"El fútbol es la única religión que no tiene ateos", Eduardo Galeano

martes, 26 de abril de 2022

Las dos estrellas de Francia, la última bicampeona del mundo

Francia ganó en Rusia, en el Mundial de 2018, la segunda estrella para su camiseta del Gallo, después de haberse ganado la primera en la Copa del Mundo que se disputó en su propio país en 1998. En ambos casos, la selección francesa apostó por la multiculturalidad, con dos equipos conformados por una gran cantidad de descendientes de inmigrantes procedentes de las antiguas colonias que consiguieron mezclar en dos equipos fantásticos que combinaban fuerza, físico, trabajo táctico y velocidad con una calidad tremenda de tres cuartos de campo hacia adelante.

Era, en realidad, una evolución desde el fútbol de salón practicado por la Francia de principios de los 80, la de Platini y sus compinches, la que más cerca estuvo de levantar una Copa del Mundo, hasta la fortaleza defensiva de los Thuram, Blanc, Deschamps, Lizarazu y compañía rematada por la exquisitez de Zidane, Djorkaeff o Henry.

Pero hasta llegar a ese momento de gloria, el fútbol francés sólo tuvo una gran alegría. La que le dieron Kopa y Fontaine en el Mundial de Suecia de 1958. En tierras escandinavas, aquel equipo maravilló al mundo, pero acabó cayendo ante otro aún mejor: la Brasil de Pelé, Vavá y Garrincha, que asombró al mundo para conseguir su primera corona y que dejó a Francia con la miel en los labios derrotándola por 5 a 2 en semifinales. 

Francia y Alemania disputaron el tercer y cuarto puesto en 1958.

Los franceses acabaron terceros tras derrotar a Alemania por un clamoroso seis a tres y al delantero Just Fontaine le regalaron un fusil por ser el máximo goleador del torneo con la friolera de trece goles. 

Nadie ha superado esa cifra en una sola edición de la Copa del Mundo.

La travesía por el desierto de la selección francesa duró hasta principios de los 80, cuando Michel Platini se convirtió en uno de los mejores jugadores del mundo de la época y se rodeó de jugadores fantásticos técnicamente como Tigana, Giresse o Genghini, que conformaron un centro del campo de lujo, lo más parecido a la Brasil de Zico, Sócrates o Tostao en cuanto a su concepción de fútbol espectáculo. Más imprevisibles y con más movilidad los brasileños, más tocadores y sin tanto vértigo los franceses.

Pero en la cima de su apogeo, ninguna de esas dos selecciones pudo levantar la Copa del Mundo en España 82. Los italianos se cruzaron en el camino brasilero, mientras que Alemania, auténtica bestia negra francesa, se encargó de apear a los galos en una semifinal épica disputada en el estadio de Sarriá.

Esa selección francesa perseveró en su estilo y se impuso, por primera vez en su historia, en una Eurocopa. En este caso fue en su propio país, en Francia, en 1984. Los galos ganaron a España por dos a cero en la final con Platini en plan estelar durante toda la fase final. No sólo dirigió a su equipo, sino que fue el máximo goleador del torneo con 9 goles en 5 partidos. Unas cifras goleadoras al alcance de muy pocos.

Automáticamente, la candidatura de Francia a levantar la Copa del Mundo de México 86 se hizo más tangible que nunca. Y los galos respondieron a las expectativas con un buen inicio de torneo. Superaron por la mínima a la debutante Canadá (1-0), empataron ante una gran Unión Soviética (1-1) y derrotaron con claridad a Hungría (3-0). Francia pasó como segunda de grupo porque los soviéticos le metieron seis a Hungría y dos a Canadá.

Y eso emparejó a Francia con la actual campeona, Italia, en el duelo estelar de los octavos de final. Los franceses ventilaron el compromiso con aparente facilidad y ganaron por dos goles a cero, dando un serio aviso al resto de favoritos.

En los cuartos de final esperaba Brasil en lo que se convertiría en un partidazo. Careca adelantó a la canarinha, pero Platini empató de penalti poco antes del descanso. Las ocasiones se sucedieron en la segunda mitad, pero el marcador ya no se movería. En la prórroga tampoco pudieron desnivelar el marcador y los penaltis, por una vez, sonrieron a Francia, aunque, paradojas de la vida, fallaron Platini y Sócrates, los mejores de cada selección.

El caso es que Francia volvía a citarse con Alemania en las semifinales del torneo. 

Rummenigge y Platini intercambian banderines en México 86.

Y, como cuatro años antes en España, los galos volvieron a caer. 

Esta vez no hubo prórroga. 

Los germanos se adelantaron a los nueve minutos con un disparo de falta directa de Brehme que se escurrió entre los dedos de Joël Bats y se dedicaron a conservar la renta. A un minuto del final, y en una contra de manual con los franceses volcados al ataque, Völler hacía el segundo para volver a dejar a Francia sin premio.

Pero este germen de grandeza lo recogió la generación posterior. Esa que encabezaría Zidane en el Mundial de Francia de 1998, doce años más tarde. 

La Francia de Aime Jacquet era otra cosa. Tenía una tremenda calidad del centro del campo hacia arriba con Zidane, Pires, Henry, Djorkaeff, Guivarc'h, Dugarry o un jovencísimo Trezeguet, pero de medio campo hacia atrás eran un auténtico muro con jugadores como Deschamps, Karembeu o Petit en el centro del campo y Blanc, Desailly, Thuram o Lizarazu en la línea defensiva. Un equipo rocoso, fuerte, rápido, duro, pero capaz de romper un partido en cualquier momento con la tremenda calidad de sus atacantes.

Esa selección empezó siendo muy criticada por la derecha francesa, que no se sentía representada por unos jugadores a los que no consideraba franceses. Y es que de los 22 futbolistas que representaron a Les Bleus en aquel mundial, únicamente 8 eran de origen exclusivamente francés: Laurent Blanc, Didier Deschamps, Stéphane Guivarc’h, Fabien Barthez, Emmanuel Petit, Frank Leboeuf, Christophe Dugarry y Lionel Charbonnier.

Los otros 14 tenían orígenes muy diversos. Patrick Vieira había nacido en Senegal; Christian Karambeu en Nueva Caledonia, Marcel Desailly en Ghana y Lilian Thuram en Guadalupe. Además, estaba Bernard Lama, de origen guyanés; Youri Djorkaeff, de origen armenio; Zinedine Zidane, de origen argelino; Thierry Henry, de origen antillano; Bernard Diomède, de origen guadalupano y Alain Boghossian, de origen armenio. Completaban la convocatoria David Trezeguet, de origen argentino, Vincent Candela, de origen español, Robert Pirès, de origen portugués y español, y Bixente Lizarazu, de origen vasco.

La Francia multicultural que conformó Jacquet ganó el Mundial y la Eurocopa.

Pues a la conclusión del torneo, con la victoria de esta magnífica selección en la final ante Brasil (3 a 0), toda Francia se echó a la calle para celebrarlo con banderas tricolores, pero también argelinas o senegalesas. La Francia multicultural estaba en boca de todos. Todos juntos habían ganado por primera vez en su historia una Copa del Mundo venciendo claramente a Brasil en la final por 3 a 0.

La alegría francesa se prolongó dos años más, cuando ese equipo levantó también la Copa de Europa de 2000, disputada en Bélgica y Países Bajos. Pero la caída en la primera ronda del Mundial de Corea y Japón en 2002 con la maldición del campeón haciendo acto de presencia, altercados graves en Francia entre colectivos procedentes de la inmigración y las duras diatribas de la extrema derecha francesa resquebrajaron el espíritu de aquella selección que aún tuvo casi un epílogo glorioso disputando la final del Mundial de Alemania 2006 ante Italia en el día del famoso cabezazo de Zidane y de la fatídica tanda de penaltis que dio el tetracampeonato a la azzurra.

La selección francesa perdió sus referentes y su identidad y un cúmulo de despropósitos provocó el bochorno en el Mundial de Sudáfrica 2010, con el equipo eliminado en primera ronda, Anelka expulsado por insultos graves al seleccionador Domenech, jugadores que se plantaron y se negaron a entrenar durante los dos últimos días del torneo y una comparecencia posterior en la Asamblea Nacional Francesa del presidente de la Federación, el seleccionador y algunos jugadores. Ver para creer.

Pero Francia volvió a levantarse después del bochorno. Y volvió a hacerlo con otra magnífica generación de jugadores y un entrenador que volvió a apostar por la multiculturalidad. No es casualidad que el seleccionador sea Deschamps, que vivió en primera persona los éxitos de la mejor Francia de la historia y ha querido repetir el modelo.

Los Pogba, Mbappe, Kanté, Varane, Umtiti, Lemar, Payet o Lucas Hernández junto a Lloris, Griezmann, Giroud o Pavard son una especie de clon de la selección del 98. En espíritu y en estilo de juego. Y en Rusia se impusieron claramente jugando un fútbol vertiginoso cuando convenía y férreo y duro cuando también convenía.

Se impusieron los galos en su grupo a Australia (2-1) y Perú (1-0) y firmaron unas tablas sin goles ante Dinamarca para quedar primeros y no pasar apuros en los cruces, pero resultó que otros favoritos no habían hecho los deberes y se encontraron con ellos a las primeras de cambio. 

Así, Francia hubo de exprimirse en octavos para eliminar a Argentina en un partido precioso que acabó con un espectacular cuatro a tres. Después derrotó a la correosa Uruguay gracias a una jugada a balón parado y un error garrafal del meta Muslera.  

Mbappé celebra uno de los tantos que le hizo a Argentina.

Ya en semifinales, se enfrentaron a la divertida y espectacular Bélgica de Roberto Martínez en un partido que resultó más aburrido de lo esperado y que resolvió Umtiti con un cabezazo a la salida de un córner en el primer palo. Francia se metía así en la tercera final de su historia.

Y la final fue ante la sorprendente Croacia de Modric, Rakitic y Perisic, que había iba pasando rondas a base de goles en la prórroga, tandas de penalti y mucho sufrimiento. Curiosamente, los dos mejores mundiales croatas fueron los que ganó Francia. En 1998, la Croacia de Suker, Jarni y Vlaovic se metía por primera vez en su historia en semifinales de un Mundial y conseguía un tercer puesto histórico. En 2018, sería la subcampeona del mundo. Ambos mundiales los ganaron los franceses.

El caso es que los croatas fueron valientes e intentaron jugarle a Francia de tú a tú. Mandzukic se metió en propia puerta el primer gol, pero Perisic respondió con un golazo para empatar la final. Después, el propio Perisic cometería un penalti tonto que Griezmann aprovechó para adelantar a los franceses antes del descanso.

A la vuelta de los vestuarios, los franceses pusieron una marcha más ante un equipo muy cansado y Pogba y Mbappé hicieron dos goles espectaculares para sentenciar la final. El portero Lloris le puso emoción fallando un regate ante Mandzukic que permitió al croata recortar distancias y resarcirse del único gol en propia puerta hasta el momento en la historia de las finales de los Mundiales.

Dembelé, Mendy y Mbappé custodian la Copa del Mundo.

El cuatro a dos final coronó a Francia bicampeona del mundo y, al igual que 20 años atrás, los franceses se echaron a la calle para celebrar otro triunfo basado en la riqueza de una sociedad plural que parece que, en el caso francés, sólo se da en mundo del fútbol y de otros deportes, pero no en otros ámbitos de la sociedad. Sea como fuere, en el mundo del fútbol, Francia ha demostrado ya dos veces que la multiculturalidad es el camino. 

Y casi lo vuelve a demostrar en Catar en 2022, donde superó con creces la maldición del campeón para plantarse de nuevo en la final de la Copa del Mundo y caer en los penaltis ante la Argentina de Messi y Scaloni en una de las mejores finales de la historia de los Mundiales. 

Definitivamente, la multiculturalidad sí parece el buen camino. 

miércoles, 20 de abril de 2022

La llegada de Domenech y los antecedentes del motín de Francia en Sudáfrica 2010

Raymond Domenech había sido un jugador aguerrido, un lateral derecho que se caracterizaba más por su pundonor y su potencia física que por su calidad y su clase. Había empezado jugando en el Olympique de Lyon y después pasó por varios conjuntos franceses más como el PSG o el Girondins de Burdeos y fue internacional por Francia en ocho ocasiones.

La pasión por el fútbol de Domenech (y sus continuas lesiones) le llevó a prepararse y sacarse el título de entrenador con apenas 28 años, cuando aún era futbolista. De hecho, se guardó el título en la cómoda y siguió jugando hasta que, en 1985, compaginó las funciones de jugador y entrenador en su última temporada en el Mulhose, de la segunda división francesa.

El joven técnico (o el veterano exjugador) acabó subiendo al equipo a la Primera División tras varios intentos frustrados, pero esa misma temporada del ascenso fichó por el Olympique de Lyon, el equipo de su vida, el club en el que había debutado como profesional a los 18 años. 

Domenech jugando en el Olympique de Lyon.

El entrenador clasificó al equipo para la Copa de la UEFA y se ganó un buen contrato por parte de la Federación Francesa Fútbol, por la cual fichó en 1993 para hacerse cargo de las categorías inferiores de la selección.

Por las manos de Domenech pasó la flor y nata de las jóvenes promesas francesas. Tuvo a su cargo primero a Zidane, a Lilian Thuram o a Fabian Barthez, quienes años más tarde llevarían a la selección gala a la gloria con su triunfo en el Mundial de Francia. 

Y después fue el encargado de dirigir el combinado nacional francés en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, y bajo su batuta se juntaron Patrick Vieira, Claude Makelele, Robert Pires, Sylvain Wiltord o Jerome Bonnissel en tierras americanas. El torneo, que ganó Nigeria demostrando la tremenda irrupción africana en las competiciones internacionales, no fue bien para los galos.

Por lo que respecta a la selección absoluta, tras el triunfo francés en el Mundial del 98, dirigidos por Aime Jacquet, y en la Eurocopa de 2000, entrenados por Roger Lemerre, llegó el primer descalabro, con la eliminación en la primera fase del Mundial 2002 en Corea y Japón. Roger Lemerre abandonó la selección y Jacques Santini asumió el cargo. 

Mientras Lemerre se la pegaba en tierras asiáticas, Raymond Domenech estuvo muy cerca de tocar la gloria con la sub 21 en el Europeo de 2002. 

En Suiza, sus chicos se impusieron a la República Checa, a Grecia y a Bélgica en primera ronda y derrotaron en semifinales a los anfitriones suizos por 2 a 0. 

Sin embargo, cayeron en la final en los penaltis tras empatar sin goles ante una Chequia a la que ya habían derrotado en la primera fase. 

El portero checo era un tal Petr Cech.

Cech celebra el triunfo en la Eurcopa Sub 21 de 2002.

Dos años más tarde, en la Eurocopa de Portugal de 2004, la Francia de Santini se medía en cuartos de final ante la Grecia de Otto Rehhagel. 

Pese a que los helenos habían vencido en la jornada inaugural a los anfitriones portugueses y se habían metido en cuartos dejando fuera de las eliminatorias a selecciones tan potentes como España y Rusia, nadie en su sano juicio podía imaginar que la defensora del título caería ante la cenicienta del torneo.

Y más viendo cómo Francia se había impuesto con muchísima solvencia en su grupo derrotando a Inglaterra y a Suiza y cediendo un empate a dos ante Croacia.

Pero el fútbol no entiende de lógica, ni de favoritismo, ni de historia. Y un gol de Charisteas en la segunda mitad fue suficiente para doblegar a la todopoderosa Francia de Jacques Santini capitaneada por Zinedine Zidane y empezar a escribir una epopeya que acabó con los helenos levantando el trofeo en Lisboa para sorpresa de todos.

Angelos Charisteas remata para hacer el gol de la victoria ante Francia.

Esa derrota propició la caída del técnico tan sólo dos años después de su incorporación y provocó la decisión, bastante cuestionada por la prensa y los aficionados, de que Raymond Domenech se hiciera cargo de la selección absoluta tras once años trabajando en las categorías inferiores.

La era de Raymond Domenech al frente de Francia acababa de empezar. 

***

El nuevo seleccionador tenía la difícil misión de renovar a un equipo que había marcado una época y que iba perdiendo poco a poco a los héroes de aquellas dos gestas (Mundial 98 y Eurocopa 2002). El mismo Zidane había renunciado ya a jugar con la selección después de la Eurocopa de Portugal, por ejemplo.

Aún así, Domenech estaba encantado con su nuevo cargo y tenía ganas de hacer una buena limpieza en un equipo que se había desplomado en apenas cuatro años. Así que, nada más llegar, empezó a labrarse una fama de entrenador duro, incomprendido, un poco excéntrico, propenso a los arrebatos y especialmente polémico en las ruedas de prensa. 

De Henry, la máxima estrella francesa, ante una mala racha de cara a gol, empezó diciendo: “Quizá Henry tenga algunos problemas en su cabeza: el caso es que las cosas no le están yendo bien”.

Pero Domenech no se conformó con aprovechar la retirada de la selección de los últimos héroes del 98 (Zidane, Makelele o Thuram) para rehacer el equipo, sino que también se cargó al cocinero, a los auxiliares técnicos, a los doctores, a los fisios y hasta al jefe de prensa. Además, también cambió la reglamentación interna de la selección. 

Había llegado para hacer y deshacer a su antojo, para cambiar el rumbo de una selección que lo ganó todo en dos años y que ahora parecía precipitarse en el vacío.

El caso es que los galos empezaron mal la fase de clasificación para el Mundial de 2006 con tres empates sin goles en casa ante Israel, Irlanda y Suiza, sumados a dos victorias estrictamente prácticas por 0 a 2 en las Islas Feroe y Chipre. 

La nueva Francia de Domenech empató en casa sin goles ante Israel.

El empate a uno ante Israel en Tel Aviv el 30 de marzo de 2005 empezó a desatar los temores de prensa, afición y federación y, en agosto, antes de los choques decisivos que empezaban en septiembre, Zidane y Makelele anunciaron su regreso a la tricolor.

Hay quien dice que fue el seleccionador quien les pidió que volvieran para empezar a enderezar el rumbo en una fase de clasificación que se estaba poniendo cuesta arriba. Pero también hay quien apunta que fue el mismísimo presidente Chirac quien habló directamente con Zidane. Y aún hay otros, los más, que apuntan a que fueron ellos mismos, los héroes del 98, los que decidieron su vuelta por sí solos para enmendar el lío en el que el seleccionador estaba metiendo a los Bleus. 

Y que eso, obviamente, no le hizo ninguna gracia a Domenech.

Francia, con la vuelta de los veteranos, ganó a las Islas Feroe y el primer choque decisivo en Dublín, empató en Suiza y remató su clasificación goleando a la inofensiva Chipre. El Mundial se había asegurado, pero no como quería el místico Domenech, amante del teatro y la astrología, que no hubiera recurrido jamás a los Zidane, Makelele y compañía. 

De hecho, cuando dio la lista para el Mundial de Alemania, volvió la polémica. En ella no figuraba ni Pires (entonces en el Villarreal) ni Giuly (en aquel momento en el FC Barcelona), ante la sorpresa del entorno mediático futbolero francés, que clamaba al cielo.

Pires se desmarcó con unas declaraciones en las que afirmaba que el seleccionador no lo convocaba por ser Sagitario, un signo del zodíaco que molestaba especialmente a Domenech, mientras que Giuly, enfadadísimo, secundaba a su compañero afirmando con rotundidad que el técnico no lo llevaba a Alemania por ser Cáncer, otro signo conflictivo del Horóscopo según el criterio astrológico del entrenador. 

Exactamente, éstas fueron las palabras del extremo del FC Barcelona: “Igual es que un Cáncer no está bien para él. Ya le preguntaré si me tengo que cambiar de nombre, no sé. Después, que tenga cojones y hable conmigo cara a cara para saber el porqué”.

Giuly ganó la Champions 2006, pero no fue al Mundial.

El caso es que Domenech aseguró que no utilizaba la astrología para confeccionar las listas, pero sí hacía cartas astrales de sus jugadores para saber cómo comunicarse mejor con ellos y cómo iban a encajar en el grupo. 

Más leña al fuego.

***

De hecho, en el Mundial de Alemania las cosas no empezaron bien para Francia, que empató sin goles ante Suiza y a uno ante Corea del Sur y tuvo que jugarse la clasificación en el partido final de la primera fase ante Togo sin la participación de su estrella Zidane, que había recibido dos amarillas en los dos partidos anteriores. 

La última se la mostraron a falta de un minuto para acabar el choque ante Corea, ya con empate a uno en el marcador, y Domenech, ni corto ni perezoso, lo cambió. El astro galo ni lo miró cuando pasó por su lado y se quitó la muñequera con rabia lanzándola al suelo.

Zidane se marcha del terreno de juego sin mirar a Domenech.

En la rueda de prensa posterior, el entrenador le quitó hierro al asunto, pero tampoco se mordió la lengua. Afirmó que era normal que un jugador se enfadara ante un cambio, pero que él ya estaba pensando en el partido siguiente, en clave Togo, y Zidane no podría estar, por lo que estaba enviando un mensaje a sus jugadores y a sus rivales. 

Tal cual.

El choque ante Togo, sin Zidane, lo ganó con claridad Francia por dos a cero y, ayudada por la victoria de Suiza ante Corea del Sur, se clasificó por detrás de los helvéticos. Esa mala primera fase la castigó a transitar por la parte más dura del cuadro. 

En octavos de final esperaba la España de Luis Aragonés, que había hecho una muy buena primera fase y a la que todos consideraban favorita. 

La joven España contra la Francia de la Vieja Guardia. 

Pero nadie contaba con que, para ese enfrentamiento, los jugadores galos ya habían decidido definitivamente autogestionarse.

Desde la vuelta de los veteranos a la selección, Domenech había tenido que transigir en la titularidad de Barthez (él prefería a Colusso), de Thuram, de Makelele y de Vieira en el centro del campo (él lo prefería en la banda). 

Ahora le tocaría transigir también con un cambio de sistema que propusieron los jugadores: Ribery entró por Wiltord y reforzó el centro del campo, dejando más libertad arriba a Henry; a su lado, Zidane, y las espaldas cubiertas por Vieira, Makelele y Malouda en un costado. 

El resultado: tres a uno para Francia, España a casa y Zidane casi beatificado después de mover a su equipo y rematar con el tercer tanto que dejaba a los españoles sin posibilidades de remontada.

Zidane hizo un partidazo ante España y Francia volvió a brillar.

El partido de cuartos de final ante Brasil fue una exhibición de Zidane que remató Henry para dejar fuera a los actuales campeones y uno de los máximos favoritos del torneo. 

Una Francia veterana y aparentemente sin recursos estaba en semifinales del Mundial. 

Y allí esperaba la Portugal de Cristiano Ronaldo, que también volvió a probar de la medicina francesa. 

Arreón galo, penalti en el treinta y tres de la primera mitad, gol de Zidane y fin del partido.

Porque esa Tricolor parecía Italia, no concedía ocasiones y te mataba en transiciones rápidas comandadas por Zidane o Ribery y culminadas por Henry.

***

El grupo de Domenech que no parecía someterse a los designios del entrenador se había plantado en la final del Mundial ante Italia

La verdadera.

Y allí marcó Zidane un penalti lanzado a lo Panenka. 

Y empató la azzurra con un cabezazo de Materazzi, que se dedicó a perseguir al capitán galo todo el partido. 

Y aunque no hubo demasiadas ocasiones en la final, Italia estuvo más cerca de ganar en los noventa minutos reglamentarios, con gol anulado incluido. 

En la prórroga, Francia estuvo mejor, hasta que Zidane le propinó a Materazzi el cabezazo que le acarreó la expulsión y el peor cierre posible a una fantástica carrera. 

Zidane perdió la cabeza en el peor momento para él y para Francia.

Francia cayó en los penaltis y Zidane, que ya había anunciado su retirada del fútbol después del torneo, cumplió su palabra. 

Para la historia queda la imagen del capitán francés pasando junto a la Copa del Mundo, alejándose de ella de espaldas, poco a poco, camino de los vestuarios.

Tras la derrota francesa en los penaltis y el tetracampeonato del mundo italiano, la continuidad del seleccionador no estaba en entredicho. Llegar a la final de la Copa del Mundo le sirvió para seguir al mando de la selección, aunque ni pudo ni quiso reprimirse a la hora de comentar la jugada clave de la final. 

Dijo Raymond Domenech: “Para mí fue un fracaso. Nunca he sabido aceptar la derrota”. 

Y siguió: “Ya podría haber sido yo Materazzi. Juegas la final de un Mundial, metes un gol, provocas la expulsión del mejor futbolista del equipo contrario y marcas tu penalti. Materazzi fue el mejor jugador del partido”. 

Y a otra cosa.

Domenech aplaude y mira de reojo a Zidane tras su expulsión.

En su autobiografía, titulada “Tout Seul” y que vio la luz en 2012, el técnico se explaya un poco más sobre el papel de Zidane en ese mundial y reconoce que era el líder incontestable, el motor y el mejor jugador de esa selección, aunque nunca se llevó bien con él. Después, sobre el cabezazo a Materazzi, apostilla: “Fue un capricho que terminó con nuestra relación y confianza”.

***

La selección siguió su camino con el mismo director de orquesta. Esta vez ya sin dos de sus grandes solistas, Zidane y Barthez, rumbo a la Eurocopa de 2008. También se cayó de las listas un joven David Trezeguet, al que el error en el lanzamiento de penalti de la final del Mundial le pasó factura.

El destino quiso que Italia y Francia compartieran grupo de clasificación (junto a Escocia, Ucrania, Lituania, Georgia y las Islas Feroe) y a punto estuvieron los galos de quedarse fuera. 

Los dos primeros se clasificaban para el torneo. 

Francia ganó a Italia en París por tres a uno y sacó un empate sin goles de su visita al país transalpino, pero tropezó en Glasgow ante Escocia (1-0) y volvió a caer en casa ante los escoceses (0-1) para complicarse muchísimo la clasificación en la recta final. 

Curiosamente, fueron los italianos los que echaron un cable a los franceses ganando a Escocia en Glasgow mientras que Francia solventaba su papeleta ante Ucrania con un sufrido empate a dos. Al final, Italia se clasificó primera con 29 puntos y Francia segunda con 26. Los escoceses sumaron 24 puntos y se quedaron fuera de la Eurocopa.

Pero ese destino caprichoso del que hablábamos aún no estaba del todo saciado y se empeñó en volver a reunir a Italia y a Francia en el mismo grupo en la fase final de la Eurocopa de 2008, aunque esta vez acompañados por una imponente Holanda y por Rumanía, que parecía destinada a ser la convidada de piedra del grupo de la muerte. 

Los galos empezaron con un empate sin goles ante los rumanos, mientras que los Países Bajos goleaban a la campeona del mundo por tres a cero. Domenech salió con Anelka y Benzema en la punta del ataque, pero los cambió a ambos a doce minutos del final para que entraran Nasri y Gomis. 

El marcador no se movió igualmente.

Francia no pudo con Rumanía en su debut en la Eurocopa 2008.

El segundo partido ante Holanda era importantísimo para los de Domenech, que saltaron al terreno de juego sabiendo que los italianos habían empatado a uno ante Rumanía, un resultado buenísimo para Francia. 

El míster decidió empezar con Henry arriba y Ribery escoltándolo en el ataque, con Govou en el centro del campo, sacrificando a Anelka y Benzema. Los galos se encontraron muy pronto con un gol holandés a la salida de un córner y les tocó remar contracorriente. Aún así, Govou y Ribery dispusieron de un par de ocasiones que desbarató Van der Sar antes del descanso y Henry y Malouda tuvieron otras tantas en el inicio de la segunda mitad con el mismo resultado. 

Pero con la entrada de Robben y Van Persie en el terreno de juego, todo el entramado defensivo francés saltó por los aires. Van Persie hizo el cero a dos en el minuto cincuenta y nueve y Francia parecía reengancharse al encuentro doce minutos más tarde con un gol de Henry, pero los tulipanes castigaron a los galos con un tanto de Robben nada más sacar de centro y aún tendría tiempo Van Nilstelrooy de redondear una goleada un tanto excesiva que mandaba a los de Domenech a jugarse los cuartos ante Italia, como dos años antes en el Mundial de Alemania.

El seleccionador francés se la jugó ante los italianos con la novedad de Abidal de central, pero todo lo que tenía que salir mal, salió peor. A los diez minutos un encontronazo de Ribery con Zambrotta acabó con el francés lesionado. Y un cuarto de hora más tarde, Abidal, el central improvisado por Domenech, trabó por detrás a Luca Toni cuando se disponía a encarar al meta francés. 

Penalti. 
Expulsión. 
Y gol de Pirlo. 

Con sesenta y cinco minutos de juego por delante. 
Y ante Italia, consumada experta en nadar y guardar la ropa. 

Y así discurrió el encuentro. Con algún susto puntual de los franceses ante una Italia que no pasaba apuros y amenazaba con contras peligrosísimas. Al final, una falta lanzada por Pirlo que rebotó en el pie de Henry significó el segundo para los italianos, que seguían adelante y se cruzarían con España en cuartos de final. 

La Francia de Domenech se marchaba a casa herida de muerte. 

Y, esta vez, parecía que el seleccionador también lo estaba.

Un gol de Pirlo sentenció a Francia en la Eurocopa, pero no a Domenech.

Y más después de que, en una entrevista para el canal de televisión en el que trabajaba su novia y que tenía los derechos de emisión de los partidos de Francia en la Eurocopa, ante una pregunta sobre su futuro al frente de la selección, respondió: “Sólo tengo un proyecto, casarme con Estelle. Esta es la noche que se lo pido en serio”. 

Esta excentricidad no sentó demasiado bien a los aficionados franceses y acabó pidiendo disculpas, pero, sorprendentemente, siguió en su cargo después de la eliminación.

Marcel Desailly, integrante de esa selección, comentaba: “Los jugadores están desorientados porque el seleccionador cambia de ideas sin parar. Todo fue mal desde el principio. No jugamos a nuestro nivel”.

Domenech, en cambio, no lo veía así y culpaba del fracaso a los jugadores jóvenes que se habían incorporado al equipo. “Jóvenes de veinte años que cobran más que los veteranos y que les han perdido el respeto a ellos y al fútbol”, decía. Y es que el técnico creía que les había llegado la fama, la gloria y el dinero demasiado pronto y no respetaban los códigos. Además, según su criterio, con su actitud infantil y de divos, destrozaban la convivencia.

Esto escribió sobre Samir Nasri, por ejemplo, en su autobiografía de 2012: “Un jugador que solo piensa en su bocaza y que no aporta nada al colectivo sino lo contrario, no tapa los daños del equipo sino que los aumenta”.

También contó en su libro que uno de los veteranos más reputados, Thuram, se negó a jugar el partido definitivo contra Italia en la Eurocopa porque los jóvenes no respetaban los colores de Francia y lo que significaba vestir esa camiseta y se lo argumentó con estas palabras: “Es que son imbéciles, míster, entiéndame, son imbéciles”.

Samir Nasri fue uno de los señalados públicamente por Domenech.

Con toda esa caldera interior, resulta incomprensible que Domenech siguiera ni un instante más al frente del equipo después de la Eurocopa de 2008, pero lo hizo porque la federación necesitaba mantenerlo en un momento complicado, con elecciones por delante, y con las federaciones territoriales apoyando al entrenador, aunque sólo fuera para no afrontar unos cambios en el status quo del ente federativo que estaban dispuestos a asumir. 

Así que no lo cesaron. 

Y Domenech, encantado, siguió afrontando (y posiblemente generando) momentos convulsos hasta el Mundial de Sudáfrica, donde, finalmente, estalló esa tormenta que ya se venía fraguando desde hacía muchísimo tiempo.

***

En ese camino hacia Sudáfrica 2010, se cayó de la selección Benzema, pese a que había sido de los pocos jugadores salvables en la Eurocopa. Domenech nunca le contó al delantero los motivos de su desaparición inesperada de las convocatorias.

También se fue cayendo de las listas el veterano Patrick Vieira, hasta que lo hizo definitivamente de la más importante, la que le podía permitir jugar su tercer mundial en Sudáfrica. Domenech tampoco consideró oportuno comunicárselo personalmente después de 107 internacionalidades. 

Vieira se enteró de su ausencia en la convocatoria por la tele. 
Y, claro, no se lo creía. 
Dijo: “Esperaba más franqueza por su parte, más contacto. Más clase, más tacto. Algunos entrenadores saben cómo hacerlo, otros no”.

En la fase de clasificación, tras el partido entre Francia y Rumanía, se filtró una conversación entre el seleccionador y algunos integrantes del equipo. 

Al parecer, Domenech criticó la falta de motivación y de implicación de algunos jugadores y Henry tomó la palabra: “Nosotros (y hablo en nombre del grupo) también tenemos algo que decirle. Nos aburrimos en sus entrenamientos. Hace doce años que estoy en el equipo de Francia y nunca pasé por esta situación. No sabemos cómo jugar, dónde colocarnos, cómo organizarnos. No sabemos qué hacer. No tenemos ningún estilo, ninguna directriz, ninguna identidad. Esto no funciona”. 

Thierry Henry a las órdenes de Domenech en un entrenamiento.

Al parecer, la respuesta no le gustó demasiado a Domenech, que prefirió alejarse más del grupo.

Aún así, Henry sería importantísimo para la clasificación de Francia para el Mundial de Sudáfrica. De hecho, en su mano, literalmente, estuvo el billete del pase en la polémica y famosa repesca ante Irlanda. 

Después del cero a uno cosechado por Francia en Dublín (con un gol de rebote), en Saint Denis no parecía que los galos fuesen a tener problemas. Pero un gol de Roy Keane en el treinta y tres de la primera parte mandó la eliminatoria a la prórroga y, a punto de acabar la primera parte del tiempo extra, Henry se llevó el balón con la mano de manera clarísima, casi grosera, para cedérselo a Gallas, que anotó el tanto que clasificaba a Francia para el Mundial.

Todo el mundo vio la mano excepto el árbitro... ¡Y Domenech! Que siempre que le preguntaron dijo que no había querido ver nunca la acción repetida. 

El mismo Henry dijo que había sido mano y que lo más justo sería repetir el partido. La Federación Irlandesa denunció el choque ante la FIFA e incluso la Federación Francesa estuvo de acuerdo en una repetición que la FIFA negó por ser el resultado de un partido inamovible. 

Domenech, en su línea de recato y prudencia, no dijo nada de nada. 
Él no quiso ver la mano repetida nunca.

La mano de Henry que el árbitro no vio... Ni Domenech, tampoco.

Pero su propio silencio le permitió escuchar atentamente a Parreira, el entrenador de Sudáfrica, que se quejó amargamente de la clasificación de Francia y cargó duramente contra la FIFA y contra la deportividad de los franceses. 

Por eso, a la conclusión del choque ante Sudáfrica en el Mundial y después de toda la que se lio alrededor de los Bleus, Domenech no le dio la mano a Parreira. 

Porque recordaba sus palabras y no se las perdonaba.

A ese gesto antideportivo se acogió la Federación Francesa para rescindirle el contrato como seleccionador de forma unilateral y sin indemnización, pero Domenech no se achantó y amenazó con acudir a los tribunales y reclamar más de tres millones de euros si no le pagaban lo que le correspondía de indemnización. 

Al final cobró 575.000 euros por su despido y 400.000 más en concepto de daños y perjuicios. La prima que le correspondía por la disputa del Mundial la donó Domenech al fútbol amateur para pasar definitivamente página.

La Federación Francesa de Fútbol acabó indemnizando a Domenech.

Porque, al final, el tiempo todo lo cura. 

Y Francia acabó levantándose del lodo en el que su propia federación, su propio seleccionador y sus propios futbolistas la habían ido metiendo poco a poco. 

Ocho años después de una de las mayores vergüenzas protagonizadas por una selección en una Copa del Mundo, Francia volvería a levantar el trofeo. Sería en Rusia en 2018.

Raymond Domenech y el motín de Francia en el Mundial de Sudáfrica 2010

Una de los episodios más sonrojantes, esperpénticos, lamentables y vergonzosos de una Copa del Mundo lo protagonizó la selección francesa en Sudáfrica 2010. Los franceses se presentaban a la cita como subcampeones del mundo, después de perder en la tanda de penaltis la final ante Italia en el Mundial de Alemania 2006, en el famoso encuentro que pasaría a la historia por el cabezazo de Zidane a Materazzi a diez minutos del final de la prórroga.

Y quizá fuera allí, en el mismo estadio Olímpico de Berlín (e incluso antes), donde empezara a gestarse el increíble episodio que desencadenaría en el motín de los jugadores a su seleccionador, Raymond Domenech, en tierras africanas. 

Porque el desencuentro de los jugadores franceses con un seleccionador atípico, polémico, peculiar y, hasta cierto punto, estrambótico, venía de muy lejos.

Raymond Domenech en un entrenamiento en Sudáfrica 2010.

El caso es que la selección francesa se presentó al Mundial de Sudáfrica de 2010 en un clima muy enrarecido, con el seleccionador más que cuestionado por la afición, por la prensa y por los propios jugadores, por los futbolistas que se habían quedado fuera de la lista y también por los que fueron al Mundial. Porque la fase de clasificación ya había sido ardua, dura y llena de polémicas. Pero fue finalmente en el torneo donde se desencadenó el tsunami.

Francia empató sin goles en su debut ante Uruguay en un partido insulso y ya, a las primeras de cambio, se vio obligada a afrontar el segundo encuentro ante México con la obligación de ganar (o, al menos, empatar) para seguir contando con opciones de seguir adelante en el torneo.

Las críticas le llovieron al seleccionador de todos lados, empezando por los que habían sido sus pupilos en un pasado cercano. 

Baste el ejemplo de Zidane, un tipo bastante mesurado, que no dudó en culpar a Domenech del empate sin goles y de la imagen de Francia en el debut: “No es un entrenador, simplemente seleccionó a los futbolistas. En algún momento el equipo debe jugar junto. Ante Uruguay no hubo juego de equipo, sólo acciones individuales”.

Pero el siguiente partido, la final ante México, sí que fue un auténtico desastre para los galos. Giovani dos Santos llevó de cabeza a toda la defensa francesa desde el pitido inicial y sólo el palo y las manos de Lloris evitaron los tantos mexicanos en un primer tiempo desastroso. 

Anelka en acción en el encuentro ante México en Sudáfrica 2010.

Ya en la caseta, y tras cinco minutos en los que los jugadores hablan entre ellos mientras el seleccionador aguarda en silencio, Domenech se dirige directamente a Anelka recriminándole su actuación e instándole a que se quedara en punta y no bajara nunca a recibir. 

Al parecer, el delantero le responde que está haciendo precisamente eso, pero que no le llega ni una pelota y que piensa seguir bajando a recibir para tocar algún balón. El entrenador le dice que lo duda, porque lo va a cambiar. 

La discusión sube de tono y Anelka le insulta gravemente. El caso es que Domenech cambia al jugador. El partido continúa y Francia pierde por dos a cero con tantos de Javier Hernández y Cuathemoc Blanco de penalti. 

La selección del Gallo está a un solo paso de hacer las maletas. 

Anelka contempla la derrota con una sonrisa en la boca.

Al día siguiente, el 19 de junio de 2010, la concentración se despierta sobresaltada con el diario L’Equipe en las manos. El medio francés había publicado en primera página en grandes titulares el supuesto insulto que Anelka había proferido contra el seleccionador en el vestuario. “Vete a tomar por c... Sucio hijo de p…” era el título. 

Portada del diario L'Équipe del 19 de junio de 2010.

El delantero no negó en ningún momento que insultara a Domenech, pero sí negó tajantemente que esas fueran sus palabras. 

El seleccionador dijo años más tarde que Anelka le espetó: “Maricón, arréglatelas solo con tu equipo de mierda, yo me largo”. Y se explayaba contando que no lo cambió por el insulto, sino por tutearle y hablarle sin el debido respeto. 

Impresionante.

Con el titular de L’Equipe en boca de todo el mundo futbolístico, la Federación Francesa de Fútbol decide automáticamente expulsar a Anelka de la concentración del equipo ante el silencio cómplice del seleccionador. 

Entonces, los jugadores se rebelan, se plantan y aseguran que no van a entrenarse. En el grupo hay alguna disensión y se dice que al defensa Evra y al preparador físico los tuvieron que separar para que no llegaran a las manos.

Al final, los jugadores le entregan una nota al seleccionador en la que han escrito su postura y le “obligan” a leerla ante la prensa. En la nota que lee Domenech, totalmente solo en el campo de entrenamiento, los jugadores franceses dicen que todos, sin excepción, muestran su oposición a la decisión de la Federación de excluir a Anelka de la concentración y que no piensan entrenarse hasta que se reincorpore. 

Se suben a un autobús y se marchan al hotel. 

Domenech lee, solo ante la prensa, la nota de los jugadores.

Es domingo, 20 de junio de 2010 y los franceses tienen que jugar en apenas dos días un último partido ante Sudáfrica donde deben ganar con solvencia (y esperar el resultado del partido entre Uruguay y México) si quieren tener alguna ínfima posibilidad de pasar de ronda.

Finalmente, llega el día 22, y Francia y Sudáfrica juegan en Bloemfontaine el último partido de la primera fase con las ausencias de Anelka y de Evra. Los sudafricanos ganan dos a uno y envían a los franceses definitivamente a casa. 

En el otro partido del grupo, Uruguay también le gana a México uno a cero. 

Las dos selecciones americanas están en octavos de final.

A la conclusión del choque, Óscar Alberto Parreira, entrenador de los Bafana-Bafana, se acerca a Domenech a darle la mano. El técnico francés, en un primer momento, parece aceptar el saludo casi por defecto, pero en cuanto se da cuenta de quién es, le retira la mano haciendo grandes aspavientos y lo abronca en actitud chulesca y enfadada. 

La imagen da la vuelta al mundo.

Domenech le niega el saludo a Parreira, el seleccionador de Sudáfrica.

Al regresar a Francia, el seleccionador Domenech y el presidente de la Federación Jean-Pierre Escalettes hubieron de comparecer ante la Asamblea Nacional de Francia para dar explicaciones de lo sucedido en Sudáfrica y de la mancha que supuso para la imagen de todo un país. 

Ambos fueron destituidos de sus puestos, mientras que Anelka fue sancionado por su propia federación con dieciocho partidos sin vestir la camiseta del Gallo. Nunca volvería a vestirla. Patrick Evra recibió un castigo de cinco partidos y Ribery de tres.

Domenech, además, hizo a posteriori su propio y particular análisis de unos hechos gravísimos: “Me equivoqué. Supongo que no supe elegir a los buenos jugadores ni encontré las palabras que hacían falta. No acepto la crítica de los políticos, ni las de ex jugadores convertidos en periodistas, pero eso no me impide hacer mi propio análisis”.

Y en ese análisis se responsabiliza a él mismo de elegir a jugadores como Ribery y Henry, a la vez que, sigilosamente, los acusa también de la catástrofe. 

“Ribery pudría el grupo con sus comportamientos de diva quisquillosa. Cuando puse a Gourcuff en el eje del ataque vi en sus ojos el odio, el desprecio y los celos”. 

“Y Henry jugó un partido entero en todo el año. No debería haber venido. Siempre estaba con el rostro serio. No se divertía”.

En su autobiografía, el técnico dice que escribía un diario durante el Mundial y esto es lo que anotó en él tras el empate ante Uruguay: “Estoy hasta las narices de esta inercia colectiva. Tengo sólo un capricho: enviarlos a cagar y que se busquen la vida”. 

Esta otra frase, que va en la misma línea, dice haberla escrito horas antes del fatídico choque ante México: “No tengo más energía. No aguanto más. Sus caprichos me hinchan”.

Raymond Domenech también cargó contra Tierry Henry tras el fiasco.

Sobre el famoso comunicado escrito por los jugadores, dice el seleccionador que fue la Federación Francesa de Fútbol la que le obligó a leerlo ante los medios y que cuando lo leyó en privado, antes de hacerlo públicamente, se dio cuenta de que esas frases no podían haberlas escrito esos jugadores que él dirigía porque había palabras que ellos ni siquiera entendían. 

Escribe Domenech que la Federación lo usó de chivo expiatorio.

¿Pero cómo puedo llegar una selección como la francesa, campeona del mundo en 1998 y subcampeona en 2006 a semejante despropósito y humillación colectiva en medio del evento más importante del fútbol de selecciones? 

Probablemente, la respuesta tenemos que buscarla mucho más atrás, justo en el momento en el que el éxito estuvo más cerca, en el camino hacia la final de la Copa del Mundo de Alemania en 2006. 

En el siguiente post intentamos dar todas las claves.

miércoles, 13 de abril de 2022

Camerún y Roger Milla dan la campanada en Italia 90

"No los subestimamos. Simplemente 
eran mejores de lo que pensábamos".
Bobby Robson

El 8 de junio de 1990, a las seis de la tarde, 77.000 personas se congregan en el Giusseppe Meazza de Milán para presenciar en directo el partido inaugural del Mundial de Italia 90. Apenas una hora antes, los jugadores de la selección de Camerún se dirigen a un pabellón anexo para hacer ejercicios de calentamiento antes de completarlos en el césped del estadio. 

Al llegar allí se encuentran a los argentinos cantando con fuerza. Los cameruneses se miran entre ellos y rompen a cantar más fuerte una canción tradicional del país. Los argentinos se miran, se callan y empiezan, poco a poco, a desfilar hacia su vestuario. 

Los Leones Indomables han ganado la primera batalla y se quedan solos calentando en el pabellón. En un ratito debutarán en el Mundial ante los campeones del mundo capitaneados por Diego Armando Maradona.

Maradona y Tataw intercambian los banderines antes del partido.

***

Ocho años antes, cuatro integrantes de esa selección de Camerún en Italia 90 debutaban en el Mundial 82: Emmanuel Kundé, Thomas N'Kono, Roger Milla y Joseph Antoine Bell (que no jugaría ningún partido) formaban parte del equipo que, por primera vez en su historia, se había clasificado para una fase final de la Copa del Mundo. 

Los cameruneses tuvieron que disputar cuatro rondas eliminatorias para poder estar en España y eliminaron sucesivamente a Malaui, Zimbabue, Zaire y a la potentísima Marruecos. La otra selección africana clasificada sería Argelia.

No habían pintado nada bien hasta entonces las participaciones de las selecciones africanas en las fases finales de los Mundiales:

Egipto cayó en el Mundial de Italia de 1934 en el único partido de la primera ronda ante Hungría por cuatro a dos. 
Marruecos sólo pudo empatar a un tanto el último encuentro de su grupo ante Bulgaria en México 70
Zaire recibió la friolera de catorce goles en tres partidos en Alemania 74
Sólo Túnez fue capaz de ganar el primer partido de una selección africana en un Mundial en Argentina 78 ante Polonia, aunque no le sirvió para pasar a la segunda fase.

En España 82, tampoco Camerún y Argelia parecía que fueran a hacer un gran papel en el torneo después del sorteo de grupos. 

Camerún cayó en un grupo complicadísimo junto a Italia, Polonia y Perú, mientras que a Argelia le tocó en suerte un grupo junto a Alemania, Austria y Chile. Pero la pelota es caprichosa y Argelia estuvo a punto de hacer historia, pero “la vergüenza de Gijón”, un bochornoso apaño entre Alemania y Austria, se lo impidió.

Camerún, por su parte, debutó en el Mundial en el estadio de Riazor contra Perú, ante la que empataría sin goles. 

Perú fue incapaz de hacerle un solo gol a una combativa Camerún.

El segundo partido ante Polonia se antojaba decisivo, después de que los polacos hubieran empatado también sin goles ante Italia en el debut. Los Leones Indomables hicieron un partido muy serio y consiguieron arrancar otro empate a cero ante los Boniek, Lato, Smolarek y compañía. 

Los italianos, a la suya, también empataron ante Perú, pero a uno. 
Este gol italiano, a la postre, sería crucial.

La última jornada lo decidiría todo en un grupo en el que todas las selecciones la afrontaban empatados a dos puntos. 

El 22 de junio de 1982, Polonia vapuleó a Perú en Riazor por 5 a 1 y despejaba un poco las cosas. Los polacos serían primeros salvo hecatombe y la segunda plaza saldría del choque entre los italianos y los debutantes cameruneses. 

En Balaídos, el 23 de junio, los cameruneses acudieron a su cita con la historia cantando en el autobús mientras los italianos afrontaban el encuentro con gesto preocupado, casi cariacontecidos. Un traspié los dejaría fuera del mundial ante la que se suponía cenicienta del grupo.

N'Kono y Dino Zoff, porteros y capitanes de Camerún e Italia.

Los italianos vistieron totalmente de blanco, mientras los Leones Indomables saltaron al césped de Balaídos con su indumentaria habitual: camiseta verde, pantalón rojo y medias amarillas. N’Kono, portero que acababa de fichar por el RCE Espanyol de Barcelona, defendía la meta camerunesa y en punta de ataque estaba Roger Milla, el delantero que se haría famoso en Italia ocho años más tarde. 

El italiano Graziani tuvo un remate franco de cabeza que lanzó por encima del travesaño, mientras que Conti, minutos más tarde, se quedó solo ante N’Kono con los cameruneses reclamando fuera de juego. Tuvo tiempo el italiano de tomarse un café antes de decidir por dónde iba a colocar la pelota ante un meta vencido y la tiró fuera incomprensiblemente. 

A Italia el partido se le estaba poniendo cuesta arriba... pero a base de centros laterales y saques de esquina empezaba a asediar la meta africana, aunque sin puntería, ni acierto, ni suerte.

Camerún se defendió con uñas y dientes ante Italia en Balaidos.

Ya en la segunda parte, al cuarto de hora de juego, Rossi cayó a la banda izquierda del ataque y metió un centro al segundo palo que encontró la cabeza de Graziani. Esta vez sí. El atacante azurro cabeceó en parábola por encima de N’Kono, que había salido a buscar el centro y caminaba hacia atrás intentando sacar el remate, pero resbaló y el balón se fue al fondo de las mallas. Los italianos respiraban por fin. 

Pero Camerún, que no había inquietado para nada a Italia hasta el momento, sacó de centro y empezó a mover la pelota durante un minuto sin que ningún transalpino la tocara para acabar centrando al área italiana y encontrarse con un fallo en cadena de los azurri. La defensa italiana permitió un primer remate de cabeza en semifallo de Ibrahim Aoudou y el posterior remache a la red, sin oposición, de su compañero M’Bida. 

Camerún acababa de marcar su primer gol en un Mundial y estaba en disposición de eliminar a los italianos en su debut. La alegría de los Leones Indomables era increíble y levantaban todos al cielo la pelota con la que habían hecho el gol mientras los espectadores no acababan de creerse lo que estaban viendo.

Quedaba media hora por delante para la gesta, pero el marcador ya no se movería y cameruneses e italianos acabaron la primera fase con tres puntos producto de tres empates. Pasó Italia por haber marcado un gol más (2) que los cameruneses (1) en esta primera fase. 

Rossi se marcha con la camiseta de Camerún sobre los hombros.

Los africanos se marchaban de su primer mundial sin haber perdido un solo partido (ni ganado), mientras que los italianos seguían adelante sin haber ganado un solo partido (ni perdido) y, ver para creer, acabarían alzando la Copa del Mundo en el estadio Santiago Bernabéu.

***

A los cameruneses esa experiencia del Mundial de España les vino muy bien. No se lograron clasificar para el Mundial de México 86 al caer ante Zambia y a tierras aztecas fueron Marruecos y nuevamente Argelia. Pero para el Mundial de Italia en 1990 la fase de clasificación de Camerún fue impecable. 

Primero lideraron su grupo ante Nigeria, Angola y Gabón y después remataron su clasificación venciendo a Túnez a doble partido: 2 a 0 en Yaundé y 0 a 1 en Túnez. La otra selección africana clasificada sería Egipto, que superó a Argelia con un solitario gol en el Cairo para certificar su viaje a tierras italianas.

La selección de Camerún disputó en el mes de marzo de ese mismo año 90 la Copa de África en Argelia y quedó encuadrada en un grupo con Zambia, Senegal y Kenia. Los Leones Indomables hicieron un torneo lamentable y cayeron en la primera fase tras perder con Zambia y Senegal y ganar en la última jornada a Kenia. 

Curiosamente, los egipcios también jugaron un pésimo torneo y cayeron eliminados quedando últimos en el otro grupo que compartían junto a Argelia, Nigeria y Costa de Marfil. Los argelinos levantaron el torneo, mientras que las dos selecciones africanas mundialistas hicieron el ridículo.

Argelia levantó su primera Copa de África en 1990.

Pero, gracias a eso, en esa Copa de África también empezó Camerún a dar la sorpresa en el Mundial, porque los ojeadores de Argentina, Rumanía y la Unión Soviética que se presentaron en tierras argelinas para espiar a su rival camerunés se fueron convencidos de que iba a ser la perita en dulce del grupo.

El caso es que los Leones Indomables estaban entrenados por Valery Nepómnyashchy, un entrenador ruso que no acababa de entenderse bien con los jugadores (a los que prácticamente no conocía) y que dejaba bastante margen a la autogestión del vestuario (o los jugadores se la tomaban, que tanto da). 

Tanto es así que dejó que los políticos, los profesionales de la Federación e incluso los empresarios más pudientes del país le metieran en la lista de convocados al delantero Roger Milla, uno de los héroes del 82, quien, a sus 38 primaveras, había decidido retirarse de la selección camerunesa. 

El delantero estaba jugando desde finales de 1989 en el JS Saint-Pierroise, un equipo de la Isla de Reunión, y por su mente sólo pasaba la idea de sentarse ante el televisor con el mando en la mano y una cerveza en la otra para ver las evoluciones de su equipo en Italia. Pero entonces el delantero empezó a recibir llamadas de todo el gobierno camerunés en pleno: desde el presidente Paul Biya hasta el resto de sus ministros. Al final, parece ser que fue el empresario James Onobiono quien le convenció definitivamente. 

Y Valery Nepómnyashchy le incluyó en la lista de convocados formando un compacto grupo de veteranos del 82 junto a los porteros N’Kono (35 años) y Joseph Antoine Bell (35 años) y el defensa Emmanuel Kundé (33 años). El resto eran jóvenes con ganas de asombrar al mundo y de aprender de las estrellas camerunesas.

Valery Nepómnyashchy fue el seleccionador de Camerún en Italia 90.

Camerún no jugaba bien y parecía un polvorín a punto de estallar, pero entonces hicieron una especie de minipretemporada fugaz en Yugoslavia y ahí empezaron a encajar todas las piezas. 

Los jugadores convencieron al técnico para dejar de lado un 4-4-2 en el que no creían y el equipo pasó a jugar con un 4-4-1-1 para defenderse mejor y dejar a la inspiración y velocidad de los jóvenes como Omam Biyik o Makanaky la posibilidad de asustar a los rivales a la contra. Para las segundas partes, el talento del veterano Roger Milla. En la portería, Joseph Antoine Bell, el portero del Burdeos de 35 años, acabado de nombrar el segundo mejor jugador de la Liga Francesa.

Pero justo antes del debut en el Mundial salieron a la luz unas declaraciones del guardameta Bell en France Football en las que criticaba toda la organización de la selección (al parecer había algunos problemas económicos y el meta exigía ciertos cobros atrasados) y también aseguraba que Camerún no tenía ninguna posibilidad de hacer nada en el Mundial, que se irían a casa en la primera ronda, sin ganar ni un partido y humillados por los argentinos. 

Fue entonces cuando el seleccionador ruso lo dejó fuera del once y le comunicó a N’Kono que sería titular ante Argentina. Faltaban apenas 5 horas para el partido inaugural y el bueno de Thomas se acababa de enterar de que sería titular. No pudo ni avisar a su mujer, que no fue a ver el partido pensando que su marido no jugaría.

***

Y llegó el gran momento. El partido inaugural del Mundial de Italia con 77.000 personas en el Meazza. En el túnel de vestuarios salen los dos equipos juntos por el túnel. El argentino Troglio, que no va a jugar, mira a los cameruneses en el pasillo y no puede evitar decirles a los compañeros que tengan cuidado, que esos tipos son muy grandes y muy fuertes. 

Desde los himnos se notaba algo raro en el ambiente. Los jugadores de Camerún se reunieron en el centro del campo para “autogestionarse”. Vamos, para decidir que lo que había dicho el entrenador estaba muy bien, pero que ellos jugarían como quisieran.

Maradona lo cuenta así: “Desde que empezó el partido se puso a mi lado un negro muy grandote. Se llamaba Massing. Se me presentó, me saludó… y después ¡me cagó a patadas!”. Y es que los cameruneses se metieron muy pronto en el partido. Concentrados, asfixiantes, presionando al rival y marcando al hombre con dureza. 

Pero fue una dureza noble que, además, el árbitro no dudó en castigar, como toca, por otra parte, porque a los nueve minutos Massing ya vio la tarjeta amarilla. 

Los cameruneses jugaron duro ante la campeona del mundo.

Era naranja, naranja... 

En una jugada típica de Maradona, que empezó a levantar la pelota dispuesto a controlarla para empezar a hacer un eslálom, apareció Massing como un tren de mercancías para ponerle el pie casi en el hombro y tirarlo al suelo de un golpe.

Fue un aviso de lo que le esperaba a Maradona y, por extensión, a todos los argentinos: un marcaje férreo, duro, expeditivo y correoso. Ndip vería también la amarilla a los 23 minutos. Aún así, los argentinos, que intentaban mandar en el partido, no lograban crear ocasiones claras. Sólo Balbo inquietó a N’Kono en la primera mitad. 

Pero, poco a poco, los Leones Indomables iban soltándose en ataque con algunos contragolpes peligrosísimos conducidos por un veloz Makanaky y su compañero Omam Biyik. Y los de Bilardo, que no tenían laterales específicos porque jugaban con tres centrales, las pasaron canutas por momentos.

Al cuarto de hora de la segunda parte, el árbitro expulsó al camerunés Kana-Biyik con una roja directa cuestionable, porque la entrada fue dura, pero las había habido bastante peores en el partido. 

Esa acción que dejaba con diez a los Leones, a la vez, los enrabietó. Siete minutos más tarde, Camerún sacó una falta desde el costado izquierdo de su ataque, Makanaky metió el pie y envió, casi sin querer, un globo al corazón del área. Omam Biyik saltó más que nadie para cabecear picado hacia la portería de Pumpido. 

Omam Biyik se elevó por encima de todos para rematar a gol.

El guardameta argentino se arrodilló para coger la pelota, pero se le escapó el cuero entre las manos y los Leones Indomables se adelantaron en el marcador.

Ver para creer. 

Momento en que Omam Biyik impacta con la pelota.

El público italiano rugía enfervorizado mientras los cameruneses aguantaban las escasas embestidas argentinas con un jugador menos.

Sólo Caniggia, que acababa de entrar al campo, generaba inquietud en los esforzados cameruneses, pero respondieron, de nuevo, con dureza en defensa y con velocidad arriba, sobre todo después de que el veterano Roger Milla entrara al terreno de juego para aguantar mejor el balón en campo argentino. 

Ni siquiera la expulsión a falta de dos minutos de Massing hizo creer a la albiceleste en el triunfo. Una expulsión, por cierto, totalmente clara, ya que el defensa remató a Caniggia después de que el atacante hubiera esquivado dos recados seguidos de dos rivales distintos. 

Minutos después, el árbitro Michel Vautrot señaló el final del encuentro para certificar una de las mayores sorpresas en la historia de la Copa del Mundo. El campeón acababa de caer en el partido inaugural ante un conjunto prácticamente desconocido y se le ponía el grupo cuesta arriba. Camerún, en cambio, afrontaba su segundo partido con la esperanza de la clasificación intacta.

La alegría de Omam Biyik tras marcar el gol que tumbaría a Argentina.

La mejor frase sobre el partido la dijo Maradona a la prensa después del choque: “El único placer de esta tarde fue descubrir que, gracias a mí, los italianos de Milán dejaron de ser racistas: hoy, por primera vez, apoyaron a los africanos”. También reconoció que, aunque los cameruneses habían sido duros, no había duda de que había ganado el mejor.

Un día después, la Unión Soviética cayó ante Rumanía por cero a dos con dos tantos de Lacatus para acabar de dejar el grupo patas arriba. Ahora quedaban muchas incógnitas por resolver: ¿sería capaz Argentina de superar la derrota inicial y clasificarse para octavos? ¿Tendría continuidad la gesta camerunesa? ¿Cómo afrontarían el siguiente partido los dos favoritos, Argentina y la Unión Soviética, que se medían entre sí?

***

El 13 de junio de 1990, argentinos y soviéticos se vieron las caras en Nápoles en un partido agrio y áspero en el que los dos se jugaban su futuro en el torneo. 

Y pasaron muchas cosas importantes. 

Primero la lesión de Pumpido a los once minutos, que entonces parecía una tragedia y después, con la memorable actuación de Sergio Goycoechea durante el campeonato resultaría providencial. 

Poco más tarde anotó Troglio, aún en la primera mitad, para adelantar a la albiceleste.

Nada más empezar el segundo tiempo fue expulsado Bessonov con roja directa y Burruchaga sentenció con el segundo tarde veinte minutos más tarde para eliminar a los soviéticos y esperar a ver qué pasaba entre cameruneses y rumanos.

Y lo que pasó al día siguiente fue que Camerún volvió a hacer la machada y noqueó a los rumanos para liderar el grupo y ser la primera selección en clasificarse matemáticamente para los octavos de final del torneo. 

Los rumanos contaban en sus filas con gente experimentada como Popescu y Lacatus y con jóvenes con un talento descomunal como Hagi, Raducioiu, Dumitrescu o Balint, pero los cameruneses, pese a las dos bajas del partido inaugural, plantearon el mismo partido duro y rocoso que ante los argentinos, dejando el dominio a los rumanos y sobreviviendo por su defensa y por las paradas de Thomas N’Kono. 

Y en el minuto 59 volvieron a calcar la fórmula con la entrada al campo del delantero Roger Milla, que sería absolutamente decisivo a sus 38 años.

A falta de un cuarto de hora para el final del partido, un melonazo defensivo de Camerún pilló a la defensa rumana descolocada. El defensa Andone dejó botar la pelota antes de despejar y ahí se presentó el León Indomable para pelear la pelota en el salto, desestabilizando al defensa, que cayó al suelo en redondo. El balón le quedó franco a Milla dentro del área y fusiló a Silviu Lung con la izquierda para adelantarse en el marcador. 

Roger Milla corrió como un poseso hacia el banderín de córner, se puso una mano en la cadera y la otra girando a la altura de la cabeza y... ¡A bailar! 

El veterano Roger Milla se hinchó a bailar en Italia 90.

Esa celebración se convertiría en mítica durante el Mundial. De hecho, apenas diez minutos después la volvería a repetir.

Esta vez, Milla cogió una pelota en la frontal e intentó hacer una pared con un compañero que le devolvió un globo con la cabeza hacia el vértice derecho del área. El delantero lo bajó con la izquierda, recortó a su par saliendo hacia la derecha y cruzó un derechazo alto y potente al palo de Lung para bailar de nuevo. 

Balint recortaría distancias en el último minuto, pero el marcador ya no se movería. Dos a uno para Camerún, que sumaba cuatro puntos en las dos primeras jornadas por dos de Rumanía y Argentina y ninguno de la Unión Soviética. 

Los Leones Indomables llegaron a la última jornada ya clasificados.

De hecho, el entrenador aprovechó el último partido ante la URSS para dar descanso a la mayoría de sus titulares y Camerún cayó por cuatro a cero. Pero el empate a uno entre Rumanía y Argentina les daba el liderato del grupo y les llevaba a jugarse los octavos de final con la Colombia entrenada por Pacho Maturana y comendada por el meta Higuita y los elegantes Valderrama y Rincón. 

Camerún se tomó el partido ante la URSS como un descanso. 

Los rumanos, segundos, se verían las caras con la sorprendente Irlanda, mientras que Argentina, tercera, se marcharía a Turín para enfrentarse a Brasil y escribir, de paso, una de las páginas más memorables de la historia de los Mundiales.

***

Camerún y Colombia disputaron en Nápoles un partido histórico. Para cualquiera de los dos, si ganaban, sería la primera vez que disputaran los cuartos de final de un Mundial, pero si el que pasaba era Camerún, también tendría el honor de ser el primer país africano en hacerlo. 

Los colombianos eran uno de los equipos más atractivos de un torneo marcado por las férreas defensas y los Valderrama, Rincón, Estrada y compañía eran una bocanada de aire fresco. 

Los dos equipos siguieron el guion escrito de antemano, con los colombianos dominando y los cameruneses defendiendo y contraatacando en cuanto podían. Pero el dominio colombiano no se traducía en ocasiones claras y los africanos fueron creciendo poco a poco en el partido. Tan sólo Rincón, en un lanzamiento de falta magistral que hizo temblar la portería entera al estrellarse en la misma cruceta, puso en aprietos a los cameruneses. 

El partido entre Camerún y Colombia fue tenso para ambos.

Como en los choques anteriores, el seleccionador volvió a meter a Milla en el campo a los diez minutos de la segunda parte y, también como en los partidos anteriores, la estrella camerunesa volvería a poner el partido patas arriba, aunque esta vez sería en la prórroga, a la que se había llegado tras acabar sin goles los noventa minutos. 

Ya avisó el veterano delantero en la segunda parte con una diagonal a la espalda de los colombianos que culminó con un remate cruzado que detuvo con apuros Higuita. 

Pero en la prórroga no perdonó.

Nada más comenzar la segunda parte del tiempo extra, Milla recibió un balón en tres cuartos de campo, se giró, tiró la pared con su compañero Omam Biyik y encaró por el vértice del área izquierda del ataque, dribló al defensa que le salió al paso con un regate vertiginoso y encaró a Higuita para batirle con un preciso disparo de zurda. 

Uno a cero y a bailar.

Y dos minutos más tarde sentenció el pase a cuartos de los Leones Indomables con un gol de pillo que pasará a la historia de la Copa del Mundo. 

Higuita salió de libre, controlando el esférico prácticamente en el centro del campo, se la dio a su compañero Perea, que estaba a un par de metros de él. Perea le devolvió un melón que Higuita no pudo controlar con precisión y de la nada apareció un señor de 38 años como una exhalación que le robó la pelota, salió como una flecha hacia la portería desguarnecida y, cuando estuvo seguro de no fallar, empujó con suavidad al fondo de las mallas mientras Higuita corría tras él desesperado y Perea intentaba llegar bajo palos para tapar el disparo casi sin fe. 

Higuita corre desesperado con la intención de evitar lo inevitable.

Milla no se lo podía creer. 
Y el mundo tampoco. 
¡A bailar otra vez!

Redín recortó distancias en el último minuto, pero Colombia no tuvo tiempo ni siquiera de intentar la última jugada para forzar el empate. Por primera vez en su historia, en su segunda participación en un Mundial, Camerún estaría en cuartos de final. 

Sería el primer país africano en hacerlo. 

Allí les esperaba una Inglaterra que iba de menos a más en el torneo y que había dejado en el camino a Bélgica con un cabezazo de David Platt a un minuto de que se acabara la prórroga y empezaran los penaltis. 

Nápoles se preparaba para un enfrentamiento memorable.

***

1 de julio de 1990. Estadio Sao Paolo, Nápoles. 9 de la noche. Cameruneses e ingleses esperan a que colegiado, el mexicano Edgardo Codessal, haga sonar su silbato para que el balón empiece a rodar. Ya han escuchado concentrados los himnos y la tensión se masca en el ambiente. 

Los ingleses no se acaban de creer que estén enfrentándose a Camerún en los cuartos de final de la Copa del Mundo. Los cameruneses sólo miran hacia adelante, porque son conscientes de que han hecho historia, pero no quieren que la historia se acabe aquí.

El partido empieza trabado, pero Camerún, sin dejar de defender, no parece la selección que se queda metida muy atrás de los otros partidos. Ahora parece que defiende más lejos de N’Kono y que cada vez que roba hace mucho daño. De hecho, los jugadores ingleses y  sus aficionados tiemblan cada vez que Makanaki y Omam Biyik reciben en tres cuartos de campo. 

Camerún se plantó en Sao Paolo dispuesta a dar la sorpresa.

Una transición rápida con un balón metido al corazón del área que Makanaki deja pasar saltando para que la pelota llegue a su espalda donde aparece Omam Biyik libre de marca congela el ánimo de todos los ingleses presentes en el estadio. Biyik remata solo ante Shilton, pero el veterano guardameta logra detener el remate casi a bocajarro del camerunés. Aunque el balón sale rebotado y un defensa le pega desde su casa y casi sorprende a Shilton. 

Los aficionados ingleses respiran hondo. 
Definitivamente, este partido no parece el que los ingleses esperaban.

De nuevo Camerún mete un balón al área y el rechace lo recoge Mfede para golpear con potencia, pero sin precisión, a portería. Shilton se pone las manos en las caderas y tiene cara de sufrimiento. No se acaba de creer lo que ve sobre el césped.

Pero en esas estamos cuando Stuart Pearce llega por banda izquierda y mete un centro preciso, duro, con efecto, al segundo palo del área camerunesa. Allí aparece como una exhalación el héroe inglés de los octavos, David Platt, para rematar de cabeza, picado al suelo, y meter el balón en el fondo de las mallas. 

Era la primera llegada inglesa y el primer gol. 

La cabeza de David Platt volvió a darle rédito a Inglaterra.

Parecía que los cameruneses habían pagado demasiado caro su atrevimiento y su osadía, apostando por el vértigo en vez de por el repliegue en el partido menos oportuno. Llevamos tan solo 25 minutos de partido y, por primera vez en el torneo, Camerún empieza perdiendo (al margen del partido intrascendente ante la URSS, pero ese no cuenta).

En la segunda parte, los Leones Indomables redoblaron su apuesta ofensiva y, tras una ocasión en la que los ingleses reclamaron un penalti sobre Lineker, trenzaron una jugada de ataque desde el centro del campo. 

Milla ya había ingresado en el terreno de juego y colaboró en la jugada viniendo a recibir de espaldas y abriendo el juego a la izquierda, con toda Inglaterra defendiendo en su área. Entonces le tiró un desmarque en diagonal a su compañero, que le vio y le lanzó un pase raso. Milla se metió en el área como un puñal y dribló a Gascoigne que, lejos de su zona de influencia, metió el pie y lo derribó. 

A Codessal no le tembló el pulso y señaló la pena máxima. A Kundé le tembló aún menos y lanzó el penalti fuerte y arriba, a la izquierda de un Shilton que adivinó la trayectoria, pero no pudo detener ese misil. 

Dieciseis minutos de la segunda parte de los cuartos de final del Mundial de Italia. 
Uno a uno. 
Los espectadores en Nápoles se frotaban los ojos.

El ritmo de los tambores africanos en las gradas del estadio Sao Paolo contagió a los jugadores cameruneses, que parecían jugar al mismo son ante los desconcertados jugadores de Robson. 

Los cameruneses roban entonces una pelota en el centro del campo en pleno intento de ataque inglés. Omam Biyik conduce como una exhalación, recorta a su par y se la deja a Makanaki, que ve venir a Milla por detrás en el borde del área. El veterano le pega sin pensárselo viniendo en carrera. Arriba.

Inglaterra saca de puerta. En largo (¿cómo si no?). Controla Ekeke y avanza por el centro. Milla viene a ofrecerse desde la posición de delantero centro. Ekeke se la da de espaldas y corre. Milla aguanta la pelota, espera, se gira y mete un pase profundo a la carrera de Ekeke que deja en evidencia a toda la defensa inglesa. El camerunés se planta solo ante Shilton y se la pica en su salida. 

El estadio se viene abajo. 
Veinte minutos de la segunda parte de los cuartos de final del Mundial de Italia. 
Inglaterra 1 - Camerún 2. 
Quien tenga ojos, que mire.

Camerún celebra la victoria momentánea ante Inglaterra.

Y el partido siguió por los mismos derroteros. Con Camerún haciendo daño cada vez que se acercaba al área inglesa, pero también cometiendo errores defensivos que hacían peligrar el resultado. En uno de esos estuvo Platt a punto de marcar tras una pared con Lineker que lo dejó solo ante N’Kono. La cruzó demasiado y el balón se fue fuera.

Replicó Camerún con otra pared en el borde del área entre Omam Biyik y Milla que resolvió Biyik con un taconazo ante Shilton que rechazó el guardameta de milagro.

Fue entonces cuando apareció la chispa, la magia y el oportunismo del gran Gary Lineker. En el rechace de una falta, el balón le cayó a Stuart Pearce en la frontal, le rebotó en el muslo y salió disparado al corazón del área. Allí apareció Lineker para controlar la pelota con la rodilla, colocársela en la izquierda y recibir la tarascada del defensa camerunés.

Penalti. 
Y gol de Lineker.
Faltaban siete minutos para el final del partido. 

Él se lo guisó y él se lo comió. Lineker empata de penalti.

Aún dispondría Camerún de una última oportunidad para ganar antes de tener que ir a la prórroga, con un disparo de Omam Biyik desde la frontal que detuvo Shilton estirándose con seguridad. 

La verdad es que el portero inglés se había ganado bien el sueldo durante toda la noche.

Ya en la prórroga, los Leones Indomables estuvieron a punto de adelantarse de nuevo. Makanaky se internó por la derecha y sacó un centro muy peligroso al corazón del área que un defensa inglés despejó de la mismísima cabeza de Ekeke, que se había lanzado en plancha para el remate. 

El rechace se convirtió en un globo que Omam Biyik acertó a rematar de cabeza en el cielo napolitano y que, por suerte para Inglaterra, le salió centrado y justo a las manos de Shilton, que volvía a resoplar junto con los aficionados ingleses que, a esas alturas de partido, estaban viviendo un auténtico suplicio.

Pero después de tanto susto, con Camerún inclinando el campo hacia la portería inglesa, llegó una contra perfecta dirigida al jugador perfecto para acabarlas. Gascoigne metió un pase raso hacia el centro de la defensa que pilló a los dos centrales cameruneses demasiado abiertos y a un Lineker velocísimo que recogió la pelota con un control orientado y salió disparado con el balón pegado al pie hacia la portería de N’Kono. 

Cuando Massing intentó cerrarle, Lineker ya había encarado al portero camerunés y entre los dos lo derribaron. 

Penalti.

Lineker forzó y marcó el penalti que envió a Camerún a casa.
 
Y Lineker que lo vuelve a lanzar. 

Fuerte, raso, por el centro. 

Y gol.
 
Último minuto del primer tiempo de la prórroga. 

Inglaterra 3 - Camerún 2.

El marcador ya no se movería e Inglaterra, con extremo sufrimiento, se clasificaba para las semifinales del torneo.

El gol de Lineker mete a Inglaterra en las semifinales de Italia 90. 

Allí le esperaba Alemania, que acabaría, una vez más, con el sueño inglés de volver a levantar la Copa del Mundo veincuatro años después.

En la rueda de prensa posterior al encuentro, Bobby Robson, el seleccionador inglés, pronunció una frase memorable al ser cuestionado por lo sufrido de una victoria que todo el mundo creía que iba a ser bastante más plácida ante un rival al que quizá Inglaterra había subestimado. 

"No los subestimamos", dijo. Y siguió: "Simplemente eran mejores de lo que pensábamos". 

Un auténtico crack, Bobby Robson.   

***

Camerún volvió a casa con la cabeza alta y el orgullo intacto. Se quedó a siete minutos de disputar la primera semifinal de su historia y dejó el pabellón africano más alto que nunca. Con la figura de Roger Milla, uno de los héroes del 82, demostrando que con 38 años era capaz de competir con los mejores en el mejor escenario posible.

Pero Camerún hizo mucho más que eso, porque visibilizó el fútbol africano y la necesidad de otorgar más plazas a este continente en las fases finales de los Mundiales. En Italia sólo dos países africanos representaron a todo el continente. En Estados Unidos, en 1994, ya fueron cuatro los representantes africanos. Y en Francia, en 1998, con la ampliación del Mundial a 32 equipos en la fase final, ya serían cinco, como ahora.

La semilla que sembró Camerún en 1990 la hizo germinar Senegal en el Mundial de Corea y Japón en 2002, donde emuló a los Leones Indomables y cayó en la prórroga en los cuartos de final ante Turquía, que acabó tercera. 

Y Ghana, que se quedó a un penalti fallado en el último minuto de superar los cuartos de final ante Uruguay en el Mundial de Sudáfrica en 2010. Cayó en una tanda de penaltis agónica tras errar una pena máxima en el descuento de la prórroga que hubiera cambiado el signo de la historia.

Ghana estuvo a punto de cruzar el Rubicón en el Mundial de Sudáfrica. 

Lo cambió definitivamente Marruecos en el Mundial de Catar en 2022, treinta y dos años después de que Camerún resquebrajara el techo de cristal africano en la Copa del Mundo. Los Leones del Atlas firmaron un torneo soberbio en el que dominaron un grupo temible con Croacia, Bélgica y Canadá, para después eliminar a España y Portugal en dos encuentros memorables y medirse en semifinales contra Francia.

Los galos, defensores del título, noquearon definitivamente a Marruecos, aunque tuvieron que sudar sangre para hacerlo (2-0), y dejaron a los Leones del Atlas sin el sueño de disputar por primera vez la final de un Mundial. 

Pero el cuarto puesto obtenido ahí queda.
El listón africano que puso en alto Camerún en el Mundial de Italia ha subido un peldaño.