de final esperaba Brasil, que había ventilado su cruce de octavos ante la Chile de Marcelo Bielsa en un santiamén (3 a 0). Los brasileños salieron con Robinho y Luis Fabiano en ataque y con Kaká en la sala de máquinas y a los diez minutos se pusieron por delante, pero no contaban con la reacción neerlandesa tras el descanso. 

Los de Van Marwijk salieron convencidos de sus posibilidades de victoria, presionaron un poco más arriba, fueron más agresivos y los brasileños no supieron frenarles. Los dos goles de Sneijder dieron la vuelta al partido y mandaron a los cariocas para casa. De repente, Holanda había puesto sobre la mesa su candidatura al título.

Los goles de Sneijder noquearon a los brasileños.

Uruguay esperaba en semifinales después de haber sufrido muchísimo ante Ghana. La primera parte acabó con empate a uno y las espadas en todo lo alto, pero mediada la segunda parte, en apenas 3 minutos, los holandeses parecían sentenciar la semifinal con dos goles de Sneijder i Robben. Los charrúas lucharon hasta el final y redujeron distancias en el descuento con un gol de Maxi Pereira y casi, casi empatan en un arreón final pleno de orgullo.

***

El 11 de julio de 2010, en Johannesburgo, Holanda y España buscaban su primera estrella.

Y, sorprendentemente, los neerlandeses renunciaron a jugar y se dedicaron a romper la concentración de los españoles a base de juego subterráneo que los colegiados no supieron parar. Los campeones de Europa empezaron mejor y tuvieron varias ocasiones, pero el juego holandés descentró a los estilistas españoles y poco a poco fueron perdiendo el dominio y el peso en el partido.

Así entró De Jong a Xabi Alonso en Johannesburgo.

Holanda se volvió muy peligrosa en la segunda parte y las contras empezaron a ser letales. Robben tuvo el triunfo en sus botas, pero el pie de Casillas le impidió tocar la gloria y el choque se marchó a la prórroga. 

Y ahí, en el tiempo extra, como en 1978 en Argentina, los holandeses perdieron otra final. Su juego al límite produjo la expulsión de Heitinga a falta de 10 minutos y, para entonces, los de Van Marwijk ya esperaban desesperadamente la tanda de penaltis mientras España intentaba apurar sus últimas opciones.

Al final, en el minuto 116, apareció Andrés Iniesta para dar a España su primera Copa del Mundo y dejar a Holanda de nuevo con la miel en los labios. 

Por tercera vez.

El mal fario de Holanda (2). Argentina 1978

Al Mundial de Argentina de 1978 la selección holandesa se presentó después de liderar con solvencia su grupo de clasificación europeo, donde ganó cinco partidos y tan solo empató uno (2 a 2 ante Irlanda del Norte). 

Una clasificación cómoda ante unos rivales asequibles de la mano de Jan Zwartkruis, quien hubo de dar un paso al lado para acomodar a Ernst Happel, que llegó con la firme convicción de llevar a la Oranje a lo más alto.

Así que cuatro años más tarde, el subcampeón del mundo volvía a estar entre la terna de favoritos al título, pero perdió esa vitola en cuanto su capitán, Johan Cruyff, anunció que no iría al Mundial de Argentina con su selección.

A Ernst Happel y Jan Zwartkruis les tocó lidiar con la baja de Cruyff.

Mucho se ha escrito sobre la negativa de Cruyff a disputar el Mundial, pero las razones reales nadie las sabe a ciencia cierta. 

Se dijo que no quiso acudir a la cita en un país dictatorial donde mandaban los militares, con torturas y desapariciones a la orden del día y donde no se respetaban los derechos humanos. 

Se dijo que después del Mundial 74 ya dejó caer que no volvería a disputar otra Copa del Mundo por la cerrazón de las concentraciones. 

Se apuntó que tenía un conflicto con la marca que le vestía y que no coincidía con la de la selección holandesa. 

Se elucubró con la posibilidad de que su decisión de no viajar a Argentina la condicionara su esposa, convenciéndole de no disputar el torneo. 

Se arguyó también que Cruyff había sufrido un intento de secuestro en Barcelona y temía por su seguridad en el mundial. 

Y la última de las especulaciones hablaba de la fatiga de El Flaco, que ya había enganchado muchos años a pleno rendimiento, que tenía 31 años y quería descansar para seguir compitiendo a primer nivel y con el físico intacto.

El caso es que la baja de Cruyff era tan sensible que prácticamente nadie incluyó a los holandeses, pese a ser subcampeones del mundo, entre los candidatos firmes a levantar la Copa del Mundo. 

Ese papel correspondía a Alemania Federal, actual campeona del mundo y subcampeona de Europa, a Argentina, que como anfitriona había armado un gran equipo con la firma de su técnico Menotti, y a Brasil, que era una incógnita después de una fase de clasificación solvente en la que no participó Argentina por ser la anfitriona, pero que contaba en sus filas con un Rivelino de 32 años y con los jóvenes emergentes Zico o Dirceu.

La fase final tenía el mismo sistema que cuatro años antes en Alemania, es decir, cuatro grupos de cuatro equipos de los cuales se clasificaban los dos primeros. Los ocho equipos que seguían vivos en el torneo se distribuían en dos grupos (A y B) y el campeón de cada uno de ellos disputaría la final en el Monumental de River el 25 de junio.

Sorprendentemente, allí estaría Holanda y enfrente, como cuatro años antes, tendría al anfitrión. Y como cuatro años antes, volvería a quedarse con la miel en los labios.

Holanda y Argentina a punto de disputar la final del Mundial 78.

***

Holanda compartió grupo en la primera fase con Perú, Escocia e Irán y los tulipanes empezaron bien con una clara victoria por 3 a 0 ante los asiáticos, pero sólo pudieron empatar sin goles ante la sorprendente Perú y acabaron siendo derrotados por 3 a 2 por los escoceses, lo cual les relegó al segundo puesto por detrás de los incas.

A Argentina tampoco le fue especialmente bien en la primera fase. Debutó en su torneo sufriendo mucho para derrotar a Hungría por dos a uno y volvió a padecer de nuevo ante Francia en la segunda jornada, aunque ganó por idéntico resultado. El partido que cerraba el grupo medía a argentinos e italianos y los transalpinos vencieron por 1 a 0 relegando a la albiceleste al segundo puesto y mandando al equipo de Menotti a disputar la segunda fase en Rosario, lejos de Buenos Aires.

En esa segunda fase los holandeses se entonaron y no tuvieron rival. Derrotaron a Austria con un rotundo 5 a 1, empataron a dos con Alemania en la reedición de la final del Mundial anterior y remontaron un gol en contra ante Italia para acabar ganando 2 a 1 y clasificándose para la gran final.

Holanda se reencontró a sí misma ante Austria en la segunda fase.

Mientras, Argentina se reencontró a sí misma en Rosario y, sobre todo, encontró a Mario Alberto Kempes. A los 16 minutos, el Matador había inaugurado su cuenta goleadora en el Mundial y había puesto por delante a la albiceleste, pero los polacos se vinieron arriba y en una falta lateral Fillol se tragó el centro y Lato remató de cabeza a portería. Kempes se estiró como si fuera el guardameta y sacó el balón con la mano. El penalti lo lanzó Deyna muy flojito y Fillol lo detuvo. Después Kempes anotó el segundo tanto para cerrar el partido. Mientras, Brasil le ganó 3 a 0 a Perú y ambos equipos, brasileños y argentinos, empataron sin goles. 

La última jornada se disputaba el Polonia-Brasil y el Perú-Argentina, pero no se jugaban los partidos a la misma hora, por lo que los argentinos salieron a jugar ante Perú sabiendo que debían ganar por 4 goles, ya que los brasileños habían ganado por 3 a 1 a Polonia. 

El resto, ya es historia. 

Argentina ganó 6 a 0 con doblete de Kempes y Luque, un tanto de Tarantini y otro de Houseman, en un choque bajo sospecha desde el mismo instante en que la pelota empezó a rodar y hasta hoy.

***

El 25 de junio de 1978 una lluvia de papelitos inundó el césped del Monumental de River a la salida de los jugadores argentinos y una ovación atronadora encendió la mecha de la gran final. A unos cien metros de allí, en un centro de detención, se practicaba la tortura.

A los 22 minutos de juego, Kempes batió al meta holandés y puso en ventaja a la albiceleste en la final. El Monumental se vino abajo, pero los argentinos no cerraron el partido, los holandeses no le perdieron nunca la cara a la final y siguieron compitiendo con fe en sus posibilidades. 

El premio a su constancia llegó a falta de pocos minutos para el final con un cabezazo de Nanninga que mandaba el choque a la prórroga. 

¡Y gracias! 

Porque en la última jugada del tiempo reglamentario, Holanda mandó el balón al poste mientras todo el estadio de River contenía la respiración.

Pero en el tiempo extra, el equipo de Menotti, espoleado por su público y mucho más entero físicamente, acabó por doblegar la resistencia de los tulipanes con goles de Kempes y Luque para darle la primera Copa del Mundo a Argentina ante su gente. 

Los goles de Kempes dejaron a Holanda con la miel en los labios.

Holanda, nuevamente, se había quedado rozando la copa con la yema de los dedos. 

Por segunda vez consecutiva y las dos ante el anfitrión. 

Pero, como todo el mundo sabe, no hay dos sin tres.

El mal fario de Holanda (1). Alemania 1974

Cuando el 7 de julio de 1974 a las cuatro de la tarde el balón empezó a rodar en el Olímpico de Múnich, había un equipo claramente favorito a alzarse con la Copa del Mundo por primera vez en su historia: Holanda, la Naranja Mecánica capitaneada por Johan Cruyff. 

Y lo fue aún más, si cabe, cuando un minuto y medio después los holandeses habían dado 17 pases sin que un solo alemán tocara la pelota y un Hoeness derribara al espigado capitán holandés dentro del área. Neeskens transformó el clarísimo penalti y a los dos minutos los tulipanes ya encarrilaban la final.

***

Veinticinco días antes, el 13 de junio de 1974, Brasil y Yugoslavia daban el pistoletazo de salida al Mundial de Alemania en un partido en el que Pelé hizo el saque de honor y después pasó muy poca cosa más, dejando la sensación de que los brasileños, actuales campeones, no estaban para repetir título. El cero a cero que al final reflejaba el luminoso lo decía todo.

La RFA debutó en el Mundial el 14 de junio ante Chile. 

Al día siguiente, el 14 de junio, debutaron los anfitriones y, en ese momento, claros favoritos al título. La selección de Alemania Federal estaba formada por una base de jugadores del Bayern de Múnich, que acababan de proclamarse campeones de la Bundesliga y de ganar la primera Copa de Europa de su historia (después vendrían dos más de forma consecutiva). Con uno de los mejores porteros del mundo, Stepp Maier, uno de los mejores líberos del mundo, Franz Beckenbauer, y uno de los delanteros más eficaces del mundo, el Torpedo Müller, los alemanes eran el enemigo a batir. Pero su debut no estuvo a la altura de lo esperado. Ganaron su partido ante Chile, pero por la mínima y sufriendo, y no dejaron buenas sensaciones.

Justo al contrario que la Holanda de Johan Cruyff, Rep, Neeskens o Rensenbrick, que debutaron el día 15 y derrotaron con solvencia a Uruguay con dos goles de Rep y jugaron un fútbol eléctrico, vertiginoso y de constante movimiento imparable para sus rivales. De hecho, en esta primera fase, los holandeses empataron a cero ante Suecia y ganaron por 4 a 1 a Bulgaria para cerrar su pase a una segunda fase de grupos de la que saldría uno de los finalistas.

Mientras, los alemanes ganaron claramente a la débil Australia en su segundo encuentro, pero ni siquiera el tres a cero final dejó buenas sensaciones. 

Y lo peor estaba por llegar. 

El grupo se cerraba con un encuentro entre hermanos alemanes: Alemania Federal contra Alemania Democrática. El partido, que parecía un trámite para los occidentales, se complicó para los hombres de Helmut Schön. Alemania del Este resistió y a falta de 13 minutos Sparwasser volteó la clasificación del grupo con su gol y, probablemente, sin saberlo, cambió la suerte del Mundial. Porque Alemania Federal acabó segunda y se encuadró en el grupo B para la segunda fase junto a Polonia, Suecia y Yugoslavia, mientras que Alemania Democrática se clasificó como primera de grupo y cayó en el grupo A junto a Brasil, Holanda y Argentina.

Es decir, que la derrota más humillante de la historia de la República Federal Alemana les permitió evitar a los holandeses en un grupo en el que jugaban todos contra todos y el primero se clasificaba directamente para la final (y el segundo para el tercer y cuarto puesto). Aún hoy hay quien, sin demasiado fundamento, que los alemanes occidentales se dejaron ganar ese partido, pero es difícil creerlo ante las feroces críticas que recibieron por parte de todos los medios del país (e internacionales) y por sus propios aficionados.

***

El caso es que la segunda fase fue muy tensa para los alemanes y extraordinariamente plácida para los holandeses que, a esas alturas del torneo, habían presentado su candidatura al título con creces a la par que se desinflaban las opciones alemanas.

Holanda empezó la segunda fase apabullando a Argentina, a la que derrotó por 4 goles a cero, mientras que Brasil sufría para ganar por 1 a cero a la RDA con gol de Rivelino. 

Argentina no pudo frenar a la Naranja Mecánica en Gelsenkirchen.

En la siguiente jornada, los brasileños afrontaron el clásico sudamericano con la soga al cuello y acabaron derrotando a Argentina por 2 a 1 con un gol de Jairzinho al inicio de la segunda parte. Por su parte, los holandeses cumplieron ante la RDA y ganaron 2 a cero sin demasiados sobresaltos.

Así pues, el 3 de julio Brasil y Holanda decidirían quién jugaría la gran final de Múnich. Parecía un duelo entre los campeones pasados contra los futuros campeones y así lo demostró Holanda, que dio buena cuenta de los brasileros con goles de Neeskens y Cruyff. A los tulipanes sólo les faltaba rubricar su gran mundial en la gran final.

En el otro grupo, Alemania se impuso a Yugoslavia en el primer partido por dos goles a cero y eso tranquilizó un poco al equipo y a los aficionados, mientras que Polonia batía a Suecia con un gol de Lato en el otro partido. De hecho, los polacos volvieron a ganar ante Yugoslavia por dos a uno y trasladaron toda la presión a Alemania.

El partido ante Suecia era importantísimo para los alemanes y se vivió con mucha tensión. Los suecos se adelantaron en el minuto 24 y aguantaron con el marcador a favor toda la primera parte. En la segunda, los locales salieron a por el empate. 

Y le dieron la vuelta al partido en dos minutos con goles de Overath y Bonhof, pero tan solo un minuto más tarde los suecos volvieron a empatar y metieron el miedo en el cuerpo a todo un país. A falta de 14 minutos Grabowski volvió a adelantar a Alemania y todos respiraron tranquilos con el gol de penalti de Hoeness en el último suspiro. Al final, del partido entre Polonia y Alemania saldría el finalista.

El día amaneció lluvioso en Frankfurt y la lluvia se mantuvo durante todo el día y dejó el terreno de juego pesado. El partido iba a ser tenso, duro y recio. Las dos selecciones jugaron de igual a igual durante todo el partido, pero los alemanes se llevaron el gato al agua con un gol de Müller, que a los 76 minutos se dio la vuelta en el punto de penalti, lanzó duro y raso a portería y engañó al meta Tomaszewsky. Alemania había conseguido llegar a la final de su final. Ahí se vería las caras con la Naranja Mecánica.

***

A las cuatro de la tarde y dos minutos, los más de 75.000 aficionados que presenciaban en directo la final del Mundial del 74 en el Olímpico de Múnich no daban crédito a lo que veían y cruzaban los dedos para que la exhibición de la Naranja Mecánica no continuara después del gol de penalti de Neeskens antes de ningún germano tocara el balón.

Y eso es exactamente lo que pasó. 

Porque, como 20 años antes en Berna, los alemanes empezaron a asentarse en el campo, a mostrar su orgullo y a defender cada metro como si les fuera la vida en ello. Los holandeses del futbol total empezaron a no sentirse tan cómodos en el partido y los alemanes a acercarse por las inmediaciones del área de Jongbloed, hasta que, en el minuto 25, Jansen derribó a Hoelzebien dentro del área y Breitner transformó el empate para igualar la final. Después, al filo del descanso, Müller se revolvería dentro del área holandesa para marcar un gol muy típico de él y adelantar a los germanos antes de irse al vestuario.

Los holandeses no pudieron superar a la defensa alemana.

La segunda parte fue un quiero y no puedo por parte holandesa. Se habían visto campeones y ahora les tocaba remar ante una selección experimentada y bien plantada. Las pocas ocasiones que tuvieron los naranjas las desbarató el gran meta Sepp Maier sin problemas, e incluso los alemanes pidieron otro penalti y les anularon un gol. 

Al final, Alemania fue campeón del mundo por segunda vez y dejó con la miel en los labios a la selección más atractiva del torneo. 

Los holandeses no lo sabían, pero no sería la última vez. 

Cuatro años más tarde, la historia, caprichosa, volvería a repetirse.

viernes, 18 de enero de 2008

La maldición de las finales de Alemania

Jugar la final de una gran competición es sinónimo de alegría, de satisfacción por el trabajo bien hecho, de fiesta, de alborozo, de incertidumbre y de nerviosismo, pero, evidentemente, las finales se ganan y se pierden y, en la mayoría de los casos, sólo se recuerda al que levanta el trofeo. Son muchos los equipos especialistas en llegar a las finales de los torneos más importantes y quedarse a las puertas de la gloria, tocar la Copa con la punta de los dedos. 

Ejemplos los hay de todos los colores, pero creo que muchos aficionados aún conservan en la retina la imagen de ese Valencia CF que jugó dos años consecutivos la final de la Liga de Campeones y, en ambas ocasiones, se quedó con la miel en los labios. Los valencianistas son, sin ningún género de dudas, uno de los equipos más duchos en el arte de perder finales. De hecho, son el único equipo de España capaz de perder tres finales seguidas de la Copa del Rey. Nadie ha perdido tres finales consecutivas (con lo difícil que es llegar), pero los valencianistas lo han hecho dos veces. O la Juventus de Turín, grande de Europa, que ha ganado la Liga de Campeones en dos ocasiones, pero ha perdido ¡¡5 finales más!!. Nadie ha perdido tantas. 

Podríamos seguir, pero bastan estos datos para presentarnos a la selección que más finales ha perdido en la Copa del Mundo. No es una selección cualquiera. Ha ganado cuatro Copas del Mundo, lo que la coloca solo por detrás de Brasil (cinco) e igualada con Italia en el palmarés. Sin embargo (¡lo que son las cosas!), la selección de la que hablamos ha jugado tantas finales como los brasileros y una más que los azzurri, es decir, siete!!! 

Desvelaremos el misterio: Alemania ha ganado cuatro mundiales y ha perdido cuatro finales. Brasil ha ganado cinco mundiales y ha perdido dos finales (Brasil 50 y Francia 98), mientras que Italia ha levantado cuatro trofeos y ha perdido dos finales más (curiosamente, ambas ante Brasil y siempre dilucidando quien se pondría al frente de la clasificación provisional de ganadores de más Copas del Mundo: en México 70, donde la canarinha se quedó la Copa Jules Rimet en propiedad al ganarla por tercera vez; y en EEUU 94, donde Brasil consiguió su cuarto entorchado en la tanda de penaltis). 

En definitiva, nadie ha perdido tantas finales como Alemania. 

Ronaldo consuela a Oliver Kahn tras la final del Mundial de 2002.

Aunque los Países Bajos se le acercan muchísimo. Porque han perdido tres (dos de ellas de forma consecutiva y ante los anfitriones del torneo, que ya es mala suerte) y, además, han tenido la desgracia de no poder levantar nunca la Copa del Mundo. 

Pero eso es otra historia.  

***

Los germanos llegaron a su primera final de una Copa del Mundo en 1954, en el Mundial que se celebró en Suiza. La favorita de todos era una Hungría descomunal, que practicaba un fútbol de vértigo y que contaba en sus filas con jugadores como Puskas, Kocsis, Nándor Hidegkuti o Zcibor y que los clásicos califican como uno de los tres mejores equipos de la historia. 

De hecho, los Magiares Mágicos habían sido el primer equipo en vencer a Inglaterra en Wembley, apenas un año antes y con una contundencia brutal (3 a 6) y se presentaban en la final del Mundial con una serie de 32 partidos seguidos ganando, récord que aún no ha sido superado por ninguna otra selección. Además, los húngaros habían marcado más de cuatro goles en cada partido del Mundial y ya le habían ganado a Alemania por 8 a 3 en la primera fase. Pero aquel partido era otra historia, ya que el seleccionador alemán Herberger había reservado a sus mejores jugadores. 

Los magiares se presentaron en la final tras eliminar a la gran Brasil (heredera de la debacle del 50 en Maracaná) y a los campeones vigentes (Uruguay). Se sentían favoritos ante una Alemania comandada por Fritz Walter y con Rahn y Morlock en ataque. De hecho, a los 8 minutos de partido, los húngaros ya ganaban 2 a 0 con goles de Puskas y Zcibor: el fantasma del 8 a 3 de la primera fase planeó por la cabeza de todos los aficionados alemanes (y quién sabe si también sobre los propios jugadores). 

Sin embargo, los alemanes no se arredraron y recortaron distancias con un tanto de Morlock. De ahí, hasta el final de la primera parte, los alemanes capearon como pudieron el potencial húngaro, gracias a defensas que sacaron en la línea un par de goles cantadas, paradas del meta Turek y, además, la colaboración de unos palos que parecían magnetizados (hasta tres disparos húngaros se estrellaron en ellos). 

El segundo tiempo ya es otra cosa: había estado cayendo una fina lluvia durante toda la primera mitad y el campo estaba en malas condiciones (malo para los finos magiares y mejor para los físicos alemanes) y, además, Puskas cojeaba ostensiblemente y en esta época no había cambios (no había jugado los cuartos ni las semifinales por su lesión, pero la final la jugó infiltrado). 

Cuando sólo faltaban ocho minutos para el final, Fritz Walter cedió el balón a Rhan, quien batió de potente disparo al meta húngaro. Aún quedó tiempo para que le anularan un gol a Puskas por fuera de juego (dicen las crónicas que estuvo bien anulado), pero nada más.
 
Los alemanes celebran sobre el césped la victoria ante Hungría en la final del Mundial de 1954.

La Copa del Mundo se fue para Alemania.

Y a la selección magiar se la cargó la emigración de sus figuras por culpa de una guerra.

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Alemania hubo de esperar 12 años (tres torneos) para disputar otra gran final. Esta vez tocó la de cal: derrota en Wembley ante Inglaterra en la prórroga, con gol fantasma incluido. El 4 a 2 final fue un duro golpe para una selección alemana que había empatado a dos a falta de un minuto para el final del tiempo reglamentario. 

Uwe Seeler y Bobby Moore se saludan antes de la final del 1966.

Para la historia quedará el primer (y hasta ahora único) título mundial para los británicos y el gol de Hurst. Y Beckenbauer con la miel en los labios, prometiéndose a sí mismo que devolvería la Copa del Mundo a Alemania. 

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La siguiente presencia germana en la final de una Copa del Mundo fue más traumática, pero con final feliz. Fue en el Mundial de 1974, celebrado en su propio país. Los germanos estaban obligados por la presión mediática a ganar "su Mundial". 

El Mundial era importantísimo: el primer mundial post Pelé y el primer Mundial donde se ponía en juego una Copa Nueva, después de que Brasil se quedará la Jules Rimet en propiedad tras su tercera Copa en México 70. 

Pero, pese a jugar en casa, Alemania no era favorita por el juego desplegado, ni Brasil, ni Italia... la favorita era Holanda y su fútbol total, con un Cruyff pletórico. Los tulipanes se cargaron a los anteriores campeones y barrieron en todos sus partidos.

Los alemanes sufrieron en la primera fase una humillante derrota ante sus vecinos orientales (RDA) en la llamada Batalla de Hamburgo, donde no sólo se enfrentaban 22 futbolistas, sino dos concepciones distintas de ver el mundo, dos pueblos separados por el telón de acero. 

En la segunda fase mejoraron (la forma de competición era distinta a la actual: la segunda fase constaba de dos grupos de 4 equipos que se enfrentaban entre sí y los campeones de cada grupo jugarían la final) su rendimiento, pero sin enamorar. Ganaron a Yugoslavia y a Suecia y, en el último partido, se enfrentaban a una Polonia sorprendente que también había ganado sus encuentros. Müller anotó el gol del triunfo local y Maier lo rubricó con sus paradas en los minutos finales. 

La finalísima empezó con Holanda sacando de centro y, sin que los alemanes tocaran el balón en más de un minuto, Cruyff entró en el área y fue derribado: ¡¡Penalti y gol de Cruyff sin que los alemanes hubieran tocado el balón!! 

Pero la final se fue equilibrando, gracias sobre todo a los marcajes de los perros de presa alemanes: Berti Vogts sobre Cruyff y Bonhoff sobre Neeskens. Beckhenbauer empieza a carburar y Alemania a acercarse a la meta de Jongbloed, hasta el punto de que una internada de Holzenbein acaba en el penalti que transforma Breitner en el empate. Los germanos siguen atacando y Müller, en uno de sus clásicos remates, pone por delante a Alemania antes del descanso. 

La segunda mitad fue un querer y no poder de los tulipanes, que perdieron la primera de sus dos finales consecutivas (y peor: ambas ante los anfitriones, como pasaría cuatro años más tarde en Argentina). Los alemanes, en cambio, se coronaban por segunda vez. 

Beckenbauer levanta la Copa del Mundo de 1974.

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La amargura holandesa la sufrirían también en sus carnes los alemanes dos veces seguidas. 

La primera fue en España 82. 

El sorteo los había emparejado en la primera fase con Austria, Argelia y Chile. Los germanos cayeron ante una sorprendente Argelia y vapulearon a Chile, por lo que llegaron a la última jornada jugándose su clasificación ante una Austria con 4 puntos a la que le bastaba con perder 1 a 0 para seguir adelante. 

Y eso es exactamente lo que pasó: marcó Alemania y el rondo duró 75 minutos. A los aficionados alemanes les ha costado más de 25 años perdonar a su seleccionador, Jupp Derwall, pese a que con él ganaron la Eurocopa del 80 y llegaron a la final del Mundial 82. 

La segunda fase fue tranquila, con victoria ante España y empate ante Inglaterra, pero las semifinales serán recordadas para siempre. 

Los alemanes se enfrentaban a la Francia de Platini en el Sánchez Pizjuán de Sevilla y el choque acabó con un empate a uno (Platini de penalti igualó el tanto de Littbarski) que les llevaba a la prórroga. Allí, el talento francés se impuso y los galos anotaron dos goles en apenas 6 minutos para ponerse 3 a 1, pero nunca hay que darle vida a los teutones, nunca. La remontada fue espectacular, con Rumennigge y Fischer como autores de los tantos. La tanda de penaltis la ganó Alemania (5 a 4) que pasó a la final para medirse a Italia. 

Italia y Alemania disputaron la final del Mundial 82.

Sin embargo, la final iba a ser casi un paseo militar para los transalpinos, que ganaron 3 a 1 con una superioridad casi insultante. Los alemanes aguantaron sólo la primera parte. En la segunda no tuvieron opción. Rossi, Tardelli y Altobelli anotaron para los azzurri y Paul Breitner maquilló el resultado a falta de 7 minutos. 

La historia se repetiría 4 años más tarde, en México. 

Los alemanes repitieron final, después de volver a dejar a Francia en la cuneta, esta vez sin sobresaltos, con un dos a cero clarificador, pero se encontraron a la Argentina de Maradona, una selección intratable con un genio al frente. Pese a ello, los alemanes fueron fieles a su garra característica y, pese a ir perdiendo 2 a 0, Rumenigge y Alloff empataron el partido en tres minutos. 

Rummenigge en México 86.

Pero no hubiera sido justo que Argentina y Maradona se quedaran sin Mundial, y el astro argentino vio un pase donde pocos lo imaginaban para dejar solo a Gurruchaga ante Schumacher y hacer el 3 a 2 definitivo. Los germanos volvieron a morir con las botas puestas, pero acabaron segundos de nuevo, por segunda vez consecutiva.

De todos modos, dicen que a la tercera va la vencida y, aunque no siempre se cumple, esta vez sí se cumplió. Seguramente uno de los peores mundiales de la historia en cuanto a juego se lo llevó Alemania, la selección que mejor jugó dentro de la mediocridad general del Mundial de Italia 90. Una fase de grupos animada, pero unas eliminatorias finales decididas casi siempre por penaltis marcaron la competición. 

Los alemanes empataron en su debut con Colombia, pero golearon a Emiratos y Yugoslavia. Después se deshicieron de Holanda en octavos, de Checoslovaquia en cuartos y hubieron de recurrir a los penaltis para eliminar a Inglaterra y llegar a la final ante Argentina. La final fue fea, horrible, pero ganó quien más lo buscó con un penalti realmente dudoso que transformó Bremhe a falta de 5 minutos para el final. 

Matthäus y Littbarski levantan la Copa del Mundo en Italia 90.

El fútbol le devolvió a Alemania lo que había perdido en las dos finales anteriores. Y fue justo con Mathäus, grandísimo jugador que había participado en los mundiales del 82, del 86 y del 90 y aún repetiría en el 94 y en el 98. Y fue justo con Beckenbauer, el segundo en la historia en ganar un Mundial como jugador y otro como técnico.

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La penúltima final alemana llegó en Corea y Japón, en el primer Campeonato del Mundo celebrado en un continente distinto a América y Europa. Y llegó a la final a trancas y barrancas, sostenido en un Michel Ballack fantástico, en un Oliver Kahn sensacional y en grandes dosis de suerte. 

Sin embargo, en la final fallaron sus dos pilares: Ballack vio una amarilla en las semifinales ante Corea y se perdió el partido decisivo; mientras que Kahn se comió el gol de Ronaldo que abría la lata. 

Dos a cero para Brasil, que se convertía en pentacampeón del mundo en su séptima final de un mundial, las mismas que había jugado Alemania hasta ese momento, pero con resultados bien distintos.

Cafú besa la Copa del Mundo de 2002.

Pero no sé si los brasileños hubieran cambiado ese trofeo por no sufrir la humillación de Belo Horizonte, el 7 a 1 en las semifinales de Brasil 2014. A la postre, Alemania se plantó en la final con la Argentina de Sabella (la tercera final entre estas dos selecciones) y ganó a punto de finalizar la prórroga con el gol de Mario Götze. 

Ha sido su último título. 

Y, de momento, también su última final.