"El fútbol es la única religión que no tiene ateos", Eduardo Galeano

miércoles, 23 de marzo de 2022

Curiosidades del primer Mundial de la historia: Uruguay 1930

En 1930, en Uruguay, empezó todo. La FIFA, presidida por Jules Rimet, decidió que el primer Mundial de la historia se celebraría en el país sudamericano aprovechando que el país celebraba el Centenario de su constitución como nación. 

Las razones eran de peso: la selección charrúa era la doble campeona olímpica y había dado vuelo al torneo olímpico de fútbol son su presencia y, además, se había comprometido a construir uno de los mejores estadios del mundo de la época: el estadio Centenario. 

Así que en Montevideo echó a rodar la que con el tiempo se convertiría en una de las competiciones deportivas más importantes del mundo. Y, como es lógico, en esa primera edición nacieron las primeras curiosidades. 

Las delegaciones desfilan en el Estadio Centenario.

Ahí van algunas:

—Debido a la recesión económica y al largo viaje trasatlántico, muchas selecciones europeas decidieron renunciar a participar en el primer Mundial de la historia, pero no fue el caso de Rumanía, ya que el rey Carol II era un apasionado del fútbol, así que, ni corto ni perezoso, confeccionó él mismo el equipo, se autoproclamó seleccionador nacional y gestionó 3 meses de permiso en sus trabajos para sus jugadores para que Rumanía pudiera disputar la primera Copa del Mundo.

Selección de Rumanía en el Mundial de 1930

—El seleccionador boliviano Ulises Saucedo compaginó su labor al frente del equipo con la ardua tarea de… ¡ser árbitro mundialista! Pitó el partido de la primera fase entre Argentina y México y fue el juez de línea en cinco encuentros más: Argentina-Francia, Uruguay-Rumanía, Argentina-Chile, la semifinal entre Uruguay y Yugoslavia y la finalísima entre Uruguay y Argentina. La figura del entrenador-jugador está muy extendida, pero la entrenador-árbitro es, cuando menos, sorprendente.

Ulises Saucedo, árbitro y seleccionador.

—El Mundial se disputó íntegramente en la ciudad de Montevideo, pero los partidos se repartieron entre tres estadios: Centenario, Pocitos y Parque Central. En realidad, todos los encuentros debían haberse disputado en el recién construido Centenario, pero fue imposible inaugurarlo antes del inicio del torneo y por eso se jugaron algunos partidos en los otros dos estadios.

—Hernán, el Divino Manco, Cortés fue el primer goleador de la selección uruguaya en la Copa del Mundo y también el último. Suyo fue el tanto que le dio el triunfo a los charrúas ante Perú en el primer partido y suyo fue también el cuarto que cerró la final ante Argentina a falta de 3 minutos para acabar el partido. Por cierto, el mote no era gratuito, porque el Divino Manco lo era de verdad. Había perdido medio brazo en un accidente laboral a la edad de 13 años. Eso no le impidió competir al más alto nivel y ser campeón del mundo.

A Uruguay le costó derrotar a Perú en el partido inaugural.

—En el partido que enfrentó a Perú y a Rumanía, el árbitro expulsó en el minuto 70 al capitán inca Plácido Galindo, que se convirtió en el primer jugador expulsado en una Copa del Mundo. Eso sí, lo expulsó verbalmente, claro, sin tarjetas amarillas ni rojas, que aún no existían y que tardarían 40 años en utilizarse por primera vez en un Mundial.

—Guillermo Stábile, el Filtrador, tenía 25 años cuando empezó a disputarse el Mundial de Uruguay y nunca había vestido hasta ese instante la camiseta de la selección albiceleste. De hecho, en un primer momento, no iba a jugar, era el suplente de Manuel, Nolo, Ferreira, pero una crisis de ansiedad del extremo izquierdo Cherro hizo cambiar los planes del seleccionador. Pasó a Nolo Ferreira al extremo y alineó a Stábile en punta para jugar el segundo partido del torneo ante México. El Filtrador marcó tres goles. Desde ese instante, sería titular en todos los partidos que quedaban y se convertiría en el primer máximo goleador de una Copa del Mundo con 8 tantos en 4 partidos.

Guillermo Stábile marca el momentáneo 1 a 2 en la final del Mundial.

—En los momentos previos a la gran final se lio una buena. Los argentinos no querían jugar con el balón de los uruguayos y viceversa. Finalmente, el árbitro decidió, salomónicamente, que jugarían la primera parte con el balón que traían los argentinos y la segunda con el de los uruguayos. Casualidad o no, la primera parte acabó con un 2 a 1 favorable a los argentinos, mientras que con su balón los charrúas le dieron la vuelta al partido en la segunda parte para vencer 4 a 2. ¡Pues será que es verdad que en el fútbol el balón es lo más importante!

lunes, 21 de marzo de 2022

Mazali, el portero que se quedó sin Mundial en 1930

En la puerta de un lujoso hotel de Montevideo, un joven de 28 años entra con la primera luz de día. Lleva los primeros botones de la camisa desabrochados, la corbata floja al cuello y el aire de haber pasado una velada inolvidable. Rebosa vitalidad y el aire de quien ha hecho esto muchas otras veces y le encanta.

Saluda casi sin querer al personal que se cruza con él en el vestíbulo con un gesto rápido de la cabeza, mientras sube apresurado a su habitación. Estamos en junio de 1930. La fiebre del primer mundial de fútbol de la historia ya se ha apoderado de la ciudad y él necesita descansar después del ajetreo nocturno. Aún no lo sabe, pero al joven se le acaba de escapar el tren de la historia. Lo sabrá cuando suba a la habitación.

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Andrés Mazali nació en 1902 en el barrio Guruyú de Montevideo y muy pronto descubriría que tenía unas aptitudes innatas para el deporte. Tanto es así, que fue campeón sudamericano de 400 metros vallas y segundo en 200 en 1920 y compaginó la práctica del fútbol con la del baloncesto en el Olimpia de Montevideo, equipo con el que también fue campeón nacional en 1923, antes de decantarse definitivamente por el once contra once.

Andrés Mazali.

Mazali era el portero de Nacional, aunque empezó jugando de delantero. Se dice que se afianzó entre los tres palos por culpa de tener los pies muy grandes. En aquella época los porteros podían jugar con zapatillas, pero los delanteros habían de jugar con botas por la dureza del cuero. Y los pies de Mazali eran tan grandes que costaba encontrar unas botas de su número para que jugara. Así que se puso de portero y se convirtió en uno de los mejores guardametas uruguayos de todos los tiempos.

Lo cierto es que él no ha contado exactamente lo mismo en algunas de las entrevistas publicadas en los diarios de la época. Decía Mazali en El Gráfico argentino, en una entrevista en 1935, que empezó jugando en un equipo pequeño de barrio donde el portero era también el delegado, el capitán y hasta el dueño... Y un día apareció Mazali con unas botas muy grandes que no le permitían correr y el dueño le dijo que jugara de portero. Lo paró todo y ya no se movió de la portería, aunque confiesa que a veces se aburría, le costaba mantener la concentración bajo palos y suspiraba por jugar de delantero.

El caso es que Mazali era también bailarín, de trato agradable, apuesto y amante de la buena vida. Una especie de Casanova de la época. 

Fue uno de los integrantes del equipo olímpico uruguayo que viajó hasta París para proclamarse campeón en 1924. También uno de los integrantes del plantel de Nacional que salió de gira por Europa en 1925, en una travesía de más de un mes en barco para después recorrer media España primero y parte de Europa después jugando partidos. Nacional asombró a Europa con su juego corto, eléctrico y al pie y la gente suspiraba por ver a ese equipo que jugaba de otra manera y que era prácticamente imbatible.

Uruguay en los Juegos Olímpicos de París de 1924.  

Aún así, cuenta el mismo Mazali que cuando volvieron a acudir a las Olimpíadas de Ámsterdam en 1928, aún les decían que se iban a volver a casa en primera ronda. Ellos veían los partidos de sus rivales y no los encontraban tan fieros como los pintaban, así que volvían a verlos una y otra vez por si los entrenadores se estuvieran guardando algún jugador o alguna estratagema. Pero nada. No había más cera que la que ardía. Así que, con Mazali bajo palos, Uruguay volvió a ganar el torneo de fútbol de las Olimpiadas de Ámsterdam de 1928.

Uruguay, campeona olímpica en Ámsterdam 1928.

De hecho, el archiconocido “gol olímpico” se lo debemos a él. En un encuentro amistoso ante Argentina enmarcado en la gira de Uruguay después de ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París, y disputado el 2 de octubre de 1924, el atacante argentino Cesáreo Onzari ejecutó un saque de esquina desde la izquierda con tanto efecto que se coló en la portería del bueno de Mazali. Al día siguiente, los diarios argentinos bautizaron el tanto como "gol olímpico" por habérselo hecho al guardameta de la selección campeona olímpica.

Portada de El Gráfico (octubre de 1924).

Y llegamos a 1930, el año en que se iba a disputar el primer Mundial de Fútbol en Uruguay. La federación había dispuesto que parara el campeonato local y que los jugadores seleccionados se concentraran durante 60 días para preparar el torneo a las órdenes del seleccionador Alberto Suspicci.

Y pasó que a falta de unos cuantos días para el inicio del torneo, Mazali no pudo resistir más y una noche se escapó del hotel. Regresó a la mañana siguiente y el seleccionador lo vio entrar al hotel. Hubo una reunión y se acordó enviarlo a su casa y sacarlo del equipo. El portero de Nacional y uno de los héroes de la selección charrúa doble campeona olímpica se perdería el mundial por “escaparse” de la concentración.

Cuentan que Mazoli aseguró que salió porque estaba asfixiado después de tantos días concentrado y necesitaba ver a la familia. Pero incluso algún compañero de equipo aseguró que era mujeriego y no había podido resistir la tentación de quedar con una rubia. Hay quien va más allá e insinúa que la rubia en cuestión tenía, además, un vínculo estrecho con un alto cargo de la federación uruguaya y que por eso Mazali estaba sentenciado sin remisión.

El hecho es que la relación entre el guardameta y el entrenador Suspicci no era buena. Mazali, que tenía un concepto muy claro de la importancia de la preparación física por su participación en otros deportes a alto nivel, había chocado más de una vez con los métodos empleados en los entrenamientos por el seleccionador.

Al final, el portero titular de Uruguay en el torneo sería Enrique Ballestrero, del Rampla Juniors, y el segundo portero, que no disputaría ningún partido en el campeonato, Miguel Capuccini, de Peñarol.

Y el gran Mazini, héroe de Nacional, que había defendido los palos de la portería charrúa en 21 encuentros entre 1924 y 1929, que había sido 3 veces campeón de la Copa América y doble campeón olímpico, se quedó sin el sueño de poder disputar (y ganar) el Mundial de fútbol disputado en su país, el primero de la historia, por una aventura nocturna.

jueves, 17 de marzo de 2022

Eusébio, la Pantera Negra que rugió en Inglaterra 1966

26 de julio de 1966. Londres. Estadio de Wembley. 94.000 espectadores enfervorizados gritan y se abrazan celebrando el triunfo de la selección inglesa que mete a los pupilos de Alf Ramsey en la final de la Copa del Mundo por primera vez en su historia. 

Sobre el césped, el número 13 de Portugal llora a lágrima viva. Sus compañeros no encuentran la manera de consolar al jugador que ha llevado a los lusos por primera vez en su historia a participar en un mundial y que les ha dejado, con sus goles, a las puertas de la gloria. A un solo paso de disputar la gran final. El número 13 de Portugal es la Pantera Negra. Su nombre es Eusébio.

Eusébio se marcha entre lágrimas tras la eliminación de Portugal.
Fotografía: PA Wire/Press Association Images/Cordon Press.

Eusébio da Silva Ferreira nació en 1942 en Lourenço Marques, hoy Maputo, capital de Mozambique, que en aquel tiempo era una provincia portuguesa de ultramar. Muy pronto empezó a golpear pelotas de trapo, de papel o del material que fuera en cualquier rincón del barrio. 

Con 17 años ya jugaba en el Sporting de Lourenço Marques. Era un interior de muchísimo recorrido, velocísimo, con un disparo potentísimo y una habilidad innata para encontrar los espacios y atacarlos. Había marcado en Lorenço Marques 77 tantos en tan solo 42 partidos y muy pronto su fama llegó a la Metrópoli.

***

Diciembre de 1960. Eusébio estaba a punto de cumplir 18 años. El Benfica, club donde ya jugaba su paisano Mário Coluna, le puso a su madre y a su hermano un contrato encima de la mesa que no podían rechazar para hacerse con los servicios del prometedor atacante.

Y entonces, se lio el quilombo. La versión portuguesa del caso Di Stéfano.

El Benfica hizo volar a Eusébio desde Mozambique con un nombre falso, Ruth Malosso, porque el Sporting de Portugal sostenía que tenía derecho de tanteo sobre todos los jugadores procedentes del Sporting Lourenço Marques, una especie de filial del equipo lisboeta que incluso vestía sus mismos colores. 

El jugador aterrizó en el aeropuerto de Lisboa el 17 de diciembre y, tras una breve estancia en la capital, se esfumó. 

Se lo tragó la tierra. 

Desapareció del mapa.

Y es que el Benfica, para evitar que los representantes del Sporting tuvieran ningún tipo de contacto con él, lo mandó a un hotel del Algarve, sin que nadie lo supiera, acompañado por un preparador del club. Estuvo oculto dos semanas. Entrenando.

Finalmente, el 13 de mayo de 1961, tras cinco largos meses de disputas judiciales, el Benfica ganó en los tribunales y pudo tramitar su ficha con el beneplácito de la Federación Portuguesa, previo pago unos 450.000 escudos portugueses a su club de origen.

Eusébio se convirtió en la gran esperanza del Benfica.

***

A Eusébio no le dio tiempo a disputar la célebre final de la Copa de Europa del 61, la de Berna, la de los palos cuadrados, la que el Benfica le ganó al FC Barcelona por 3 a 2 para obtener su primer entorchado continental. Pero sí pudo debutar en el último partido de Liga de la temporada 1961 ante el Vitoria de Setúbal, donde el joven anotó un tanto.

Pese a todo, Eusébio no tardó demasiado tiempo en estar en boca de todos. En septiembre de ese mismo año de 1961, en el Torneo de París que enfrentó al Santos y al Benfica, Eusébio esperaba su oportunidad en el banquillo mientras los once que ganaron la final de Berna se medían a Pelé y compañía. Los brasileños les dieron un buen baño y para cuando Eusébio saltó al césped el Benfica ya perdía 4 a 0 y recibió un quinto tanto nada más salir él.

Pero el joven atacante mozambiqueño marcó 3 goles en apenas 20 minutos. Y fue Pelé quien cerró la cuenta para que los brasileños acabaran ganando por 6 a 3. Al día siguiente la foto de Eusébio aparecía en la portada del diario L’Equipe. Aquel fue el primer día que el mundo del fútbol escuchó los rugidos de la Pantera Negra. 

Pronto esos rugidos serían mucho más nítidos.

O Rey Pelé y la Pantera Negra del Benfica. 

Apenas un mes más tarde, el 8 de octubre de 1961, Eusébio debutó con la selección de Portugal en un partido de clasificación para el Mundial de Chile 62, y, aunque marcó un tanto, el equipo cayó en Luxemburgo por 4 a 2 y dijo adiós a sus posibilidades de estar en tierras andinas. 

Volvieron a caer de nuevo en Wembley ante Inglaterra para confirmar definitivamente que no estarían en el Mundial, pero Eusébio jugó un partidazo que sorprendió a todos, pese a la derrota. Al final, serían los ingleses quienes se clasificarían para la fase final de la Copa del Mundo .

La figura de Eusébio seguía agigantándose y en Europa ya era realmente temido, tanto él como su equipo. En 1962, un año después de Berna, el Benfica volvía a plantarse en la final de la Copa de Europa, esta vez con Eusébio como protagonista y con un papel determinante. Enfrente estaba, esta vez, el Real Madrid, con 5 de las 6 copas disputadas hasta el momento en sus vitrinas. 

Y los madridistas se adelantaron con dos tantos de Puskas que Aguas y Cavem lograron contrarrestar. El magiar volvió a marcar el 3 a 2 para el Madrid, para irse con ventaja al descanso, pero tras el paso por vestuarios los portugueses remontaron el choque para revalidar su título de campeones de Europa. El Benfica ganó 5 a 3 con dos tantos de Eusébio quien, con apenas 20 años, ya estaba considerado uno de los mejores atacantes de Europa.

En este contexto, el Benfica de Eusébio se convirtió en el mejor equipo de Europa del momento, sucediendo al Real Madrid en el trono europeo, sólo que, al contrario que los blancos, no pudieron refrendarlo con más títulos. 

Once del Benfica que ganó la final de la Copa de Europa de 1962.

Quizá fuera la maldición de Bela Guttmann, el entrenador que forjó ese magnífico equipo de las Águilas y que fue despedido después de pedir un aumento de sueldo. “El Benfica nunca volverá a ganar una Copa de Europa sin mí”, fueron las palabras que completan la maldición más conocida (y más efectiva) del mundo del fútbol. 

El caso es que ese Benfica liderado en ataque por la Pantera Negra volvió a llegar a la final de la Copa de Europa de 1963, pero esta vez la perdió ante el Milan después de adelantarse en el marcador con un tanto del mozambiqueño.

En la Copa de Europa de 1965, el Benfica volvió a llegar a la final, después de dejar en el camino al Real Madrid con una contundente victoria en La Luz por 5 tantos a 1 con un Eusébio estelar y desatado. Dicen quienes lo vieron que fue el mejor partido de la Pantera. 

Pero la final la volvieron a perder. 

Esta vez contra el Inter de Milan de Helenio Herrera en el mismísimo estadio de San Siro, con el central del Benfica jugando de portero después de la lesión del cancerbero y poniendo cerco a portería interista. Al final el 1 a 0 a favor de los neroazzurros privó al Benfica, y a Eusébio, de una nueva Copa de Europa. 

Pero ese año, el jugador mozambiqueño recibió nada más y nada menos que el Balón de Oro, colofón a una campaña nuevamente extraordinaria con el título de Liga, el de Copa y siendo finalista de la Copa de Europa.

Eusébio ofrece a los aficionados del Benfica el Balón de Oro.

***

El Mundial de Inglaterra de 1966 se acercaba. Y Portugal, por primera vez en su historia, estaría presente en la cita más importante del fútbol de selecciones. Y lo harían con uno de los mejores jugadores del mundo en sus filas.

Portugal había compartido el grupo de clasificación con Checoslovaquia, Rumanía y Turquía y sólo el campeón iba a Inglaterra. Los lusos acabaron primeros ganando cuatro partidos, empatando contra Checoslovaquia en la penúltima jornada y perdiendo un intrascendente choque ante Rumanía con la clasificación ya certificada.

Pero en Inglaterra, el sorteo no fue benévolo con los ibéricos. La selección entrenada por Otto Gloria cayó en el grupo de la muerte junto a Bulgaria, Brasil y Hungría. Pese a todo, las cosas empezaron bien para los portugueses, que doblegaron a los húngaros por tres tantos a uno. Los brasileños también ganaron, pero, en su caso, la felicidad de la victoria se vio empañada por la lesión de su buque insignia, Pelé, atropellado una y otra vez por los defensores búlgaros.

En el segundo partido del grupo, los portugueses remataron la faena derrotando por tres goles a cero a los búlgaros, con la primera diana de Eusébio en el torneo. En cambio, los brasileños cayeron derrotados ante Hungría sin la participación de un Pelé lesionado.

En el partido que cerraba el grupo, los brasileños estaban obligados a vencer a Portugal para seguir adelante en el torneo, mientras que los portugueses podían jugar más tranquilos con cuatro puntos en el zurrón. Con un empate estaban virtualmente clasificados. 

El duelo entre Pelé y la Pantera Negra fue muy descafeinado. El astro brasileño jugó lastrado por la lesión de rodilla que había sufrido ante Bulgaria y, después de múltiples entradas de los zagueros lusos, de múltiples visitas a la banda a ser atendido por los servicios médicos y de una última entrada de Morais, siguió renqueando por el campo, cojeando, porque en esa época no había cambios. 

En esas, primero Simoes y después Eusébio pusieron por delante a Portugal y el gol de Rildo sólo generó un poco de incertidumbre hasta el definitivo tres a uno de Eusébio que envió a los brasileños, los actuales campeones, a casa

La Pantera Negra marcó dos goles para mandar a casa a Brasil.

Hungría y Portugal seguían adelante.

Los cuartos de final iban a deparar un choque inédito en la Copa del Mundo entre dos selecciones debutantes en el torneo. La Portugal de Eusébio, que había ganado sus tres partidos de la primera fase, ante la sorprendente Corea del Norte, que había vencido a Italia por un gol a cero para clasificarse como segunda de grupo y enviar a los transalpinos de vuelta a casa en una de las sorpresas más descomunales de la historia de los mundiales. La Unión Soviética había sido la primera del grupo de italianos y norcoreanos y eliminó también a los húngaros en cuartos para acceder a las semifinales.

El 23 de julio, en el estadio Goodison Park, de Liverpool, norcoreanos y portugueses saltaron al campo conscientes de que jugaban un partido para la historia. E increíblemente, al minuto de encuentro, Pak Sung Jin hizo el primer gol. Los portugueses, atónitos, asistieron a una exhibición asiática que culminó con dos goles más. Habían pasado 25 minutos de partido y Corea del Norte goleaba por 3 a 0 a Portugal. Ver para creer.

Pero entonces emergió la figura de la Pantera Negra en el partido más recordado de toda su carrera. A los dos minutos del tercer gol coreano, Coluna vio el desmarque de Eusébio y le envió un balón en profundidad que el mozambiqueño transformó en el 3 a 1. 

Y a falta de un minuto para acabar el primer acto, puso en la escuadra un penalti que le habían hecho a él. 3 a 2 para Corea del Norte al descanso. 

Ya llovía menos.

Los goles de Eusébio arreglaron el desaguisado ante Corea del Norte.

A la salida de los vestuarios, Portugal se convirtió en un vendaval y Eusébio clavó de volea la pelota en la portería norcoreana para empatar a tres. Unos cuantos minutos más tarde, la Pantera se metió entre dos defensores en el área y lo derribaron claramente. El penalti lo volvió a ejecutar Eusébio para remontar el encuentro. 

Aún marcaría José Augusto de cabeza el tanto que finiquitaba el choque: cinco a tres para Portugal y a disputar la semifinal del Mundial contra Inglaterra tres días después.

Sin embargo, nada más acabar el encuentro de cuartos de final, los portugueses empezaron a perder la semifinal. Según las normas del torneo, las semifinales se jugarían en la sede del equipo que mejor resultados hubiera obtenido durante el campeonato. Y entre Portugal e Inglaterra, el equipo que mejor coeficiente tenía era Portugal. 

Así que la semifinal ante los anfitriones debería haberse jugado en Goodison Park, en Liverpool, en el estadio del Everton. Pero la Federación Inglesa llamó a la Portuguesa y les convenció de jugar en Wembley, de donde la selección de Alf Ramsey no se había movido en todo el Mundial. Los jugadores lusos no querían ni oír hablar del cambio, y más después de haber jugado cuatro partidos en Liverpool y haberlos ganado todos, pero su propia federación lo aceptó (nadie sabe a ciencia cierta por qué) y el choque cambió de escenario para disputarse en Wembley.

Y en Wembley, ante 94.000 espectadores vociferantes, Eusébio sufrió el marcaje al hombre de Nobby Stiles, un arbitraje permisivo de Pierre Schwinté y un partido memorable de Bobby Charlton, que marcó un golazo en el minuto 30 de partido y otro a tan sólo 10 para el final para poner a los ingleses a un paso de la final de la Copa del Mundo. 

Eusébio recortó distancias a falta de 7 minutos transformando un penalti por manos de Jack Charlton. Era su octavo gol en el torneo, pero no sirvió para llevar a Portugal a la final y tampoco para ahogar su llanto cuando sonó el pitido del colegiado.

Eusébio marcó de penalti un gol que no le bastó a Portugal.

El tercer y cuarto puesto ante la Unión Soviética sirvió para confirmar la mejor clasificación de Portugal en la historia de los mundiales, para que Eusébio confirmara la Bota de Oro con otro gol más (hizo nueve en seis partidos) y para que recibiera el título honorífico de mejor jugador del campeonato.

***

Curiosamente, ese Mundial lo alejó del millonario contrato que le proponía el Inter de Milán. Dos años atrás, la Juventus de Turín había intentado fichar a Eusébio, pero el mismísimo presidente de Portugal se reunió con el jugador para pedirle que se quedara, al menos, hasta pasado en Mundial de Inglaterra. 

Una vez concluido el torneo, el que vino a por él fue el Inter y, esta vez, el Benfica no tenía más remedio que dejarlo salir. Pero la eliminación de Italia de la Copa del Mundo ante los norcoreanos supuso tal trauma en el país que la federación cerró las fronteras y prohibió el fichaje de extranjeros por considerar que se estaba perjudicando claramente el nivel de la selección italiana.

Y así fue como Eusébio se quedó en el Benfica. 

Y así fue como Eusébio siguió marcando goles con las Águilas. 

Y así fue cómo Eusébio volvió a pisar el estadio de Wembley para disputar la final de la Copa de Europa de 1968 ante el Manchester United. 

Y así fue cómo Eusébio volvió a ser marcado “férreamente” por Nobby Stiles. 

Y así fue cómo Eusébio volvió a perder en Wembley, donde nunca ganó. 

Y así fue cómo Eusébio y el Benfica volvieron a sufrir la maldición de Guttmann y volvieron a perder otra final de Copa de Europa. La tercera.

El United derrotó 4 a 1 al Benfica en la final de la Copa de Europa de 1968.

La Pantera Negra se marchó del club encarnado a los 33 años y cuando ya no podía ofrecer más a su equipo del alma, con la rodilla izquierda echa cisco, después de seis operaciones. Con el cuadro lisboeta marcó 471 goles en 440 partidos y ganó 11 Ligas, 5 Copas y 2 Copas de Europa. Ganó el Balón de Oro en 1965 y las Botas de Oro Europeas de 1968 y 1973.

Y se fue a hacer las Américas. Primero, a Estados Unidos. Después, a Canadá. De vuelta a Estados Unidos. Y después, a México. El físico ya no le acompañaba, pero la Pantera no se quería retirar. Tenía 38 años y volvió a Portugal, donde cerró su periplo como jugador en un par de equipos modestos. Finalmente, en 1979, el astro se retiró. Y dejó una huella imborrable en los seguidores del Benfica, en los portugueses y en todos los amantes al fútbol.

***

La Pantera sembró las bases de la grandeza de la selección portuguesa y marcó una época codeándose con los mejores jugadores del mundo. Aún le daría tiempo a ver cómo Portugal le ganaba la semifinal de la Eurocopa de 2004 a Inglaterra en tierras lusas y desde el punto de penalti para vengarse de la derrota del 66. 

Eusébio felicita a Ricardo tras la victoria ante Inglaterra.

Pero también vio cómo los griegos impedían que Portugal se llevara la gloria en la final.

Eusébio murió el 5 de enero de 2014, a punto de cumplir los 72 años, y sin tiempo para ver cómo esa gran selección que él contribuyó a crear ganaba la primera Eurocopa de su historia, aunque no fuera ante Inglaterra, sino ante Francia y en terreno francés.

miércoles, 16 de marzo de 2022

Just Fontaine sacó su fusil en Suecia 1958

Cada cuatro años, a medida que se acerca el Mundial de fútbol, nos acordamos de un jugador único que prácticamente pasó desapercibido en su día, pero que, a medida que pasaban los torneos, su rendimiento y sus goles acabaron por valorarse en su justa medida.

Y es que este delantero nacido en 1933 en Marrakech (entonces Protectorado francés) anotó 13 tantos en los seis partidos que disputó con Francia en la Copa del Mundo de Suecia en 1958, una cifra que nadie ha alcanzado en ningún torneo posterior. 

Just Fontaine anotó trece goles en el Mundial de Suecia 58. 

Además, marcó en todos los encuentros que disputó y se consagró como máximo artillero por delante de Helmut Rahm, el delantero de Alemania que le había dado la Copa del Mundo en 1954, y del debutante Pelé, que a sus 17 años había maravillado al mundo y había sido uno de los culpables de que Brasil se alzar con su primer título mundialista. 

Pues bien, Rahm y Pelé, que hicieron un torneo superlativo, anotaron 6 tantos cada uno. Sumando los goles de ambos no hubieran alcanzado los 13 de Fontaine.

Pero, ¿quién era ese jugador que se presentó en Suecia para destrozar las redes de todos sus rivales? ¿Cómo es que casi nadie reparó en él antes del torneo? 

***

Just Fontaine, que había empezado a jugar a fútbol en Marrakech a los 15 años y se había hinchado a meter goles, fichó por el OGC Niza en 1953 y, a los 20 años, empezó a despuntar como uno de los goleadores más importantes de Francia. 

Tanto es así, que el Stade Reims, que había ganado la liga en la temporada 1954-55 y había llegado a la primera final de la Copa de Europa ante el Real Madrid en 1956, decidió ficharlo (junto a otros delanteros franceses que empezaban a despuntar) para cubrir la marcha de su estrella Raymond Kopa precisamente al conjunto merengue.

Fontaine metió 30 tantos en su primera temporada y 34 en la segunda para ayudar al Stade de Reims a proclamarse campeón de Liga y de la Copa de Francia, convirtiéndose a la vez en el máximo artillero de las dos competiciones.

El Stade Reims de Fontaine ganó la Copa de Francia de 1958.

Pero si Just Fontaine fue seleccionado para disputar el Mundial de Suecia fue a causa de la lesión de un compañero suyo del Stade Reims, René Bliard, que se rompió un tobillo poco antes del inicio de la Copa del Mundo. ¿Y cómo es que Fontaine estaba por detrás de su compañero de equipo en los planes del seleccionador Albert Batteux? La respuesta no es sencilla.

Just se había lesionado el menisco en diciembre de 1957 y había tenido que operarse. No volvería a pisar el césped hasta febrero de 1958, con el Mundial a la vuelta de la esquina. Además, el ataque francés estaba claramente formado y engrasado con la presencia estelar de Raymond Kopa, el pequeño Napoleón. 

A Kopa lo secundaban Jean Vicent en el extremo izquierdo, Roger Piantoni partiendo de la media punta izquierda, el joven Maryan Winieski en el extremo derecho y Bliard en el centro del ataque. Excepto Kopa, que jugaba en el Real Madrid desde 1956, el resto de los componentes de la delantera francesa jugaban juntos en el Stade Reims. 

Curioso. 

Porque el seleccionador francés, Albert Batteux, era también el entrenador del Stade Reims y la decisión que tomó fue simple: había que quitar a uno de sus cinco delanteros del club para incorporar a Kopa, que era la estrella del equipo, y sentó a Fontaine. Pero cuando se lesionó Bliard, lo sustituyó por el mismo Just Fontaine, sin cambiar el dibujo y sin dejar de juntar a 5 delanteros que se conocían a la perfección y jugaban prácticamente de memoria.

Kopa y Fontaine fueron los estandartes de Francia en Suecia.

El caso es que dicen las malas lenguas que Fontaine se presentó en Suecia con unas botas que ya tenían demasiado camino recorrido y cuando el seleccionador le comunicó que sería titular en el partido del debut ante Paraguay, el delantero le pidió prestadas las botas a su compañero Stéphane Brue, que no iba a jugar. 

Ya no se las quitaría en todo el torneo y con ellas anotaría los 13 famosos tantos.

***

Los tres primeros goles se los llevó Paraguay, que debutaba en un Mundial y que, pese a lo rotundo del marcador final (7-3), vendió muy cara su derrota. Amarilla adelantó a los guaraníes en el minuto 20 de partido, pero Fontaine le dio la vuelta al marcador en apenas 10 minutos con dos tantos recogiendo dos preciosos pases a la espalda de la defensa y definiendo como nadie ante el portero.  

Pero Amarilla volvió a empatar en encuentro al transformar un penalti al filo del descanso y, tras el paso por los vestuarios, los paraguayos se adelantaron de nuevo con un tanto de Jorge Romero. 

Por suerte para los franceses, Piantoni igualó a tres tan sólo 2 minutos después y se desató la tormenta goleadora de “los Blues”. Wisnieski, Fontaine, Kopa y Vicent anotaron cuatro tantos en 22 minutos para noquear a la brava selección sudamericana.

El segundo encuentro enfrentaba a los galos con su bestia negra, Yugoslavia, que les había apeado en la fase clasificatoria del Mundial de 1950 y que les había dejado fuera de los cuartos de final del Mundial de 1954 tras ganarles en la fase de grupos.

Fontaine adelantó a los franceses a los cuatro minutos con un remate de zurda dentro del área pequeña, pero los yugoslavos empataron a los 16 minutos y se pusieron por delante mediada la segunda parte. Merecieron algún tanto más los eslavos, pero no definieron y, a falta de cinco minutos, Fontaine recogió una pelota al borde del área grande y empató el encuentro con una vaselina ante la salida del meta yugoslavo. 

Era su segundo tanto del día y el quinto en los dos partidos que se llevaban de torneo. Pero cuando todo parecía condenado al empate, Toza Veselinovic hizo el 3 a 2 que obligaba a los galos a jugarse el todo por el todo ante Escocia en la última jornada.

Fontaine hizo dos goles ante Yugoslavia, pero no bastaron para ganar.

Los escoceses habían empatado en la primera jornada contra Yugoslavia y habían caído por 3 a 2 ante Paraguay, por lo que una victoria aún les daría opciones de pasar a cuartos de final. Pero los franceses no lo iban a permitir y en la primera parte resolvieron el duelo con un gol de Kopa y el sexto de Fontaine en el torneo. El delantero porfió con su marcador para llevarse la pelota y batir al meta de disparo cruzado. Escocia recortó distancias en la segunda parte, pero el marcador se mantendría ya inamovible en el 2 a 1.

Francia se clasificaba para cuartos de final donde se mediría a la sorprendente Irlanda del Norte, que se había clasificado como segunda en un grupo complicadísimo con rivales tan fuertes como Alemania, Checoslovaquia y Argentina

Los norirlandeses, en su primera participación en un Mundial, hubieron de jugar un partido de desempate ante Checoslovaquia para dilucidar quién acompañaría a los campeones del mundo, Alemania, a los cuartos de final. 

Ganaron los norirlandeses por 2 a 1, aunque ese choque redujo sus posibilidades ante los franceses, ya que tuvieron 3 días menos de descanso y un viaje eterno hasta Norrköping, donde los galos hacía cinco días que esperaban.

Así las cosas, los cuartos de final no tuvieron historia. Los franceses apabullaron a sus rivales y ganaron por cuatro tantos a cero, el segundo y el tercero de Just Fontaine.

Pero las semifinales serían otra historia. Allí esperaba una Brasil que había despertado la admiración de todos durante el torneo. Los diarios europeos hablaban de la magia del extremo derecho, Garrincha, del todo incontrolable, del juego maravilloso de Didí y de la calidad del sorprendente Pelé. 

Eso sí, todos le daban una posibilidad a Francia, ya que consideraban que esas mismas individualidades brasileñas podían ser su condena por su incapacidad para jugar en equipo tal como hacían las selecciones europeas.

El partido empezó eléctrico, con un gol de Vavá a los dos minutos que contrarrestó el máximo artillero del torneo, Just Fontaine, con otra diana siete minutos más tarde. Recogió una pelota dentro del área, recortó al portero y anotó el primer tanto que recibía la canarinha en todo el torneo. 

Brasil acusó el golpe, pero sólo estuvo grogui unos cuantos minutos. Poco a poco, los artistas brasileños desarbolaron a los europeos y Didí volvió a poner a los sudamericanos por delante a los 39 minutos.

Fontaine fue una pesadilla para Brasil, pero no fue suficiente.

Tras el paso por vestuarios, Pelé elevó el jogo bonito a la categoría de arte y dio una auténtica exhibición con tres tantos preciosos. Vicent anotó casi al final para maquillar el resultado: 5 a 2 y los brasileños disputarían su segunda final de una Copa del Mundo tras el Maracanazo del 50 y se enfrentarían a Suecia, la anfitriona. Repetirían el 5 a 2 ante Francia para levantar la Copa.

Mientras, los galos afrontaron el partido del tercer y cuarto puesto ante Alemania como una oportunidad extraordinaria de cerrar bien un torneo donde habían sido protagonistas por primera vez en su historia y la verdad es que germanos y franceses ofrecieron un espectáculo magnífico en un partido que siempre ha resultado del todo intrascendente. 

Fontaine cerró el Mundial haciéndole cuatro goles a Alemania.

El caso es que los franceses derrotaron por seis a tres a los campeones del mundo de 1954 y Fontaine anotó otros cuatro tantos para acabar el Mundial con trece dianas, cifra jamás superada en un solo torneo.

Al goleador francés le regalaron un fusil, que era el obsequio que tenía reservado un periódico sueco para el máximo goleador de la cita mundialista. Y se volvió a Francia con el arma y con la sensación de haber perdido una oportunidad histórica de ser campeón del mundo. 

Just Fontaine y su fusil llegan a hombros a Francia.

Porque ni a Fontaine, ni a ninguno de sus compañeros, les importó demasiado eso de ser los máximos goleadores. Ellos sólo querían alzar la Copa del Mundo y no fue posible.

***

Después del Mundial, Fontaine siguió goleando en el Stade Reims y en la selección. En la temporada 1958-59 el equipo no rindió en la liga como se esperaba, pero alcanzaron la final de la Copa de Europa y se la disputaron al Real Madrid, quien hubo de sufrir mucho para ganar por dos goles a cero al equipo de Fontaine.

Al año siguiente, el Stade Reims volvió a ganar de nuevo la Liga con 28 goles de Fontaine, pero el 20 de marzo de 1960 sufrió una durísima entrada en un partido ante el Sochoux y el resultado fue doble fractura de tibia y peroné. 

Lo operaron, inició el proceso de recuperación y reapareció el 1 de enero de 1961 en un partido ante el Limoges… y se volvió a romper por el mismo sitio. 

Aún intentaría recuperarse de nuevo y jugó con Francia un partido de clasificación para el Mundial de Chile 62, pero ya no era el mismo, la pierna no le respondía y decidió retirarse oficialmente el 5 de julio de 1962. 

Tenía sólo 29 años. 

Y se marchó con su fusil de la Copa de Mundo a cuestas y el zurrón cargado de goles: 30 en 21 partidos con la selección francesa y 145 en 152 partidos con el Stade Reims.

Los compañeros levantan a Fontaine tras su grandioso Mundial.

Just Fontaine no volvió a disputar ningún Mundial más, pero dejó una huella imborrable en el de Suecia que solo empezó a reconocerse a medida que pasaban las Copas del Mundo y nadie era capaz de superar su magnífico registro de trece goles en un mismo torneo. 

Y marcó en todos los partidos. 

Y no lanzó ningún penalti. 

Y, desde entonces, cada cuatro años nos volvemos a acordar de su nombre.

viernes, 11 de marzo de 2022

La maldición del campeón

Hay un mito alrededor de la Copa del Mundo que se ha ido forjando con el paso de los años y que habla de las escasas posibilidades de que el campeón renueve su cetro mundial cuatro años después, que suele ser directamente proporcional a las enormes posibilidades de hacer un ridículo estrepitoso en su defensa del título. Como todos los mitos, hay una gran parte de ficción en él, pero también hay ejemplos que corroboran con creces la existencia real de la llamada Maldición del Campeón. 

De hecho, no hace falta irse muy lejos en el tiempo. De las cuatro últimas campeonas del mundo (sin contar a Argentina, campeona del Mundial de Catar 2022 porque aún no sabemos cómo le irá en 2026), Italia, España y Alemania, cayeron en la primera fase siendo los defensores del título. Tan sólo Francia eludió la Maldición del Campeón y a punto estuvo de repetir título, una hazaña que muy pocas selecciones han conseguido.

Empecemos precisamente por ahí, por los escasos campeones que sí lograron revalidar su corona, para comenzar en positivo. Italia ganó el Mundial de 1934 y el de 1938. Ahí la maldición del campeón aún no se había puesto en marcha, ya que sólo se habían disputado tres mundiales y el primer campeón, Uruguay, no quiso acudir a los dos mundiales siguientes, por lo que el campeón no defendió su título en Italia 1934, mientras que los transalpinos lo defendieron ganándolo otra vez en 1938 antes de que todo se suspendiera a causa de la Segunda Guerra Mundial hasta 1950.

Italia fue la primera en ganar dos mundiales seguidos. Lo hizo en Francia 38.

La otra selección que ha conseguido ganar dos mundiales seguidos es Brasil. La canarinha consiguió su primera Copa Jules Rimet en Suecia, en 1958, y repitió título cuatro años más tarde en Chile. 

Sin embargo, curiosamente, fue también la primera en verse afectada por la maldición del campeón, ya que en 1966, defendiendo su doble título mundial, se marchó a casa en la primera fase en un campeonato bochornoso para la verdeamarelha.

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La Brasil de 1966 se presentó en Inglaterra con Pelé y Garrincha en plenitud. O Rei se había lesionado en el primer partido del Mundial de Chile 62 y dejó a Garrincha al mando de una selección que acabaría ganando el torneo. Pero a Inglaterra volvían a llegar los dos juntos y Brasil no había perdido ni un solo partido con la pareja sobre el césped. 

El debut de la canarinha ante Bulgaria no iba a ser una excepción, ya que los campeones derrotaron a los europeos por dos a cero en un partido deslucido con goles de nuestros dos protagonistas. El problema es que los búlgaros los cosieron a patadas y, como ya pasara cuatro años atrás, Pelé se lesionó.

El seleccionador Feola decidió proteger a O Rey y no lo alineó en el segundo partido ante Hungría. Brasil cayó por 3 tantos a 1, con lo que el choque que mediría a brasileños y portugueses dirimiría quién pasaría a los cuartos de final y quién tendría que hacer las maletas antes de tiempo.

Pelé saltó al césped ante la Portugal de Eusébio… y volvieron a coserlo a patadas. El astro brasileño acabó cojeando por el campo mientras el portugués Eusebio anotaba dos tantos para darle la victoria a los suyos (el choque acabó 3 a 1) y mandar a casa al campeón

Pelé cayó ante Portugal. La bicampeona Brasil, también.

Era la primera vez en la historia de los mundiales que un campeón del mundo caía eliminado en la primera ronda del torneo. 

Pero no sería la última…

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Al Mundial de 2002, celebrado en Corea y Japón, se presentó Francia como brillante campeona del mundo en 1998, de Europa en el año 2000 y de la Copa Confederaciones en 2001. El seleccionador era Roger Lemerre, que había sustituido a Aimé Jaquet al frente del equipo después del Mundial del 98, y contaba con estrellas contrastadas como el portero Barthez, los defensas Desailly, Blanc, Lizarazu, Thuram o Vieira, los centrocampistas Deschamps, Makelele, Zidane o Djorkaeff y delanteros de clase mundial como Thierry Henry, Trezeguet, Wiltord o Dugarry.

Los franceses cayeron en un grupo aparentemente asequible, ya que debutaban ante Senegal y cerrarían la primera fase ante Uruguay y Dinamarca. Pero la maldición del campeón les atacó en el primer partido y todo estalló. 

Senegal ganó 1 a 0 con tanto de Papa Bouba Diop y la concentración francesa se convirtió en un polvorín. 

Papa Bouba Diop celebra el tanto que asomaba a Francia al abismo.

El choque ante Uruguay estaba marcado en rojo por los galos, pero los nervios y el mal rollo que comenzaba a aflorar en el grupo se dejaron notar y no pudieron pasar del empate a cero ante los charrúas.

La última jornada enfrentaba a los campeones de mundo ante Dinamarca, que había ganado en su debut ante los uruguayos y había empatado a un tanto ante Senegal. Los franceses aún podían clasificarse ganando a los nórdicos. Pero Rommedahl marcó el cero a uno a los 22 minutos y los campeones nunca se sobrepusieron. En la segunda mitad, Tomasson remató a los galos y los envió a casa con una crisis interna sin precedentes que se llevó por delante al entrenador y a buena parte de los integrantes de la selección.

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En la edición de Sudáfrica en 2010, los italianos estrenaban la defensa del título ante Paraguay, en un encuentro que empató De Rossi en la segunda mitad a la salida de un córner. 

Pura Italia. 

En el segundo encuentro ante Nueva Zelanda, los campeones volvieron a empatar con un penalti muy polémico anotado por Iaquinta. Pero como Italia es Italia y suele pasar las fases de grupos por los pelos, nadie acababa de creerse que peligrara su clasificación en el último partido de la fase de grupos ante Eslovaquia. 

De hecho, los eslovacos se adelantaron al poco de iniciar el encuentro y aumentaron su ventaja a falta de poco más de un cuarto de hora para el final del choque, pero los italianos recortaron distancias con un tanto de Di Natale a falta de 9 minutos y pusieron cerco a la meta eslovaca. 

Pero esta vez no hubo milagro y Eslovaquia hizo el tercero antes de que Quagliarella volviera a recortar distancias a dar esperanzas a los transalpinos. 

Eslovaquia mandó a Italia para casa en el Mundial de Sudáfrica.

Al final, el 2 a 3 envió al campeón de vuelta a casa con una enorme crisis a cuestas.

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En 2014, en Brasil, era España la que defendía el título y los ibéricos se la pegaron sin remisión. El torneo empezó para ellos como había acabado el anterior, con un choque estelar ante Holanda, pero el resultado fue radicalmente distinto. 

Los españoles se adelantaron en el marcador, pero Van Persie puso las tablas antes del descanso. En la segunda parte, Holanda pasó por encima de los campeones del mundo y le endosó una goleada tremenda por cinco a uno. 

Los de Del Bosque ya no levantaron cabeza ante Chile en un encuentro que se había convertido en una auténtica final. Los españoles perdieron por dos a cero ante una selección andina muy superior y afrontaron la última jornada de una triste primera fase sabiendo que se iban para casa.

Los jugadores españoles, impotentes tras los goles de Chile.

Al final, los defensores del título golearon a Australia (3-0) en un partido que sólo sirvió para que el David Villa anotara un tanto más en su larga carrera goleadora con España. 

Otro campeón a casa a las primeras de cambio y a resetearse.

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Y cuatro años más tarde, en Rusia, con un campeón tan fiable como Alemania, la maldición volvió a hacer acto de presencia. Los de Joaquim Löw cayeron en su primer partido ante México y estuvieron contra las cuerdas contra Suecia hasta que un tanto precioso de falta directa de Kroos les dio una victoria agónica pasando de la hora. 

Los teutones se habían visto fuera del Mundial, pero ese triunfo permitía mantener las esperanzas intactas en la última jornada ante Corea del Sur y, lo más importante, hacía creer al mundo que lo peor para los germanos ya había pasado. 

Nada más lejos de la realidad, porque los surcoreanos dieron la campanada  y marcaron dos tantos en el descuento del partido para enviar a casa al campeón por tercer torneo consecutivo en la primera fase.

Corea del Sur celebra el triunfo mientras Alemania se lamenta.

Pero la Francia de Deschamps se inmunizó en Catar ante la funesta maldición y fue capaz de volver a alcanzar la final de la Copa del Mundo. De hecho, estuvo a punto de volver a levantarla tras remontar por dos veces ante la Argentina de Messi (3-3) y acabar cayendo en los penaltis de una de las finales más espectaculares de la historia de los Mundiales. 

Habrá que esperar hasta el Mundial de 2026 para saber si la Maldición del Campeón ha desaparecido definitivamente o sólo se ha escondido durante un tiempo para regresar con más fuerza.

Veremos.